En este asunto, el ingenio humano es lo que vale la pena rescatar.
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Introducción
Las pirámides de Egipto siempre han causado admiración y originado preguntas e hipótesis sobre el procedimiento usado en la colocación de las piedras que forman estos monumentos majestuosos. En nuestra época tenemos aparatos que con mucha facilidad nos ayudan a elevar, a grandes alturas, elementos de formas variables muy pesados… pero los hombres de la antigüedad no tuvieron nada parecido y por eso, nos parece increíble que esas personas pudieran levantar piedras tan pesadas como las que observamos hoy en varias partes del planeta (Stonehenge, Guiza, Cabezas Olmecas, Isla de Pascua, etc.). Pero la arqueología nos ha hecho descubrir que el ingenio humano siempre ha sido capaz de superar obstáculos y, en este caso, intentaré demostrar que aquellos artesanos, dirigidos por Imhotep, el mayor arquitecto-ingeniero de esa época, pudieron realizar tal faena.
El método usado en el ensamblaje de los grandes bloques de piedras, en Guiza, ha inspirado a muchos personajes que haciendo volar su imaginación, han propuesto hipótesis que van desde lo extravagante hasta lo lógicamente posible. Algunas se basan en supuestas obras complementarias que podrían ser tan magnificas como la obra misma, y otras, involucrando seres extraterrestres que vinieron a ayudar a nuestros antepasados, con su poderoso e inimaginable desarrollo tecnológico.
Mi hipótesis surge de mis conocimientos estructurales y de mis 40 años de experiencia en el ramo de la construcción. Muchos otros han demostrado cuan fácil es cortar, mover y transportar grandes bloques de piedra sin ayuda de maquinarias modernas. Solo se necesita: madera, cuerdas, herramientas rudimentarias, animales de fuerza y sobre todo el ingenio humano. Por esta razón, no voy a entrar en detalles de cómo cortaban la piedra, ni cómo la tallaban o perforaban, ni de como la transportaban, porque ya muchos investigadores han explicado esos detalles. Me voy a centrar únicamente en el momento que la piedra llega a la obra y cómo la levantaban para colocarla en su lugar.
Dado que no tengo los medios económicos para realizar ensayos a gran escala, me basaré en procedimientos elementales que apoyen mis ideas, enriqueciendo este documento con fotografías o dibujos explicativos.
También indicaré el procedimiento que creo fue utilizado para dejar recámaras, pasajes y conductos pequeños, que el cliente consideró necesarios para el funcionamiento final al que destinarían la pirámide.
Capítulo VI
Algo sobre las pirámides.
En 1883, el artista del pincel Robert Talbot Kelly, dijo:
“La primera visita (a las pirámides) es fatigosa; y se encuentra tanto por hacer, que la emoción sucumbe al agotamiento físico…”
Estas maravillas del mundo antiguo, estuvieron ignoradas por mucho tiempo y su interés revivió cuando Napoleón Bonaparte llegó a Egipto. En aquel momento, el emperador francés dijo: “Desde la cima de estas pirámides, cuarenta siglos te contemplan”. Antes de este suceso, la historia de las pirámides se puede resumir así:
Antes de la construcción de pirámides, los faraones eran enterrados en unos mausoleos que son denominados mastabas y que consistían de una base rectangular, techo plano y muros laterales inclinados que se hacía con adobe o piedra.
Dado que no hay registros antiguos, los datos de tiempo no son precisos, sin embargo, se cree que el desarrollo social de esta cultura comenzó a finales del neolítico, o sea del último período de la Edad de Piedra. Estamos hablando de una época que va del 6,000 al 4,000 antes de la era cristiana.
Se cree que entre el 6,000 y el 3,400 a.C. los reyes eran enterrados en unas estructuras de ladrillo con varias habitaciones, una para el rey y otras para acomodar las pertenencias que le servirían en el otro mundo.

Entre el 3,400 y el 2,630 a.C. se construyó la pirámide de Zoser. Esta construcción marcó un hito en la historia egipcia. Convirtió a su arquitecto en una divinidad, el sumo sacerdote del dios Ra, Imhotep. Esta construcción, como dice Joyce Tyledesley, lamentablemente desvió la atención de arqueólogos y arquitectos, y por ver las maravillas del monumento, se olvidaron de las glorias del rey Zoser, quien trajo a Egipto 90 años de prosperidad. Este rey comenzó su reinado moviendo la capital a Memphis y asegurando el suministro de materiales desde lugares muy lejanos conquistados en África y Asia.
La decisión de construir la pirámide con piedra, posiblemente tuvo que ver con la durabilidad de este elemento, pero también con el deseo del faraón de manifestar su poder.
Esta obra originó una súbita demanda de bienes y servicios. De pronto fue necesario una cantidad de artículos y alimentos que hizo progresar el trabajo en las canteras, minas, granjas, fábricas de cuerdas, alfarería y otras industrias complementarias. Imhotep tuvo mucho trabajo coordinando todo este trabajo y seguramente tuvo ayuda de escribas, contadores, cobradores y maestros de obra. Solo imaginémonos la exactitud que debía haber entre las comunicaciones y órdenes para ensamblar aquellas piedras y, que su colocación se apegaran a los planos existentes. Un error podría costar demasiado.
En las canteras, de las cuales todavía hay vestigios, se nota la facilidad con la cual cortaban la piedra. Los canteros provistos de martillos de granito o cobre, cuñas de madera o de cobre, picos, punzones y cinceles de este metal, debían preparar cada día, piedras talladas según las exigencias de la obra.
El granito que es un material muy duro, debieron cortarlo, como hacen los pica piedras de hoy, con fuego colocado estratégicamente en las zonas que querían dividir. A nosotros, hombres del siglo XXI, no parece una tarea muy difícil, pero seguramente tenían tanta destreza que preparaban los bloques con mucha eficiencia.

La pirámide de Zoser fue la primera obra monumental y está en Saqqara. Faraones posteriores quisieron imitar esta obra, pero no tuvieron éxito. El hijo de Zoser, Sekhemkhet lo intentó, pero no se pudo completar porque murió antes de terminarla y lo mismo ocurrió con otras como la pirámide Khaba…
Después se construyeron unas de menor envergadura, variando su altura entre 10 y 17 metros en lugares que habían sido conquistado por los egipcios.
Entre 2,575 y 2,251 a.C., Egipto era un poderoso imperio que dominaba territorios lejanos y desde donde conseguía materias primas y otros productos.
El faraón Snefrou, creador de la IV dinastía, siguió intentándolo y consiguió construir la pirámide romboidal que todavía podemos admirar hoy en día.

En la época entre el 2,551 y el 2,494 a. C. el hijo de Snefrou, Keops y su biznieto Kefren, alcanzaron un nivel profesional en la construcción con roca, de tal forma que la pirámide de Keops tiene más de 150 metros de altura y más de 2 millones y medio de bloques de piedra caliza.

La segunda pirámide de Snefrou, también llamada “Pirámide Brillante” y más conocida como “Pirámide roja” por el color de la arcilla que la recubre, alcanza los 104 metros de altura. Con esta obra, se alcanza la técnica necesaria para realizar las obras posteriores de Keops, Kefrén y Micérinos.

La gran pirámide de Keops, en Guiza, es la más grande, mide 140 metros de altura y ocupa un área de 13 hectáreas.
Los egipcios alcanzaron niveles admirables en matemáticas, por lo que estas obras no les resultaron difíciles. Además de las operaciones básicas, se sabe que podían solucionar ecuaciones de segundo grado y raíces cuadradas.
Keops, faraón de la dinastía IV (2,509 al 2,483 a.C.) pasó a la historia por ser el constructor de esta gran pirámide. No se sabe mucho de él, pero se sabe que era hijo de Snefrou y de la reina Hetepheres cuya tumba se descubrió intacta en 1927 por el arqueólogo estadounidense George Reisner.
Pero como le sucede a todo gran personaje, los envuelve la leyenda, y muchas veces no se sabe, si lo que leemos, es un hecho real o simplemente un cuento literario. Hasta hace poco se aseguraba que había sido un tirano que levantó su pirámide con el trabajo de esclavos. Sin embargo, esto ha sido desmentido por los descubrimientos arqueológicos que demuestran que los constructores eran obreros pagados. Pero Herodoto, en su libro IX de Historias, creó una historia negra sobre este faraón.
Herodoto escribió:
“A tal extremo de maldad llegó Keops que, por carecer de dinero, puso a su propia hija en el lupanar con orden de ganar cierta suma, no me dijeron exactamente cuánto. Cumplió la hija la orden de su padre, y aún ella por su cuenta quiso dejar un monumento, y pidió a cada uno de los que la visitaban que le regalara una sola piedra; y decían que con esas piedras se había construido la pirámide que está en medio de las tres”.
Este párrafo es negado por los historiadores actuales que lo califican de relato mítico y apócrifo.

Pero hay otra historia, que aparece en un texto antiguo y al que llaman las “Instrucciones de Hardjedef”. Es un documento que está redactado como consejos de un padre al hijo para saber comportarse en la vida y tener éxito. Hardjefed era hijo de Keops y se le reconocía como sabio. El texto dice al comenzar:
“Hay un hombre llamado Djedi que vive en Djed-Snefru. Tiene 110 años y se come 500 trozos de pan y medio ox cada día, acompañados de 100 tarros de cerveza. Él puede volver a unir una cabeza cortada. Él puede caminar al lado de un león sin problemas. Y él conoce el número de recámaras que están escondidas en el santuario de Thoth”.
El faraón quedó intrigado y confuso al saber que había alguien que conocía el misterio de esas recámaras que a él tanto tiempo lo tenían sin sosiego. Así que ordenó que lo fueran a traer.
Cuando el viejo estaba ante el faraón, éste le preguntó si era cierto que podía unir una cabeza cortada. Djedi contestó que sí. El faraón ordenó que trajeran a un prisionero para ver con sus propios ojos ese poder mágico. Djedi dijo que no, ¿acaso no es prohibido para el mismo faraón decapitar a un hombre? El faraón le dio la razón y ordenó decapitar a un ganso. El pobre animal fue decapitado, pero Djedi demostró su poder y el ganso empezó a cacarear. Admirado el faraón, le preguntó por el número de recámaras del santuario de Thoth, pero Djedi astutamente, solo le indicó el camino para encontrar el número.

La pirámide de Kefrén, también conocida como pirámide de Jafra, fue construida como tumba para el faraón Kefrén de la IV dinastía y tiene 136 metros de altura.
Es la pirámide que tiene ángulos más inclinados en sus caras.

Sarcófago del faraón Kefrén.
Se sabe que fue hijo de Keops, aunque no fue su primogénito ni su sucesor directo. Fue un faraón que dejó grandes monumentos, pero casi ninguna documentación sobre su vida.
El primer hijo de Keops, el heredero al trono, falleció antes de tiempo. Con otra de sus esposas tuvo a Didufri, quien lo sucedió directamente y a éste, le siguió Kefrén, que era hijo de otra de sus esposas.
El egiptólogo norteamericano Reisner creo una historia que ahora se considera falsa y es que aseguró que el primogénito Kawab fue asesinado por Didufri para usurpar el trono. Según Reisner, Didufri reinó sólo unos pocos años y por eso Kefrén pudo llegar a ser faraón.
Lo que parece más real, es que Kawab cumplió 30 años mientras su padre era el faraón y alguna enfermedad lo mató. Didufri era el heredero legítimo, al igual que Kefrén, pues sus madres respectivas poseían la misma categoría. Didufri reinó por más de 20 años. La pregunta es ¿por qué no lo sucedió uno de sus hijos? Aquí, Kefrén podría ser el malo de la película.

Estatua del faraón Kefrén.

La pirámide de Micerinos tiene 63 metros de altura. Su recubrimiento original de granito rosa la diferenciaba de sus vecinas y fue modelo para futuras construcciones.
Las creencias en una vida en otro mundo fue el eje central de la religión egipcia, por eso el sepulcro era una de las cosas más importantes para ellos.
Este faraón fue el cuarto de la dinastía IV y fue hijo de Kefrén, por lo tanto, nieto de Keops. Se sabe poco de él, pero su reinado se estima que inició cerca del año 2,514 a. C. y terminó cerca del año 2,486 a. C.

Hay muchas estatuas de él, entre ellas una que muestra a un joven faraón lleno de fortaleza, enérgico, divino y humano al mismo tiempo.
Esta pirámide fue construida con piedras de la meseta de Guiza que fueron colocadas con mucha precisión. En la antigüedad se le denominaba “la Pirámide Divina” y estaba revestida con 16 hiladas de granito rosado.
Se estima que fue construida entre el 2,532 y el 2,515 a.C.
La entrada estuvo oculta durante mucho tiempo y en el siglo XII, el Sultán Osmán I, en busca de tesoros, dañó uno de sus costados.
Fue hasta en el año 1837 cuando los egiptólogos Howard Vise y John Shae Perring consiguieron encontrar la entrada. La decepción fue cuando llegaron a la cámara funeraria, pues solo encontraron, en las paredes, letras árabes, lo que dejó ver que ya había sido saqueada muchos años antes. Lo poco que se encontró fue enviado a Inglaterra, para su conservación y posterior estudio, con tan mala suerte que el barco naufragó bajo una fuerte tormenta, perdiendo su valiosa carga.

Estatua de Micerinos y su esposa Khamerer-Nebti.
Una imagen para observar el tamaño de las piedras utilizadas.
