
Es un ensayo crítico sobre los diferentes textos sagrados de las grandes religiones del mundo, donde explico mi escepticismo a la omnisciencia de un ente todopoderoso que ni siquiera pudo escribir un texto digno de los dioses. El título original era Soy Ateo, pero la editorial argentina que me lo publicó por primera vez, me indicó que el titulo asustaba a muchos y que lo cambiara. Aprovechándome de la admiración que tengo por Dante Aleghieri, cambié el orden de las palabras del título de su libro, y logré uno para el mío, que expresaba claramente mi idea de que ese mundo religioso que han creado, es una comedia que solo sirve para enriquecer a unos pocos.
Introducción.
Vivo en un pequeño y muy saqueado país del llamado Tercer Mundo. Vivir aquí no es fácil, porque los ríos de corrupción, crimen, deshonestidad e irrespeto que lo inundan hacen que cada caminata por sus calles sea una odisea de aventuras peligrosas, donde la muerte puede acontecer en cualquier esquina. Pero ¿por qué nos llaman Tercer Mundo? Dicen que durante los años de la Guerra Fría, se quiso diferenciar a los países del Primer Mundo (las naciones capitalistas más avanzadas) y los del Segundo Mundo (aquellas del bloque comunista) de la gran mayoría de países en los que predominaba el analfabetismo, el alto índice de crecimiento demográfico, la inestabilidad política y la falta de desarrollo industrial. Sin embargo, una definición más ajustada a la realidad sería la siguiente: pertenece al Tercer Mundo todo país cuya mayoría de habitantes apenas comen, no tienen acceso a la educación, sólo a ellos se les aplican las leyes, viven en zonas de riesgo y en áreas nauseabundas y se mueren por falta de medicinas.
Este Tercer Mundo –igual que el Primero y el ya desaparecido Segundo– está en el tercer planeta cercano al Sol, al que llaman equivocadamente Tierra, aunque un nombre más adecuado sería Agua Salada. Y así como este planeta está dividido por sutilezas del lenguaje, también está dividido por unas líneas imaginarias llamadas fronteras, las cuales forman un intrincado rompecabezas de países donde viven más de 6000 millones de personas, todas responsables, en mayor o menor grado, de este maremágnum de ideas, costumbres, injusticias y –en lo que a este libro se refiere– de religiones que pululan por doquier. Toda esa gente, con poquísimas excepciones, vive luchando por su bienestar personal y el de sus hijos sin importarle lo que le pase al vecino ni a los hijos de este. Casi todos gozan de una virtud maravillosa llamada “fe”, que les infunde la creencia en acontecimientos, misterios y dogmas que no se pueden verificar; pues como dijo Mark Twain en uno de sus libros: “La fe es creer en lo que sabemos que no hay”. Esta “fe” se arraiga en la mente del hombre y le hace creer en un dios etéreo que le da la vida, lo ama y es el causante de todo lo bueno que le pasa. En las religiones más conocidas este dios se llama Jehová, Alá, Brahma, etc., pero en otras es o fue conocido como Nagaicho, Puluga, Bunjil, Naareau, Quetzalcoatl, etc. Y tan maravillosa es esta “fe”, que cuando algo malo le pasa a quien la posee, la culpa no es de aquel dios, sino de su acérrimo enemigo: Lucifer. Este es el culpable de todo lo malo que ocurre en el mundo, ¡y no le faltan adeptos! Muy pocos de sus seguidores, sin embargo, proclaman abiertamente que lo veneran, y muchos de los que dicen que su guía es Dios actúan públicamente como si fueran seguidores del enemigo. Vaya curiosidad.
Hay una patraña muy popular que dice que la “fe” mueve montañas, pero la verdad es que nunca ha movido más que el espíritu de los hombres que la tienen arraigada en su mente, y para quienes Dios es bondad; pero esa bondad sólo se refleja en unos pocos, ya que la gran mayoría de los que piensan así carece de las más elementales necesidades para vivir. Para los Testigos de Jehová esto debe ser normal, porque según ellos sólo 144 000 son los elegidos; pero para otros grupos religiosos sólo significa que esa gente está pagando por sus pecados, presentes o pasados.
Así las cosas, he notado que en los países ricos, donde la gente ha alcanzado un estándar de vida muy cómodo, la religión es un elemento no tan influyente. Se les ha inculcado la creencia en un Ser Supremo que vela por su bienestar y eso los hace felices, aunque la influencia que puede tener en su vida es muy leve. Pero en los países pobres la gente sueña con vivir mejor; pone sus esperanzas en ese Ser Supremo y vive para ese ser esplendoroso que parece ser sordo o desentendido, pues nunca escucha las plegarias de miles de millones de seres que padecen necesidades humanas vitales. “No sólo de pan vive el hombre”, les dicen, pero esta verdad únicamente funciona para los que comemos tres veces por día. La gente que a duras penas sobrevive camina con su libro sagrado en las manos (la Biblia, el Corán, el Bhagavad Gita…) aceptando de buena gana su desgracia, pues en su acondicionada mente le han enseñado que los designios del Señor son inimaginables, y que debe aceptar su suerte porque esos son los deseos de su dios. Ellos creen que ese Ser Supremo tiene un plan. Así lo creyeron sus tatarabuelos y posiblemente así lo creerán sus tataranietos, pero en verdad ese plan es una falacia ricamente adornada por la “fe”. Muchos siglos antes de la era cristiana, ya los hombres habían puesto sus esperanzas en esos seres todopoderosos, y para aquella gente, así como para mis contemporáneos, ese Ser Celestial era y es la solución, ¿a qué? No sé, pero es la solución. Tienen tanta “fe” que logran ser felices cuando lo alaban en sus cultos, pero no logran encontrar la felicidad fuera de esos recintos dizque sagrados. Los han engañado diciéndoles que la felicidad no está aquí, sino que la encontrarán cuando mueran, pues Dios los estará esperando para sentarlos a su lado.
¿Qué me ha llevado a escribir este libro? Pues que en este, mi pequeño y malogrado país, ser ateo es casi un crimen. La idea que flota en el ambiente es que los ateos son los criminales más desalmados del mundo, que son seguidores del demonio, que son escoria humana y, por lo tanto, ninguna persona decente puede ostentar públicamente este título. Eliminar este prejuicio es imposible, y sé que hay creyentes tan fanáticos que no dudarían en atacarme al sentirse tocados por mis palabras. En lo personal, provengo de una familia muy católica, en la cual absorbí todas las creencias que flotaban en el ambiente, y en mi adolescencia seguí recibiendo la influencia de los sacerdotes salesianos con los que estudié. Aquí podría decir, sarcásticamente, como el filósofo español Gustavo Bueno, que yo también soy un ateo católico. Durante mis primeros veinte años de vida quise hallar una respuesta a las inquietudes que surgieron en mi niñez, pero eso fue imposible.
Recuerdo que, siendo niño, dormía en un cuarto de madera en la casa de mi abuela. Todas las noches teníamos una guerra feroz contra los zancudos, que como diestros pilotos de la Fuerza Aérea nos asediaban y apuñalaban sin misericordia. Entonces me preguntaba cómo Dios podía permitir aquello e inmediatamente me recriminaba por hacer esa pregunta. Pero luego, mientras me protegía debajo de las cobijas, veía en los zancudos un castigo que Dios me enviaba por indagar aquellas cosas, y al rato, antes de dormir, me volvía a preguntar por qué castigaba a los otros miembros de la familia si ellos eran muy creyentes y no tenían culpa de lo que yo pensara. Y así, muy a menudo, estos pensamientos revoloteaban en mi cabeza; y no puedo olvidar que durante la guerra contra El Salvador veía cómo mi gente pedía a Dios que nos ayudara a ganar, mientras imaginaba que en el país vecino también estarían pidiéndole lo mismo. Estas súplicas de ayuda eran un acontecer diario en mi vida, pues también ocurría con el fútbol dominical, con las farsas políticas, cuando se iba el suministro de energía eléctrica, cuando se enfermaba alguien, etc.
De todas mis inquietudes infantiles, la única respuesta que recibía era una reprimenda, pues de las cosas de Dios no se podía dudar. Era un asunto de aceptar sin protestar, aunque mi cerebro no pudiera digerir esta explicación. Siendo así las cosas, tuve que meterme en la cabeza que Adán y Eva fueron los primeros habitantes del planeta, y que además tenían una fisonomía similar a la de los daneses actuales: ojos azules, pelo rubio y liso, nariz griega clásica, piel clara, líneas perfectas y masa corporal atlética. Digamos que en la actualidad bien hubieran conseguido trabajo como modelos en las pasarelas más importantes del mundo de la moda, o como galanes en las películas más cotizadas de Hollywood o de Bollywood.
Pero volvamos a la pregunta que me martirizó durante años: ¿existe Dios? En la actualidad puedo contestar que obviamente para mí no pero sí para los que tienen fe. Soy amante de las matemáticas y no filósofo, y por lo tanto no daré argumentos propios ni citaré los de aquellos estudiosos que atacan o defienden de manera filosófica, metafísica, teológica, científica o cantinflesca este tema, pues de hacerlo llenaría páginas y páginas y nunca terminaría. Pero sé que puedo preguntar lo siguiente: ¿alguien lo ha visto? Y puedo responder, quitando las fábulas de los textos sagrados, con total certitud: ¡No! Nadie lo ha visto. Pero algunos me dirán que han sentido su presencia, y que les ha ayudado en todos los acontecimientos de su vida. No voy a cuestionar esto, aunque tampoco voy a cuestionar a aquellos que dicen haber visto fantasmas y a los que creen en brujerías, en el Tarot, en la quiromancia y en ungüentos que sirven para retener al consorte. Yo, sin embargo, no tengo fe religiosa, y por eso tengo la libertad de preguntarme lo que se me venga en gana. Si alguien me quiere hablar de su dios, ya sea cristiano, judío, mahometano, sintoísta, hinduista, taoísta u otro, tendría que comenzar explicándome por qué su dios permite que un sádico viole y mate a una bebé; por qué permite la existencia de asesinos; por qué permite que gente inocente muera incinerada por las llamadas bombas inteligentes; por qué permite que, en su nombre, dos grupos de religiones diferentes se masacren sin misericordia; por qué permite que jóvenes en su nombre se conviertan en bombas humanas; por qué permite que gobernantes de países poderosos proclamen a diestra y siniestra que Dios está con ellos cuando masacran a gente de países que no siguen sus dictados; por qué permite que las mujeres sean consideradas seres de segunda en muchas sociedades del mundo; por qué permite la existencia de niños de la calle; por qué permite que tipos sin moral se enriquezcan predicando su palabra… Paro aquí, porque tengo decenas de preguntas similares pero no es mi intención realizar un cuestionario.
Por otro lado, en conversaciones con creyentes he obtenido respuestas a mis preguntas, y estas varían según provengan de miembros de este o aquel grupo religioso. Son pruebas, dice la mayoría. Para unos es que el hombre se ha alejado de su dios; para otros significa que el hombre ha errado sus pasos. Los católicos tienen un cuento más bonito, más infantil, más ingenuo también. Son efectos del pecado original, dicen. Antes de este, el hombre poseía gracias y virtudes sobrenaturales, era inmortal, no padecía enfermedades y nunca sufría de cansancio. Todo su ser se inclinaba hacia el bien, y como comía lo justo, tenía un cuerpo saludable. Lo que no logran descubrir los católicos debajo de este cuento es que el dios que creó al hombre ya traía acumulados, en su creación, varios errores. Uno de los primeros se debió a su falta de carácter, ya que no pudo evitar que uno de sus subalternos se pusiera en su contra, y en vez de eliminarlo, cerró los ojos y dejó que aquella aberración –llamémosla Satán– hiciese cosas en contra de sus designios. Este provocador de las peores bajezas universales, que bien pudo haber sido borrado con un solo soplo divino, engañó a la mujer, y ella al hombre. Ese demonio les aseguró que si comían del árbol que Dios les había prohibido comer serían como dioses y conocedores del bien y del mal. Así pues, haber probado esta fruta fue el pecado imperdonable, y de este se originaron los otros pecados. Un error del dios originó los otros, y el Sapientísimo se lavó las manos y les echó la culpa a sus criaturas. Contéstenme: ¿para qué un árbol prohibido? Si quería saber si sus criaturas le obedecerían, hubiera sembrado un fruto venenoso y al verlos muertos hubiera procedido a crear otra pareja eliminando los errores preliminares. Pero siguiendo con el cuento del pecado original, él permitió que ocurriese, pues estaba ahí. ¿O eso de que es omnipresente es una farsa? Además, él mismo provocó la acción, pues antes había incitado la curiosidad de aquellas criaturas al decirles que era prohibido tocar aquel fruto suculento. Pero aquí hay otro asunto importante que debemos mencionar, y es que en el “Paraíso” el hombre era inmortal, pero luego del pecado original devino mortal. Este pecado del hombre no sólo lo heredó su descendencia, sino que también afectó a todos los animales creados, pues aunque ellos no tenían nada que ver con el susodicho pecado, también les amoló su inmortalidad, también los hizo víctimas de las enfermedades y vulnerables al cansancio. Bueno, en esto a lo mejor ando equivocado, y quizás antes del pecado original los animales ya no eran inmortales, pues de haberlo sido ¿cómo se habrían alimentado los leones? ¡Con carne de soya, quizás! ¡O eran vegetarianos!
En esta parte, el islamismo tiene un cuento similar al del cristianismo. Al igual que en la Biblia, Alá les advirtió que no comieran del árbol prohibido, pero Adán no obedeció y esto causó el también llamado pecado original, el cual les hizo perder sus ya mencionadas características sobrenaturales. Sin embargo, hay una pequeña diferencia, y es que para los musulmanes el hombre nace en un estado natural de pureza, y lo que le ocurre después depende de influencias externas y factores ajenos a él. El musulmán cree que Adán pecó, pero también cree que Dios, siendo misericordioso y justo, lo escuchó y lo perdonó.
Hablando de la manera en que las personas afrontan sus propios problemas, en el transcurso de mi vida me he encontrado con tres estereotipos. El primero lo forman aquellas personas que no son capaces de hacer las cosas por sí mismas y recurren constantemente a solicitar la ayuda del Todopoderoso. Lo positivo lo adjudican inmediatamente a Él, y lo negativo es obra del Demonio. Colocan cualquier acontecer intermedio en un extremo o en otro, dependiendo de si se acerca más a un polo o a otro, según sus propios criterios. El segundo tipo de personas es el de aquellas que creen que tienen la energía en sí mismas pero necesitan la supervisión del Omnipresente para que las cosas salgan bien. Cuando no lo logran, se consuelan pensando que no se esforzaron lo suficiente para lograr la ayuda divina. Lo realmente malo también se lo adjudican al íncubo más perverso. Y por último, está el grupo de los que se sienten capaces de lograr lo posible creyendo poseer en ellos mismos la energía necesaria para esto. Tales personas, cuando algo bueno o malo les ocurre, adjudican ese hecho a las circunstancias de la vida, a las oportunidades del momento y a sus propias decisiones en ese instante.
Pero bueno, paremos aquí, que quiero que conozcan al primer hombre, o mejor dicho: a los primeros hombres.
1. Los primeros hombres
Esto pasa (...) en las religiones: cuanto más mala es la vida para un hombre o cuanto más oprimido o indigente está todo un pueblo, tanto más confiadamente sueña con los galardones del paraíso…
Fiodor Dostoievski
Aunque las diversas religiones no lo acepten, es una verdad histórica e indiscutible que el cerebro humano ha venido au- mentando de volumen y, con esto, la capacidad intelectual del hombre se ha incrementado. No aceptar las pruebas al respecto es una característica de las mentes obnubiladas por dogmas y, lamentablemente, los creyentes religiosos caen en ello porque se les ha enseñado desde niños que la duda no debe albergarse en los corazones que aman a su dios. En el islamismo, por ejemplo, tener dudas de este tipo es casi co- mo suicidarse, mientras que en el catolicismo es un pecado que sólo Dios, a través de los sacerdotes, puede perdonar… Las religiones suponen que el hombre fue creado por un ente todopoderoso y que desde ese momento tenemos la capacidad intelectual que gozamos hoy en día. Sin embargo, los fósiles encontrados alrededor del mundo en los últimos 100 años nos enseñan que el hombre, tal como lo conocemos, apenas tiene unos 2 millones de años cuando mucho. Es lógico pensar que en algún momento de la prehistoria el cerebro humano seguía
23
las pautas de nuestros animales: buscar comida, cobijarse bajo la protección del individuo más fuerte, abrigarse de las incle- mencias del tiempo, aparearse cuando los olores vaginales los cautivaban, evitar el peligro y huir despavoridos ante la furia inexplicable de la naturaleza…
Me gustaría especular un poco, pero hay tantas teorías que prefiero que cada quien tome una a su gusto. En lo personal, a mí me gusta esa que afirma que algunos de aquellos seres obser- varon que la caza era más fácil bajo ciertas condiciones. Nuestra debilidad con respecto al poder físico de muchos animales pudo hacerles creer que había fuerzas intangibles a su favor, a la vez que había otras que se les oponían. La conciencia de su ser y la convivencia diaria con la muerte debieron de hacerles surgir la idea de que no era posible acabar como los animales. Creyeron entonces que al morir vivirían en otra parte. Esa puede ser la ra- zón por la que suministraban al difunto herramientas y objetos de uso común. Con respecto a esto, también las explicaciones abundan, así como los cuentos que nos relatan la creación del hombre. Según la época, la ubicación geográfica y la creencia religiosa practicada, tenemos una serie de relatos maravillosos que nos narran el surgimiento de nuestro primer ancestro. Es tan grande el abanico de cuentos, que se me hace imposible recoger en pocas páginas todas las historias que he encontrado, por lo que sólo mencionaré unas cuantas.
Comencemos con la antigua Persia, donde se adoraba a Ahura Mazda, el creador del mundo, quien había depositado algunos de sus conocimientos en Yima, el primer hombre. Pa- ra los persas, Yima fue el más bello de todos los hombres de todos los tiempos, y tenía su domicilio en unos paradisíacos jardines donde deambulaba alejado de cualquier influencia del espíritu maligno. Ahura Mazda tuvo el esmero de enseñarle a Yima la religión que deseaba que practicaran sus seguidores: la “aryan”. Para lograr sus objetivos, le dejó el libro sagrado que tenían que venerar y seguir: el Avestas. Creo conveniente
aclarar que debió de ser en este momento cuando le enseñó a leer; y supongo que a escribir también, aunque leer y escribir no necesariamente debe ser un acto unitario. Pero dejémosle este problema a los filósofos y continuemos con el relato. Hay otro dato curioso en esta historia, y es que cuando Ahura Ma- zda se refiere a aquel hombre no lo llama “hijo mío”, sino “hijo de Vivanghat”, nombre este, no del creador del universo, sino más bien de un dios de la jerarquía cósmica Zoroástrica. Qué enredos, ¿verdad? La historia sigue narrándonos que Yima, queriéndose mostrar agradecido con su dios, le aseguró a este que se encargaría de propagar las enseñanzas de su religión a la humanidad, a lo cual Ahura Mazda contestó que no lo había creado con esta intención, y que además no tenía los conoci- mientos necesarios para llevar a cabo esa tarea. Le advirtió que no se considerara el Mensajero de la religión, por lo que Yima bajó la cabeza y aceptó aquella primera reprimenda de su dios; sin embargo, le aseguró que lucharía por convertirse en rey y así lograr dicha propagación. Agregó que en su reino no habría excesivo calor ni excesivo frío, ni enfermedades, ni muerte.
Como pueden ver, este primer hombre fue el primer político de la historia. Todos sus súbditos, continuó, serían felices e inmortales. Supongo que Ahura Mazda quedó desconcertado ante tanta arrogancia, pero, en todo caso, hizo creer a aquella, su creación, que estaba satisfecho y feliz por lo que oía, y para mostrar su gozo le regaló una herramienta de trabajo: un ara- do de oro con puntas afiladas del aurífero metal. Con este ob- jeto divino se convirtió en el rey más justo y el más grande que los aryanos conocieran. Aquí nos dejan un poco en ascuas, pues nos hubiera gustado saber cómo hizo ese hombre para procrear a aquella tribu que algunos años después dirigiría. El relato continúa asegurándonos que después de 300 años (recordemos que aquella gente no tenía nuestros calendarios, por lo que 300 años pueden significar 300 lunas llenas o 300 crecidas fenomenales de sus ríos) la tierra de los aryanos pros-
peró tanto que se llenó de animales, pájaros, hombres, perros y rojas llamas de fuego. Todas las familias tenían estas llamas en sus casas, y la población en general había crecido tanto que ya no había lugar para más animales ni hombres. Entonces Yima buscó nuevos lugares, y con el arado divino pudo exten- der las tierras cultivables más allá del reino original. Después de 600 años ocurrió lo mismo, por lo cual las tierras tuvieron que extenderse un poco más, y luego un poco más, y así su- cesivamente… Pero al avanzar los dominios de los hombres, el problema fue que alcanzaron las tierras del demonio, por lo cual este se vio obligado a contraatacar. Así, en los primeros
1000 años, Yima tuvo que emitir leyes para mantener el or- den, pues el demonio deambulaba por doquier gozando con sus travesuras.
Los calores y los fríos se incrementaron, los animales fero- ces atacaron en todos lados y el mundo fue dañado irreme- diablemente. Ya no había animales y la tierra no daba más cultivos, por lo que Yima tuvo que construir una gran Vara, o sea una construcción del tamaño de un campo de carreras, aunque la verdad es que debió de tener dimensiones colosales, pues ahí metió a los hombres, a los animales domésticos, a los pájaros y hasta la ya mencionada flama roja. Dentro pudo construir canales de agua y movilizar toneladas de tierra pa- ra poder sembrar las plantas alimenticias que se necesitaban. En este momento probablemente inventó los fertilizantes que le ayudaron a hacer producir la tierra dañada. Separó a los animales en compartimientos especiales y además, utilizando únicamente flores, fabricó cuartos para las parejas jóvenes. No sabemos por qué razón se olvidó de construir cuartos similares para las parejas de mayor edad, aunque puedo especular que en ese entonces ya había inventado lo que nosotros conocemos como divorcio.
Para los hindúes, manu significa “hombre”, y son 14 los pro- genitores de la humanidad, quienes gobiernan el mundo de
manera individual por un periodo de tiempo llamado “man- vantara”, cuya duración es de algo más de 4 000 000 de años. El primer manu se llamó Svayambhuva, que significa “hijo del que existe por sí mismo”, o sea que nos referimos al dios Bra- ma, que quiere decir “el absoluto”. Según las narraciones pro- venientes de un poema épico denominado Mahabharata, este manu fue el autor del Manu Smriti, o sea la Ley del Manu, un código de leyes que en 100 000 versos contaba el origen del mundo. Ya me imagino cuántos días tardaba una persona en leer aquel código, por eso los seguidores de esta doctrina lo redujeron drásticamente, y hoy sólo consta de 2685 versos divididos en 12 libros. No pude encontrar nada referente a la creación de estos primeros hombres, ya que lo que dejaron en estos versos sólo contiene normas para la celebración de ritua- les y ceremonias, pero parece que la función principal es la de fortalecer el sistema de castas que divide a la India en “perso- nas” y en “casi personas”. Dado que los brahmanes pertenecen al primer grupo, es fácil comprender la veneración que tienen por estos libros.
El manu actual se llama Vaivasvata, hijo de Vaivasvat (el Sol). Este manu de nuestros días es el mismo que realizó proe- zas similares a las del bíblico Noé en la versión hindú de la historia del diluvio.
En China, el dios que se desarrolló de la nada fue P’an-ku. Cuenta la historia que estaba dentro de un huevo cósmico donde se sentía sofocado porque no podía moverse, y de ahí le surgió la maravillosa idea de crear los cielos y la tierra. Los co- menzó a hacer dentro del huevo, así como también dentro del huevo creó a la mujer y al hombre. No sabemos cómo ni cuán- to vivió P’an-ku, pero sí que el huevo fue creciendo unos tres metros cada día y 18 000 años después eclosionó, causándole la muerte por tanto esfuerzo. Cuando esto ocurrió, su cuerpo se degradó y surgieron de él los diversos elementos naturales. De sus ojos salieron el sol y la luna, de su sudor la lluvia y el ro-
cío, de su voz el trueno y, ¡oh, maravilla!, los hombres actuales surgieron de las pulgas que lo acompañaban. Este origen no es muy halagüeño, por lo que los seguidores de esta creencia in- tentaron esconderlo aferrándose a un personaje más humano, más atractivo, más hermoso. Surge aquí el denominado Em- perador Amarillo (Huang Ti), quien se dice que gobernó por cien años allá por el 2600 antes de la era cristiana. Se le atri- buyen todos los inventos de la época, entre los que se destacan la ropa, el transporte, las armas, la música, el aprovechamiento de la seda, el lenguaje, las matemáticas y el calendario. En esa época todo era felicidad, incluso para los animales, pues las bestias salvajes y las aves de rapiña no mataban. Los libros no lo mencionan, pero supongo que en esa época nuestros anima- les carnívoros eran vegetarianos, o P’an-ku les servía periódi- camente un trozo de su manjar predilecto proveniente de un replicador similar al que usa la tripulación del Enterprice en algunos capítulos de la serie Viaje a las Estrellas.
Las leyendas aztecas nos cuentan que nuestros antecesores eran semidioses nacidos de la madre tierra. Ubicaban a estos seres en el norte de México, en un lugar llamado Aztlan. De estos primeros hombres surgen las tribus nómadas de los chi- chimecos, que uniéndose a los teotihuacanes dieron origen a la civilización Tolteca, la cual estaba resguardada por los dioses del viento (Quetzalcoatl) y de la lluvia (Tlaloc). Los aztecas, provenientes de los chichimecos, fueron protegidos por el dios de la guerra (Hitzilopochtli) pero adoptaron a los otros dioses antes mencionados cuando buscaban la tierra prometida. Esta fue encontrada en el año 1345, cuando vieron un águila que devoraba una serpiente en el pantano de Texcoco. Ahí funda- ron Tenochtitlán, hoy México D.F. Los aztecas, al igual que los habitantes de la América Central, creían en un desarrollo cíclico del universo. Pretendían que cuatro universos anterio- res habían sido destruidos y que en ese momento estaban en el quinto. En el primero, la tierra estaba habitada por hombres
gigantes; un día el sol dejó de brillar y los jaguares aprove- charon la oscuridad reinante para comérselos. En el segundo universo, los hombres se habían convertido en monos; pero también ocurrió un desastre: un viento violento se llevó de nuevo al sol y esto destruyó el mundo. En el tercer universo los hombres eran pavos. Y en el cuarto fue un diluvio el que arra- só el mundo, transformando a los hombres en peces. Para los aztecas, el universo contemporáneo también estaba destinado a ser destruido y sustituido por otro.
En el centro de África habitan los bámbara, quienes ima- ginaron que el vacío original del universo tenía un sonido, al que llamaron Glan. Este sonido creó una imagen con la que se unió, formando así un pensamiento real, que denominaron “Yo” o pensamiento realizado. Luego “Yo” creó la tierra y, para que esta fuera productiva, el cielo, cuya finalidad era fertili- zarla con sus lluvias. Resulta que de la tierra surgió Mousso Moroni, su hermana gemela y a la vez su mujer. Pero también del cielo surgieron otras mujeres gemelas, las que fueron ma- dres de los primeros hombres. Sin embargo, “la tierra” no se conformó con Mousso Moroni, y buscó a las hembras huma- nas, lo cual enfureció, no sin razón, a su hermana gemela y mujer. Su ira fue tanta, que reveló los secretos de la tierra a la humanidad, introduciendo así el caos en el mundo. La tierra respondió a esto culpando a los hombres y haciéndolos morta- les, mientras que el cielo se puso a crear genios que ayudaran a mantener el orden entre tanto problema.
Los bosquimanos, siempre en África, tienen una historia pa- recida. Para ellos el creador del mundo es Xangwa y sus ojos son las estrellas. Este creó a la mujer-tierra y a su pareja, el hombre-cielo. Después creó al hombre-sol y a la mujer-luna. Sin embargo, parece que aún no estaba satisfecho, por lo cual creó al hombre-león, del cual descendemos definitivamente.
Quisiera contarles la leyenda del primer hombre en la civili- zación Celta, pero extravié mi camino cuando me vi zambu-
llido en un mundo plagado de dioses que tenían por madre, hermana, esposa y amante a una mujer llamada Brigit. Aque- llo era un caos, y no supe encontrar el hilo de la historia, pero sí diré que al final de tanto embrollo una cruenta batalla hizo triunfadora al grupo de la diosa Dana, lo que permitió el avan- ce imparable de los goidels, que son los primeros irlandeses.
Los dogones, que habitan en el centro de Malí, suponen que el creador del mundo es Amma, quien hizo un huevo infinitesi- mal conteniendo dos yemas que nutrían cariñosamente a dos gemelos. Uno de ellos, Yurugu, rebelde por causas inexplicables, se escapó prematuramente de una de las mitades del huevo con la intención de dominar la creación. Mientras se escapaba, se robó una parte de la otra yema con la esperanza de llevar ahí a su hermana gemela, Yasigi, lo que no logró porque Amma ya sabía lo que iba a pasar y tomó las previsiones del caso. Al darse cuenta de su fracaso, Yurugu quedó desconsolado y tuvo que conformarse con acoplarse a la Tierra, que fue en lo que se convirtió el trozo de yema robado. Como este elemento era parte de su propia yema maternal, cometió así el primer incesto de la historia, lo que hizo que la Tierra fuera seca y estéril. Por su parte, Amma, queriendo rectificar los fracasos de su creación, sacrificó al gemelo resguardado, regenerando así la vegetación del planeta. Con el otro gemelo pudo crear dos seres humanos, varón y hembra, quienes de su unión procrearon ocho hijos que se convirtieron en los antepasados de esta cultura.
Y cuando hablamos de los egipcios, volvemos a disfrutar de una especie de telenovela, donde el dios Ra surge del caos y crea al dios del aire (Chou) y a la diosa de la humedad (Tef- nout). De estos nacieron la tierra (Geb) y el cielo (Nout), de quienes nacieron cuatro personajes, dos varones (Osiris y Seth) y dos hembras (Isis y Nefrite). Seth se convirtió en la fuerza del mal, mientras que Osiris se dedicó a los placeres sexuales con las dos mujeres, con quienes tuvo a Horus y a Anubis, de quienes descienden directamente los faraones.
Los primeros pobladores de Grecia creyeron que la creadora del universo era la diosa Eurínome. Son los únicos que dieron este atributo a una mujer. La diosa salió del caos, y separó el cielo de los mares. Luego de esto, bailó desnuda sobre las olas y con sus movimientos creó los vientos. Después tomó al viento y lo frotó contra sus manos para crear una serpiente llamada Ofión, con la cual hizo el amor, y de cuya unión dio a luz el Huevo del Mundo, del cual surgió el cosmos y todo lo que contiene. Viendo tanta maravilla, Ofión quiso adjudicarse la creación del universo, lo cual molestó mucho a Eurínome, quien optó por echarlo de la residencia de los dioses (el Monte Olimpo) arrancándole inadvertidamente los dientes y arroján- dolo al mundo de las tinieblas. Después que la diosa le dio al universo los toques finales, estableció siete planetas. Entonces del suelo de la Arcadia y de los dientes arrancados a Ofión sur- gió el primer hombre, llamado Pelasgo, quien fue el encargado de enseñar a su descendencia los trucos de la supervivencia.
El cuento hebreo nos dice que YHVH (o su variante latina: Yahvé) creó el universo en siete días. En el primero, separó la luz de las tinieblas. En el segundo, pidió que hubiera una ex- tensión entre las aguas y así separó las que estaban debajo de la extensión de las que estaban arriba; a esta extensión YHVH la llamó Cielo. En el tercero, dividió el planeta en mares y en tierras secas. YHVH estaba creando cosas a ciegas, pero al observarlas vio que eran buenas, por lo que decidió que sería bueno que creciera vegetación con semillas sobre la tierra. En ese momento no se dio cuenta, pero algunas plantas le hicie- ron una mala jugada, pues además de progresar sobre la tierra también crecieron en el mar, y además hubo algunas que no necesitaron semillas para proliferar. En el cuarto día, inven- tó el tiempo, y para que los seres que pronto iba colocar ahí pudieran medirlo, colocó dos grandes luces, una para el día y otra para la noche. Para la noche también inventó las estrellas,
¡como si las estrellas no estuvieran también de día! En el quin-
to día parece que creó los animales del mar y de la tierra. En el sexto, creó al hombre y a su pareja y les ordenó que crecieran y dominaran la tierra. En el séptimo día, cuando tenía que dar las instrucciones precisas al hombre para que no destruyera su creación, ya estaba tan cansado que se olvidó de dar dichas normas. Yo me pregunto: ¿por qué no dio las instrucciones en el octavo día, o en el noveno? ¿O será que no pudo disfrutar del octavo día pues el cansancio lo mató?
Los cristianos establecidos y los musulmanes siguen la creencia hebrea de la creación. Por eso la vamos a omitir. Sin embargo, entre los primeros cristianos, hubo, y hay todavía, un grupo denominado gnósticos, quienes creían que el dios creador de este mundo no era el único, y de hecho ni siquiera era el más poderoso, tampoco omnisciente. Para ellos, el crea- dor era una deidad inferior y a menudo ignorante. Según sus mitos, la deidad suprema estaba totalmente fuera del mundo, ya que era un espíritu absoluto, sin cualidades ni aspectos ma- teriales. Y ese ser divino engendró a seres espirituales llamados eones (setenta y dos, cada uno con una “luminaria” y cinco firmamentos celestiales) con los cuales convivía. Pero ocurrió una catástrofe cósmica: uno de esos eones cayó fuera del reino divino, hecho que hizo nacer otras entidades también divinas que ya no vivían en el reino original. Entre las deidades res- ponsables de la creación del mundo están: Él (o sea el Dios del Antiguo Testamento); su ayudante Nebro, también llamado Yaldabaot (“rebelde”); y Saclas (que significa “tonto”), el crea- dor de los humanos. Estas dos divinidades menores crearon el mundo material para retener las chispas de divinidad que habían conservado y que colocaron en cuerpos humanos. Por eso algunos hombres tienen ese elemento divino en su interior, lo que los hace inmortales, presos momentáneamente de ese cuerpo miserable y mortal en el que viven. Ellos creen que no todos los humanos tienen la posibilidad de escapar de esta pri- sión material, pues sólo algunos poseen en su interior la chispa
de la divinidad. Los que no la tienen morirán y ese será su final. Para los que tienen la chispa, es necesario que venga un emisario del reino espiritual (Cristo) para indicarle el cami- no. Para los gnósticos, sin embargo, Cristo no fue un simple mortal que impartía sabias enseñanzas religiosas, ni el hijo del Dios creador, sino un Eón del reino superior, cuya finalidad era enseñar el camino para la salvación de los humanos con chispas divinas. Cuando la gente adora a “su Dios”, es al re- belde y al tonto a quien adoran, pues esos son los creadores de esta insensata y sangrienta existencia material. El Dios verda- dero está por encima de los dioses inferiores; es omnisciente, omnipotente, enteramente espiritual, y está completamente fuera de este transitorio mundo de dolor y sufrimiento.
Entre los gnósticos actuales hay una historia fantástica que, aunque no se refiere específicamente al primer hombre, trata sobre unos hombres que vivieron antes que nosotros. Según ellos, dentro de cada “animal intelectual”, equivocadamente llamado hombre, existen gérmenes que convenientemente de- sarrollados nos pueden convertir en hombres solares. Las hor- migas, miles de años atrás, en una época de la cual ya no existe la más mínima huella, eran una raza humana que creó una poderosísima civilización socialista, la cual eliminó la familia, la religión y el libre albedrío. Esto suena como a propaganda anticastrista, ¿verdad? Pues bien, en aquella remotísima épo- ca, y del mismo modo que en el presente, aquellos hombres no fueron capaces de aprovechar tales gérmenes, y además se pusieron a hacer experimentos en las glándulas de secreción interna, pero en vez de progresar, la falta de iniciativa indivi- dual hizo que se precipitaran por el camino de la involución y la degradación. El resultado de su fracaso fue que empezaron a empequeñecerse hasta convertirse en las hormigas que actual- mente conocemos.
En lo que se refiere a los incas, Viracocha era el dios supre- mo, pero después de crear al Sol y a la Luna decidió retirarse
y dejar todo el trabajo a los dioses secundarios. Cuando el dios del Sol (Inti) se acopló con la suprema Madre-Tierra (Pa- chamama) surgieron cuatro hermanos (Manco, Kachi, Uchu y Ahuka), cada uno con una hermana-esposa. De estos, sólo Manco y su hermana-esposa Mama Occlo sobrevivieron y lo- graron establecerse en Cuzco, lugar donde su bastón de oro penetró suavemente la tierra, indicándoles que estaban preci- samente en el ombligo del mundo. Este ser se convirtió en el primer inca, por lo que se le conoce como Manco-Capac.
En la cultura Maorí, los dioses principales son Papa, diosa de la tierra, y Ranji, dios del cielo. Ambos estaban muy ena- morados, tanto que no querían dejar de abrazarse. Esta unión tan sólida evitaba que la luz llegara al mundo, pero no pu- do evitar que Papa quedara encinta. Nacieron muchos niños, pero no se podían mover porque estaban atrapados en aquel abrazo marital. Tane, uno de los niños, convenció a los otros de separar a sus padres, pero aunque hicieron muchos intentos no lo pudieron conseguir. Finalmente Tane logró hacerse tan pequeño que pudo, así, deslizarse entre sus progenitores. Co- locó sus pies en su padre y su espalda en su madre y comenzó a pujar. Empujó horas y horas, días y días, años y años, siglos y siglos, hasta que finalmente lo logró. Al separarse sus padres, la luz llegó al mundo, y así las plantas pudieron desarrollarse. Pero los padres estaban muy tristes debido a su separación, de modo que no pudieron controlar su llanto. Las lágrimas de Ranji se transformaron en ríos que amenazaban con inundar el planeta. Uno de los niños tuvo la magnífica idea de girar a su madre para que su padre no le viera el rostro y se calmara. Esto aminoró la cantidad de lágrimas, pero aún se pueden ver en el rocío de la mañana.
Los mayas creían que los creadores del universo eran Itzam- ná y su mujer Ixchel. Aceptaban que la pareja de dioses había hecho algunos intentos para crear al hombre; en realidad las tentativas fueron dos: la primera indicaba que habían sido for-
mados a partir del barro, lo cual acarreó el inconveniente de que no podían moverse ni hablar y menos adorar a sus creado- res. La segunda tentativa la hicieron con madera, pero tan lo- cuaces y ágiles resultaron los hombres que tampoco adoraban a sus creadores. Para destruirlos se les envió un diluvio, y los que no murieron en él se transformaron en monos. Finalmen- te, el hombre fue formado del maíz, pero resultó demasiado perfecto, por lo que los dioses tuvieron que turbarle la inteli- gencia y transformarlo en un ser más dócil y capaz de adorar a sus creadores. Como vemos, los teólogos mayas conocían el mecanismo necesario para que el pueblo adorara a esos seres poderosos e imaginarios: ¡idiotizar a la gente!
La localización temporal del surgimiento del hombre varía considerablemente de acuerdo con las diferentes religiones; sin embargo, según las investigaciones científicas, nuestro sol tiene actualmente una vida de 4000 millones de años, y los vestigios de seres con características humanas encontrados hasta el mo- mento nos dicen que caminaron por nuestro planeta hace unos
5 millones. En cuanto a los primeros denominados Homo, estos dejaron sus huellas en algunos lugares hace unos 2 millones de años. En la región africana del lago Turkana, en Kenia, se han encontrado vestigios humanos con una edad aproximada de 4,1 millones de años, y existe un fragmento de mandíbula encon- trado en Lothagam, en 1967, que se supone es la parte del ho- mínido más antiguo encontrado. Los datos de datación de este fragmento nos dicen que tiene 5,6 millones de años.
Hablemos de Lucy. ¿Quién es ella? Comenzaré diciendo que, si viéramos una fotografía de su rostro, diríamos que es un simio, sin embargo sus huesos demuestran que caminaba erguida. Fue encontrada por el paleo-antropólogo norteameri- cano Donald Johanson, en Hadar, Etiopía, en 1974. Su man- díbula es prominente, su frente amplia, sus mejillas anchas, el volumen de su cerebro tiene un tercio del humano actual. La datación de sus huesos nos indica que tiene 3 millones de
años, siendo por eso el homínido más antiguo y más completo encontrado. Cualquiera puede dudar de los métodos de da- tación, pero la prueba del carbono 14 es eficiente, y además ahora es respaldada por la prueba realizada mediante cristal único con fusión por láser, que permite obtener fechas más exactas. La prueba se basa en un rayo de láser que funde un cristal de feldespato potásico, el cual libera gas argón. Como el argón se acumula en el cristal a ritmo conocido, la cantidad liberada revela la antigüedad de la pieza en estudio. El mar- gen de error es de menos del 1%. Apoyados en estas pruebas, podemos afirmar que Lucy vivió hace 3,18 millones de años, con sólo un error de más o menos 10 000 años. Pero, después de encontrar a Lucy, los descubrimientos han continuado, y así se encontró otra pieza ósea perteneciente a otro homínido que vivió hace 4,1 millones de años, y después otro de hace 4,4 millones de años…
Hace 2 millones de años, los primeros Homo ya mostraban características humanas. En ese momento, el volumen del ce- rebro era un poco más de la mitad del actual. Se han encon- trado herramientas de hace 2,6 millones de años, cuyo uso probablemente coincidió con el aumento del tamaño cerebral. Y a medida que los primeros homínidos se hacían más inteli- gentes, fueron elaborando mejores utensilios. Aquí es cuando pudieron haber descubierto que a veces no sólo las habilidades ayudan a encontrar lo que se busca, sino que también el azar tiene algo que ver. Y poco a poco fueron creyendo que el azar era una fuerza poderosa que los ayudaba pero también podía hacerlos fracasar. Decidieron ponerse en paz con aquella fuer- za; y así, también poco a poco, nació un culto a eso descono- cido que siempre estaba con ellos: la lluvia, el viento, el fuego, la luna, el sol, las estrellas, la noche, el agua…
2. Las religiones
Te digo que ambos somos ateos. Yo simplemente creo en un dios menos que tú. Cuando entiendas por qué descartas a todos los otros posibles dioses, entenderás por qué yo descarto el tuyo.
Stephen Roberts
Comencemos preguntándonos: ¿qué es religión? La palabra proviene del latín religio, que a su vez viene del verbo religare. Literalmente, volver a ligar o amarrar. Quizás fue un intento de los primeros hombres de unirse con las fuerzas inexplica- bles que los rodeaban. Pero mi diccionario define el término como conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio, para darle culto. Pueden, por supuesto, darse más definiciones, como aquella por la cual un individuo reconoce la existencia de uno o varios dioses que tienen poder sobre su destino, a quien(es) obedece, sirve y honra; o la otra que la define sen- cillamente como un sistema de fe y culto. Podríamos definir la religión como una forma de vida o creencia basada en la relación del hombre con la divinidad, o simplemente, leer las definiciones de muchos escritores, por ejemplo la de Ambrose Bierce que dice: “Religión: hija del temor y la esperanza, que vive explicando a la ignorancia la naturaleza de lo In- cognoscible”; o la de Arthur Schopenhauer, que nos indica la
37
fuente de su energía: “Las religiones, como las luciérnagas, necesitan oscuridad para brillar”.
Basados en estas definiciones, debemos aceptar como reli- gión los grandes grupos actuales, así como también los innu- merables movimientos de este tipo que los precedieron. Como todos los sistemas (orgánicos o inorgánicos), tienen un comien- zo, se desarrollan, evolucionan, se adaptan a las nuevas formas de pensamiento y algún día se transformarán o morirán. Su desarrollo es generalmente caótico, a veces contradictorio, y de sus manifestaciones filosóficas surgen divergencias que tarde o temprano hacen que del tronco principal broten ramas con ideas parecidas, a veces renovadoras, a veces conflictivas y a menudo destructivas. Este estira y encoge hace que progresen, pero no siempre en armonía.
No podemos hacer una división simple de la gente afir- mando que son creyentes o ateos. El mundo está habitado por una gran gama de seres con sus propios sistemas idea- listas. Entre ellos están los panteístas, que creen que la divi- nidad es la naturaleza que nos rodea. Los panenteístas, que afirman que la divinidad es la realidad física que nos rodea y algo más que no podemos captar. Están los universalistas, que ven todas las religiones existentes como una sola. Los agnósticos, que son escépticos en materia religiosa, no ven nada que apoye a estos grupos pero no pueden decir que son falsos. Podríamos agregar aquí a los indiferentes, quienes no tienen ningún interés en las prácticas religiosas. Y por últi- mo, recordemos a los apateístas, quienes toman la indiferen- cia religiosa como filosofía.
Las religiones pueden catalogarse en monoteístas, las que profesan la existencia de un único dios, que por lo general es omnipotente, omnisciente y omnipresente, así son el judaís- mo, el cristianismo, el islamismo y algunas ramas del hin- duismo; en politeístas, que profesan la existencia de muchos dioses, unos más poderosos que otros, como el paganismo gre-
corromano, algunos aspectos del mormonismo y –me atrevo a poner aquí– algunas ramas del catolicismo en las que algunos de los embajadores (santos) se han convertido en poderosos dioses bienhechores. Agreguemos aquí también las religiones panteístas, como el shintoismo y algunas ramas del hinduis- mo. Y también las religiones no-teístas, como el budismo y el jainismo, en las que no hay divinidades creadoras. Y para terminar, no olvidemos que hay un grupo de pseudoreligiones, que practican ritos y preceptos semireligiosos como el “dis- cordianismo” (grupo fundado a finales de los años ‘50 y que se basa en la veneración del desorden y del caos del universo; tienen una especie de Biblia: el Libro Honesto de la Verdad, que presenta algunas similitudes con el Libro de Mormón); el “pastafarismo” (grupo seguidor de Bobby Henderson, quien protestó en los primeros años de este siglo contra la idea de enseñar en las escuelas de los Estados Unidos de América la teoría del Diseño Inteligente como alternativa a la teoría de la Evolución), y el “luciferismo”, que basa sus creencias en la figura de Lucifer, al que llaman por su etimología Portador de luz o Estrella matutina.
Por regla general, las religiones hacen creer a la gente en un maravilloso mundo que nos espera después de la muer- te, aunque no podemos negar que también tratan de que la vida entre los seres humanos sea armoniosa. Lamentable- mente, esto último no lo han podido lograr pese a que se han apoderado de la idea de que las normas morales pro- vienen de la religión.
Las grandes religiones actuales pueden ser catalogadas en tres grupos. Las de fe, dirigidas por un profeta (judaísmo, cris- tianismo e islamismo); las místicas, dirigidas por un místico (hinduismo y budismo); y las de sabiduría, dirigidas por un sabio (confucianismo y taoísmo). Unas buscan la divinidad fuera de su ser; otras, dentro; pero todas tienen explicaciones convincentes, dogmas inimaginables, normas extravagantes,
rituales complicados, textos iluminadores, milagros misterio- sos y un sin fin de procedimientos para apoyar sus creencias.
Hace unos 4000 años, el politeísmo dominaba las religio- nes, y sus seguidores oraban a los dioses para que les brindaran protección, ayuda y aliento. Las tres religiones de fe provie- nen de antiguas religiones politeístas. Sin embargo, el cam- bio de varios dioses a uno no modificó el comportamiento de aquellos creyentes, pues continuaron con sus costumbres de sacrificar animales, y a veces hasta humanos, a aquellos entes todopoderosos que parecían saciar su sed con la sangre de los indefensos animales o de los desafortunados esclavos. La misma Biblia nos narra ingenuamente los hechos de aquella época, pues en Génesis 15:8-9 cuando Abraham le pregunta a Dios cómo conseguir una tierra, este le pide “una becerra de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón”. Es increíble, ¿verdad? Pe- ro en estas religiones primitivas, cuando el sacrificio animal no satisfacía a los dioses, se recurría al sacrificio humano, y era tan común que incluso el dios de Abraham le pidió que sacrificara a su hijo. Esta historia es muy venerada por los creyentes, pero es la prueba de que hasta ese momento los sacrificios de este tipo eran cosa corriente. Podríamos decir que en ese momento el dios del Antiguo Testamento dejó de ser malo para los humanos, pero no para los animales, pues siguió solicitando su sangre.
En general, a lo largo de la historia, podemos afirmar que siempre hubo un pequeño número de objetantes de estas ideo- logías teológicas. Pero aumentan en el siglo XIX, cuando la teoría evolutiva invade el mundo intelectual. Las investiga- ciones científicas hicieron que los cuestionamientos religiosos fueran inevitables, y desde entonces se han propagado entre la gente pensante, así como también, en muchos lugares, se sigue manteniendo la intolerancia religiosa, aunque no con la intensidad de épocas pasadas.
El hombre siempre ha creído en la vida después de la muerte. Para algunas religiones es la promesa de un dios para quienes cumplan con sus leyes. Para otro grupo, morir es un deam- bular de cuerpo en cuerpo, bajando o subiendo la categoría espiritual según se haya cumplido también con las indicacio- nes divinas. Lo cierto es que todos tememos que morir, y las religiones se aprovechan de este miedo y lo manipulan conve- nientemente. Desaparecer se les torna increíble y se esfuerzan en convencer a sus seguidores de que esta vida es sólo un cruce a la otra. Y mientras esperan que el semáforo cambie, desper- dician así la vida, pues se meten en un abismo de preocupacio- nes vanas y se olvidan de vivir…
Leyendo algo sobre los masones, descubrí que, al igual que las religiones, ellos también tienen origen en el culto al Sol. Actualmente le dieron vuelta a la moneda, y el espectro que ahora adoran recibe el nombre de Arquitecto del Universo. Lo mismo ocurre con los cristianos, que hoy profesan por Cris- to la misma adoración que antes se le otorgaba al Astro Rey.
¿Astro Rey? Sí, es una expresión que usamos porque el sol nos parece imponente; sin embargo, en la grandiosidad del univer- so nuestra estrella no es más que uno de los pequeños cuerpos de fusión nuclear que pululan en él.
En cuanto al gnosticismo universal, los seguidores de este culto creen que el Sol hace experimentos de laboratorio muy complicados y terriblemente difíciles. Así, cualquier raza creada por el Sol tiene por finalidad estar al servicio de los intereses de esta creación y de este experimento. Si no se dan los resultados adecuados, el Sol pierde interés por dicha raza y esta queda condenada a la destrucción y a la involución. Muchos han sido los experimentos, por lo tanto, muchas han sido las razas, y de esta gama de producciones el Sol ha obte- nido algunos frutos, cosechando grupos pequeños de hom- bres solares. Estos hombres especiales son los que luchan por independizarse de las fuerzas lunares. Para los gnósticos, el
hombre no es una unidad, sino la confluencia de varios “yo”, y estos “yo” que tenemos dentro son de tipo lunar. No es fá- cil convertirse en “hombre solar” porque cargamos la luna en nuestro interior. ¡No es fácil! Tampoco es fácil comprender lo que narraré a continuación, así que, agárrense ferviente- mente de eso que denominamos “fe”, pues sin esta no será posible comprender lo siguiente. La Tierra tiene dos lunas. La que no vemos se llama Lilith y está un poco más distante que la luna blanca. Los astrónomos suelen ver esta luna negra como una lenteja, pues es muy pequeña. De esta luna vienen las fuerzas siniestras, y se sabe que ella es la culpable de los crímenes más atroces que ha habido en el planeta. ¡Ojalá que los científicos involucrados en la exploración espacial la estén tomando en cuenta para evitar los crímenes que pueda causar en las futuras naves tripuladas!
Hablando de la jerarquía católica, aunque es válido también para los jerarcas de otros credos, aquellos usan un anillo espe- cial, ropajes muy atractivos y hacen sus ritos con utensilios de oro y piedras preciosas. Todo esto es una copia de los hábitos que tenían en su época los reyes-sacerdotes de Babilonia, co- mo lo describe el señor Guillome du Choul en su libro Razo- namientos de la religión de los antiguos Romanos. También así se vestían los sacerdotes de Isis, mientras que los de Anubis se afeitaban la coronilla de la misma forma que lo vinieron ha- ciendo los sacerdotes católicos durante siglos. La famosa agua bendita que usan en todos sus ritos es una copia del agua pu- rificadora que usaban los pontífices de los paganos antiguos. La misma Iglesia es consciente de este proceder, pues uno de sus integrantes, el cardenal Baronio, lo expresó así: “La Santa Iglesia ha podido apropiarse de los ritos y ceremonias uti- lizados por los paganos en su culto idolátrico, porque ella los regeneró por medio de la consagración”.
Hay una pregunta que no puedo soslayar cuando relaciono las guerras y las religiones. ¿Podrán hacer algo los jerarcas
religiosos para que los hombres no se maten unos a otros? Yo creo que sí, pero es difícil, porque estos Sumos Sacerdotes de hoy anteponen sus intereses institucionales al bienestar de los individuos. Sabemos que las guerras tienen principal- mente un trasfondo político y económico, pero ¿qué habría ocurrido en la antigua Yugoslavia si al comenzar la guerra se hubieran presentado unos cien jerarcas de las diferentes religiones involucradas en el conflicto? Posiblemente el Papa y sus Cardenales fácilmente hubieran llevado a la mesa de negociaciones a los croatas católicos, y lo mismo hubieran logrado los Patriarcas de los ortodoxos serbios y los Imanes de los musulmanes de Kosovo. ¿Cuántas vidas se habrían salvado? ¿Acaso Bush habría tenido el valor de bombardear Bagdad si en la ciudad se hubieran reunido esos mismos je- rarcas del mundo religioso? Las guerras continúan, y el nú- mero de muertos se incrementa sin cesar, mientras los que pueden hacer algo cierran los ojos y los oídos y sólo alzan la voz para alabar a aquellos pequeños pastores, monjes o sacer- dotes que en determinado momento arriesgaron su vida para salvar a unos pocos afortunados. Por el momento, la muerte sin sentido sigue rondando en países como Nigeria, Sudán, India, Sri Lanka, Iraq y otros donde la intolerancia religiosa domina el ambiente.
Terminemos este capítulo con un párrafo del libro El abuso del mal, en el que su autor, Richard J. Bernstein, cita las pa- labras de un asesor de Kennedy, el señor Arthur Schlesinger jr., acerca del fanatismo: “es el caldo de cultivo para (…) el terrorismo. La mayor parte de las matanzas en el mundo
–ya sean en Irlanda, Kosovo, Israel, Palestina, Cachemira, Sri Lanka, Indonesia, las Filipinas, el Tibet…– son con- secuencia del desacuerdo religioso. No hay persona más peligrosa sobre la tierra que la que cree que está ejerciendo la voluntad del Todopoderoso. Esta convicción es la que impulsa a los terroristas a asesinar al infiel”.
A continuación, entraremos en el mundo de los “textos sa- grados” con la única intención de encontrar en ellos incon- gruencias, leyendas y actos abominables que no deberían estar ahí, pero que están, simplemente porque esos libros no pudieron ser inspirados o dictados por un ser clemente y omnisciente.
5. Los Evangelios
La historia comienza envuelta en brumas, en Palestina, prosigue en Roma y después en Bizancio, entre riquezas, el boato, y la púrpura del poder cristiano; reina aún hoy en millones de espíritus formateados por esa increíble historia construida en el aire, con improbabilidades, imprecisiones y contradicciones, que la Iglesia impone desde siempre por medio de la violencia política.
Michel Onfray, Tratado de Ateología
Para hablar del Jesús histórico, tenemos tres fuentes fuera de los Evangelios: las clásicas, las rabínicas y Flavio Josefo.
Las fuentes clásicas que hacen referencia a Jesús son muy limi- tadas: Tácito lo menciona una vez, en el parágrafo XLIV del de- cimoquinto libro de sus Anales (compuestos entre los años 115 y 117 d. de C.) diciendo: “Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procura- dor, de la Judea”. Suetonio, en su libro Los Doce Césares (capí- tulo “Tiberio Claudio Druso”, parágrafo XXV), afirma que el emperador Claudio “hizo expulsar de Roma a los judíos que, excitados por un tal Cresto, provocaban turbulencias”. Y por último, tenemos la mención de Plinio el Joven, quien en el décimo libro de sus Epístolas dice que los cristianos llamaban Dios a Cristo y que se dirigían a él con cantos y oraciones.
71
Las fuentes rabínicas son hostiles a Jesús, y en ellas se dice que su madre se llamaba Miriam, que fue acusado de nacer en adulterio, que era mago, que extravió a Israel, que era un hereje, que tuvo cinco discípulos, que decía ser Dios e Hijo del Hombre, que rondaba los treinta y tres años cuan- do fue crucificado, y que aseguró que volvería después de muerto… En el Talmud hay una referencia a él, diciendo que estará en el otro mundo padeciendo entre excrementos en ebullición (Guit. 56b-57a). También en el Talmud se citan con aprecio algunas de sus enseñanzas (Av. Zar. 16b-17a; T. Julin II, 24).
Hasta el siglo XIX, nadie dudó de la autenticidad de los textos de Flavio Josefo, pero a partir de ese siglo y hasta el día de hoy, ninguno de los párrafos copiados a continuación se considera auténtico. En los escritos (Antigüedad, XVIII,
63, 64) de este historiador judío, se lee que en aquella época vivió Jesús, un hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre. Cuenta que hacía cosas portentosas y era maestro de hombres que aceptaban con gusto la verdad. Atrajo a mucha gente de origen judío y griego. Era el Mesías. Pilato lo condenó a ser sacrificado. Al tercer día se les manifes- tó vivo de nuevo, cosa que habían profetizado los divinos profetas. La segunda mención está en X X, 200-203, donde se lee: Santiago, el hermano de Jesús el llamado Mesías, fue llevado ante el Sanedrín, por haber transgredido la Ley.
Es un hecho indiscutible que en todos los escritos cristianos del siglo primero no hay nada que exprese el deseo de ver el lugar de nacimiento de aquel personaje divino, ni siquiera los lugares donde proclamó su mensaje, el sitio donde resucitó o el lugar donde murió por los pecados del mundo. Mientras que sabemos dónde nacieron y por dónde anduvieron Mahoma, Gautama el Buda, Confucio… de Jesús sólo tenemos indica- ciones inciertas. Esa falta de lugares sagrados pisados por Jesús se presta a muchas conjeturas, pues se vuelve inexplicable el
hecho de que el eje motor del cristianismo no tiene sitios de adoración, mientras que sus representantes menores o su ma- dre tienen catedrales y monumentos de una belleza soberbia, erigidos en las áreas donde se supone estuvieron, ya sea de forma humana o fantasmal.
De la Palestina donde vivió, se conocen bien la sociología, la economía, la política, la religión y la realidad histórica. Sabe- mos con certeza que en este periodo el área geográfica en cues- tión estaba bajo el control de los romanos. Los judíos soñaban con un Mesías que los liberase, el cual había sido prometido en su libro sagrado: la Torá. Como es normal en épocas de injus- ticia, temor, inconformidad, incertidumbre y angustia, mu- chos lo esperaban orando, otros eran indiferentes, algunos se preocupaban únicamente por menoscabar el poder del invasor alterando los impuestos, otros profetizaban y unos pocos lu- chaban contra el imperio. Todos creían que su Dios los libera- ría, pero en cuanto a la forma, las discrepancias eran muchas. Así como hoy abundan los locos iluminados que aseguran que ya viene el fin del mundo, así había perturbados que gritaban a diestra y siniestra la venida de Dios para eliminar a los ro- manos. Las insurrecciones eran continuas, aunque no había un grupo unificado para luchar contra el invasor. Y en medio de este barullo nace Jesús. Se supone que su nacimiento tuvo lugar uno o dos años antes de la muerte de Herodes el Grande, acaecida en el 4 a.C. Este dato proviene del hecho de que en Mateo 2:15 se asegura que José, María y el niño estuvieron en Egipto hasta la muerte de este monarca.
Y en referencia a la vida y obra de este personaje, aunque el Corán también lo menciona, la mayor parte de la gente sólo conoce las cuatro narraciones que aparecen en el Nuevo Tes- tamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sin embargo, se sabía de la existencia de otros relatos, aunque no hubo constancia arqueológica de los mismos hasta mediados del siglo pasado, cuando se encontraron documentos valiosos que ayudaron a
tener una visión mejor de aquella época. Desde su descubri- miento, el interés en saber lo que decían los puso en la mira de todos los investigadores. No se sabe cuántos evangelios se escribieron, pero además de los cuatro llamados “canónicos”, existen otros, enteros o parciales, llamados “apócrifos”, los cuales han sido divididos en tres grupos denominados: Sinóp- ticos, Sectarios y Pseudo-Evangelios.
Se llaman Sinópticos porque mantienen la misma estructura de los de Mateo, Marcos y Lucas. Hay muchas referencias his- tóricas a estos evangelios, pero sólo se conservan fragmentos del Evangelio de Pedro y de otro llamado de Belle y Skeat. Entre los que se mencionan en algunos textos históricos están: el Evangelio de los Egipcios, el Evangelio de los Hebreos, el Evangelio de los Nazarenos y el Evangelio de los Ebionitas o Evangelio de los Doce.
Los llamados Sectarios son los considerados heréticos, o sea que tienen ideas totalmente contrarias a las indicadas por la Iglesia establecida. Cuando se descubrieron los tesoros de Nag-Hammadi, se supo que efectivamente existían aquellos textos mencionados por algunos padres de la Iglesia. De estos, figuran entre otros: el Evangelio de Judas, el Evangelio de Bar- tolomé, el Evangelio de Bernabé y el Evangelio de Basílides.
En cuanto a los Pseudo-Evangelios, se les llama así porque narran historias de los padres de Jesús y también de su infancia. Pertenecen a esta categoría: el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio del Pseudo-Mateo, el Evangelio del Pseudo-Tomás, los Evangelios Árabes y Armenio de la Infancia, el Transitus Mariae (sobre María), la Historia de José el Carpintero y el Ciclo de la Pasión o Evangelio de Nicodemo.
Hay otros que no sé dónde ubicarlos, pero que no quiero de- jar de nombrar: el Evangelio de Felipe, el Evangelio de María Magdalena (hallado en 1896) y el Evangelio de la Verdad.
Todos los documentos hallados han sido datados, pero se supone que son copias de los originales, por lo que dicha fecha
es en cada caso muy posterior al momento en que fueron es- critos. Por ejemplo, el Evangelio de Judas, hallado en la década de 1970 en Egipto y estudiado hasta principios de este siglo, ha sido datado entre los años 220 y 340 d. de C. Pero en el año
180, una declaración del Padre de la Iglesia Ireneo de Lyon hace referencia a él en su libro Contra las herejías. También existe este problema con los Evangelios canónicos, ya que nin- gún estudioso bíblico coincide con su datación. Por ejemplo, se supone que el Evangelio de Marcos fue escrito después de la revuelta del año 66 d. de C.; algunos dicen que pudo ser en el
70. En cuanto al de Mateo, se dice que pudo haber sido escrito en el año 75. El de Lucas, en el 80; y el de Juan, en el 95. En lo que concuerdan todos es que ninguno de los que escribieron estos Evangelios conocieron a Jesús.
Los documentos canónicos se dataron a mediados del siglo XIX en Alemania, y las conclusiones allí sacadas son válidas y aceptadas actualmente. Así, ningún historiador o erudi- to bíblico serio negaría que el más antiguo de los Evange- lios fue redactado como mínimo una generación después de los hechos narrados. Tal como dijo en 1913 Roger Martin du Gard, en su libro Jean Barois: “Los Evangelios fueron escritos entre los años 65 y 100 d.C. Esto quiere decir que la Iglesia fue fundada sin ellos y pudo funcionar sin ellos. ¡Piénselo! ¡Más de sesenta años después del naci- miento de Cristo! Es como si hoy día alguien quisiera tomar nota de las palabras y acciones de Napoleón sin poder consultar un solo documento escrito, sólo anécdo- tas y recuerdos imprecisos”.
Hay un reconocido comentarista bíblico –quizás el más fa- moso, más importante y más estimado del siglo X X– llamado Rudolf Kart Bultmann. Este teólogo luterano alemán dijo: “Creo en verdad que ahora apenas podemos saber nada relativo a la vida y a la personalidad de Jesús, toda vez que las primitivas fuentes cristianas no muestran ningún
interés por una cosa u otra y, además, son fragmentarias y a menudo legendarias”.
Así, en todo el tiempo transcurrido desde los hechos hasta el momento en que fueron plasmados en el papel, la historia ganó encanto poético, y ya sabemos lo que pasa cuando una historia pasa de boca en boca. Unos la engrandecen, otros le ponen su toque y algunos le hacen unos cambios sutiles pero importantes. Ya lo dijo a principios del siglo XVI nada menos que el mismo papa León X, cuando declaró, según consta en los Anales de la Iglesia: “Nos ha prestado un buen servicio este mito de Cristo”.
Pero las investigaciones han continuado, y así, han sacado a relucir datos interesantes que las Iglesias han tratado de escon- der. ¿Por qué será? A las Iglesias les conviene que sus seguidores sigan siendo tan ignorantes como lo fueron sus seguidores de siglos atrás. Un ejemplo de esto es la leyenda de María Mag- dalena. Todos tenemos la imagen implantada en nuestro ce- rebro de que esta mujer fue una ramera. Pero cuando en 1945 se descubren documentos que nos hablan de este personaje, las investigaciones se centraron en ella, y se llegó a la conclu- sión de que nunca había sido prostituta. La Iglesia también ha aceptado este hecho, sólo que en silencio para no alterar la creencia de los fieles. Para la Iglesia (véase Concilio Vaticano II), la Magdalena ha pasado a ser la mujer santa que fue: pri- mero, apóstol; segundo –y esto es lo más importante– testigo de la muerte y resurrección de Jesús; y tercero, una promotora eficiente de la primera comunidad cristiana.
Los estudiosos bíblicos cristianos, los jerarcas de la Iglesia y los seminaristas conocen los últimos descubrimientos reali- zados, pero no se los trasladan a sus seguidores. Estos siguen creyendo en las Escrituras según las indicaciones de sus guías espirituales, quienes esconden ciertos hechos históricos porque no se sienten presionados por los cristianos devotos que nunca se preguntan el porqué de ciertas incongruencias. Y así las co-
sas, los líderes religiosos siguen aprovechándose de las coyun- turas que les brinda el analfabetismo teológico de sus fieles, a los cuales escandalizan y alejan con premura de cualquier libro que toque estos temas.
Pero volvamos a Ireneo, quien era la voz de la Iglesia orto- doxa que se estaba formando según las líneas marcadas por Pablo, y quien alrededor del año 200 d. de C. lanza un ata- que feroz contra aquellos que practican la religión cristiana primitiva por tener elementos que él considera herejes. Ireneo seleccionó los libros que debían formar el Nuevo Testamen- to. ¿Por qué se eligieron los cuatro que lo componen, dejan- do de lado muchos otros evangelios? El Nuevo Testamento consta de veintisiete libros que la jerarquía dominante en ese momento decidió que eran sagrados. Se sabe que muchos años después de la muerte de Jesús se escribieron numerosos textos, entre ellos, por ejemplo, unas Epístolas de Pablo adi- cionales a las trece incluidas en el Nuevo Testamento (aun- que, por cierto, los eruditos están de acuerdo en que algunas de estas no fueron escritas por él). Así, también se sabe que hubo otros textos llamados Apocalipsis que fueron elimina- dos y destruidos. En aquel momento, al igual que hoy, varios grupos cristianos proclamaban para sí la verdad de sus inter- pretaciones, y de las luchas internas que se suscitaron un gru- po logró prevalecer sobre los otros. Este grupo decidió cómo debía ser la estructura organizativa de la Iglesia, qué libros debían ser leídos y qué interpretación había que darles. Ire- neo, por ejemplo, ataca a los llamados ebionistas, que no son otra cosa que seguidores de las enseñanzas de Cristo, y que se denominaban a sí mismos Los Pobres. Estos insistían en que Jesús era hombre y que no había nacido de una virgen. Creían que se había convertido en Mesías en el momento de su bautismo. Seguían solamente el libro de Mateo y se ape- gan mucho a la ley judaica. Rechazaban al apóstol Pablo… Por todo esto, no gozaban del apoyo de Ireneo.
Ireneo estaba también en contra de los gnósticos, pues estos, aunque tenían varias divisiones, pensaban, en general, que en- tre cada ser humano y el verdadero Dios no se necesitaban in- termediarios, cosa que lógicamente disgustaba a los jerarcas de la Iglesia. Hoy en día, aquellos gnósticos tendrían como acé- rrimos enemigos a toda esa caterva de pastores, curas y guías espirituales que pululan por doquier enriqueciéndose con la buena fe de los adeptos. Para los gnósticos, Jesús era un maes- tro que había revelado la sabiduría y el conocimiento, y no un salvador que había muerto por los pecados del mundo. El problema fundamental del hombre, para los gnósticos, no era el pecado, sino la ignorancia. Otro cuento escucharíamos si hubiera triunfado esta rama del cristianismo. Como dijo Jorge Luis Borges: “De haber triunfado Alejandría y no Roma, las estrambóticas y turbias historias (…) serían coherentes, majestuosas y cotidianas”.
Sabemos que los romanos persiguieron con saña a los cristia- nos durante los tres primeros siglos de nuestra era. Pero cuan- do Constantino decreta que el cristianismo será la religión oficial, surgen dos corrientes imposibles de unificar. El proble- ma aparecía cuando se intentaba dilucidar si Jesús podía ser divino. Y en el caso de que lo fuera, ¿podía considerársele un ser humano? Para el sacerdote Arrio, Jesús no era divino, sino que Dios lo había promovido a la divinidad como premio a su conducta. Sin embargo, para otro sacerdote llamado Atanasio, esto no era cierto. En el año 325, Constantino, al ver que la nueva religión se dividía, convocó a un concilio en la ciudad de Nicea con la finalidad de resolver el conflicto. Fue en esa cumbre de eminencias políticas y religiosas donde se decidió, por votación, que Jesús era divino y uno con Dios. Desde en- tonces se considera que Jesús es el Redentor y Dios el creador pero ambos son una sola entidad.
Las Iglesias orientales continuaron con el debate y surgieron nuevas preguntas: ¿Cómo el ser todopoderoso se pudo conver-
tir en un frágil bebé humano? ¿Qué razones tuvo para hacer esto? La Iglesia occidental lo explicó diciendo que Dios había bajado a la tierra para salvar a los hombres del denominado pecado original. O sea que, por culpa de Adán, el creador tuvo que venir al mundo a salvar a los hombres para que no tuvie- ran que ir obligatoriamente al infierno. Dios sufrió, murió y resucitó para salvar a los hombres. ¡Qué historia! Primero crea un ser imperfecto, luego lo condena y al final hace toda una película para liberarlo de esa condena… ¡Muy raro!, ¿verdad?
La Iglesia oriental, sin embargo, mantuvo su posición, y así, hasta el día de hoy sostienen que Dios bajó al mundo, no por ese pecado original, sino para enseñarnos que todos podemos llegar a ser tan iluminados como Él, siempre y cuando siga- mos su ejemplo.
Pero en aquella época la polémica continuó. El asunto era peliagudo… Se debatía si había dos dioses, ¿el padre y el hijo? Tuvieron que estrujarse los cerebros para llegar a la conclusión de que el Padre, el Hijo y un elemento nuevo denominado Espíritu Santo eran una unidad, a pesar de ser tres seres dife- rentes. La llamaron La Trinidad. Era –y es– importantísima esta unidad, pues de lo contrario corrían el riesgo de que se los acusara de politeístas, aunque, en verdad, eso es lo que eran, y actualmente lo son. Adoran a tres dioses, aunque lo unifiquen en uno solo. Este concepto ha sido tan debatido a través de la historia, que la Iglesia ha tenido que meter en la discusión a sus pensadores más brillantes. Y de la mente de sus hijos más representativos han salido las frases más enrevesadas, las que nos hacen caer, como siempre, en aquella idea de que los mis- terios de Dios son insondables.
San Agustín, uno de los más renombrados santos de la Igle- sia Católica, nos mostraba que nosotros tenemos tres poderes: memoria, entendimiento y voluntad, los cuales nos hacen recor- dar, pensar y actuar. Así, Dios tiene tres poderes: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto se parece al hinduismo, religión en la que
encontramos otra trinidad: Brama, Vishnú y Shiva, aspectos fundamentales del misterioso Brahmán. Y en el mundo judío también hay algo similar, pues en su misticismo, llamado Cába- la, tenemos el Dios sin fin, imposible de conocer por los huma- nos, pero que se revela en diez emanaciones diferentes, llamadas Sefirot, que son extensiones de sí mismo. Pero volviendo a San Agustín, leamos este enredo famoso que escribió en sus Con- fesiones: “Tu hiciste todos los tiempos y eres antes de todos los tiempos. Por consiguiente, no hubo un tiempo en que no había tiempo. Nada había entonces, donde no existía el tiempo”. ¡Sólo me resta felicitar a todo aquel que lo entienda!
También Jorge Luis Borges, en su libro Historia de la eterni- dad, toca el tema del misterio de la Trinidad. Dice que “nues- tra” eternidad fue decretada por el obispo Ireneo, y que no sólo fue “un lujo eclesiástico”, sino que “fue una resolución y fue un arma. El Verbo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo es producido por el Padre y el Verbo”. De ahí que los gnósticos solieran “inferir de esas dos innegables operaciones que el Padre era anterior al Verbo, y los dos al Espíritu. Esa inferencia disolvía la Trinidad. Ireneo aclaró que el doble pro- ceso –generación del Hijo por el Padre, emisión del Espíritu por los dos– no aconteció en el tiempo, sino que agota de una vez el pasado, el presente y el porvenir. La aclaración prevale- ció y ahora es dogma”.
Continua explicando Borges que la buena conexión de estas tres figuras en una es un problema inverosímil pe- ro cuyo resultado es grande. Sin embargo, ahora, para los católicos laicos es algo “infinitamente correcto, pero también infinitamente aburrido”, mientras que para “los liberales, un vano cancerbero teológico”. Y sigue diciendo Borges: “Imaginada de golpe, su concepción de un padre, un hijo y un espectro, articulados en un solo organismo, parece un caso de teratología (estudio de las anomalías de los animales y de los vegetales) intelectual, una deformación
que sólo el horror de una pesadilla pudo parir. El infierno es una mera violencia física, pero las tres inextricables Per- sonas importan un horror intelectual, una infinidad aho- gada, especiosa, como de contrarios espejos. Más adelante añade que para la teología no hay motivo de confusión, y que con esto “Ireneo se propuso salvar al monstruo, y lo con- siguió (…) Para el cristiano, el primer segundo del tiempo coincide con el primer segundo de la Creación –hecho que nos ahorra el espectáculo (…) de un Dios vacante que de- vana siglos baldíos en la eternidad ‘anterior’ ”.
No voy a comentar ninguno de los Evangelios apócrifos, aunque tienen tantas fábulas como los canónicos. Me limitaré a indicar algunas incongruencias de estos últimos que, consi- dero, no debemos ignorar:
Mateo 26, 6-7: Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a Él una mujer, con un vaso de ala- bastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús, que estaba sentado a la mesa.
Marcos 14, 3: Pero estando Él en Betania, en casa de Si- món el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.
Lucas 7, 36-38: Uno de los fariseos (Simón) le rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado (Jesús) en la casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora (…) tomó un frasco de alabastro con ungüento (…) y llorando con sus lágrimas bañaba sus pies y los ungía con el ungüento.
Juan 12, 1-3: Seis días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro (…) Y le hicieron allí una cena; Marta servía (…) Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo puro de mucho precio, y ungió con él los pies de Jesús (…).
Esto no necesita comentarios, pues La Palabra de Dios los relaciona como el mismo evento; sin embargo los guías es- pirituales lo tratan de explicar como hechos diferentes. Pero antes de dejar este asunto, hagamos un comentario más: el ungüento o perfume era carísimo. Su valor era de trescien- tos denarios, según San Juan 12:5. ¿Saben cuánto dinero era eso? Un denario representaba por lo general el salario diario de un jornalero, casi 4 gramos de plata. Desde el punto de vista de un asalariado en mi pobre país, eso representaría en el año 2006 la suma de 90.00 Lempiras/día, que por 300 denarios da 27,000.00 Lempiras ¡Upa! ¡Eso es una fortuna! Si lo vemos desde la perspectiva de un asalariado en un país rico, digamos España, eso representaría la suma de 300 por
40.00 Euros/día = 12,000.00 Euros. ¿Creen ustedes que una pecadora de la calle, como dice Lucas, podría pagar un per- fume de tal valor?
Según los cuatro Evangelios, Pilato clava en la cruz de Je- sús una inscripción donde se lee: “Rey de los judíos”; pero ninguno da una explicación a esto. Originalmente, la Iglesia lo explicaba diciendo que Pilato quiso burlarse de Jesús. Y la mayoría de los cristianos así lo acepta. ¿No sería rey realmente? En Mateo 2:2 leemos que los magos buscaban al rey de los ju- díos que acababa de nacer. ¿O es que también los magos se es- taban burlando? El mismo Jesús, en Lucas 23:3, cuando Pilato le pregunta si es el rey de los judíos, responde: “Tú lo dices”.
¡Aquí no podemos tomarlo a burla! Y en Juan 1:49, leemos que
Natanael le dijo a Jesús: “Tú eres el Rey de Israel”.
En Juan 6:15 Jesús entiende que lo quieren hacer rey. En Juan 19:19 vemos lo que Pilato escribió: “JESÚS NAZARE- NO, REY DE LOS JUDÍOS”. En Lucas 23:38 se lee: “ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS”. Para Marcos 15:26 era: “EL REY DE LOS JUDÍOS”. Y Mateo 27:37 dice: “ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS”. Según esto, no pode- mos negar que Jesús era un pretendiente al trono de Israel.
Se ha difundido la idea de que Jesús era carpintero, sin em- bargo, en ningún lugar de los Evangelios se afirma eso. Se dice que era hijo de un carpintero y por eso los cristianos suponen que lo era, creyendo que todos los hijos tomaban los mismos trabajos que sus padres. Esto lo dicen sin pensar, aunque ya sabemos que esta es una de las características principales de los creyentes en estos “textos divinos”.
Sabemos que Jesús era muy inteligente y que conocía muy bien el Antiguo Testamento, y suponemos que basó algunas de sus actuaciones en hechos profetizados ahí. Esto hacía que sus conciudadanos lo vieran como el enviado especial del que hablaban sus libros sagrados. Por ejemplo, la entrada a Jerusa- lén en un asno estaba escrita en Zacarías 9:9. Pero no todo le salía como lo había planeado, pues como todo ser humano a veces se equivocaba. Así, en 1 Samuel 21 se cuenta que David, con un encargo secreto del rey, fue a la ciudad de Nob, y ahí fue a buscar al sacerdote Ahimelec para que le diera cinco panes, o lo que tuviera. Sin embargo, en Marcos 2:26 vemos que Jesús se equivoca, y en vez de decir Ahimelec dice Abiatar. Otra equivocación de Jesús aparece en Lucas 24:25-27, donde se asegura que Jesús vino a morir para hacer cumplir las profe- cías del Antiguo Testamento. Sin embargo en Deuteronomio
18:15 se promete un profeta como Moisés. Tomen nota de es- to: no dice un Mesías, sino un Profeta, y además, no dice que morirá. En vez de esto, quien morirá será cualquier profeta que tenga la presunción de hablar en el nombre de Dios sin que este se lo haya mandado. O a lo mejor sí se está cumplien- do la promesa, y Jesús no era más que un charlatán a quien este dios no había mandado a propagar su palabra.
Hay otro asunto que vale la pena mencionar. En San Mateo
2 se dice que cuando Jesús nació, vinieron del Oriente a Je- rusalén unos magos. Sin embargo, en San Lucas 2:9-20 dice que se le presentó un ángel del Señor a un grupo de pastores que cuidaban su rebaño; estos pasaron por Belén y hallaron a
María y a José, y al niño acostado en el pesebre. ¿A quién debemos creerle? Es una suerte que los otros dos Evangelios no hablen de esto, porque seguramente uno nos hubiera contado que los que llegaron eran miembros del sindicato de carpin- teros, y el otro, que llegó el mismo Herodes para supervisar la muerte de aquel infante que amenazaba su poder, pero que estuvo frente a él y el dios todopoderoso lo cegó momentánea- mente para que no lo pudiera ver…
En otro de los párrafos más conocidos, podríamos pensar que se trata de un error de dedo, o quizás de un error escrito a propósito. Nos referimos a ese que nos cuenta que, al entrar Jesús en Jerusalén, fue proclamado por el pueblo. Una multi- tud lo vitorea, pero unos días después, esa misma multitud, cuando tiene que elegir si liberan a un preso o a él, prefieren al preso Barrabás… No encaja en la lógica este proceder. A mí me parece que este hecho se ha tergiversado a propósito, quizás
–como aseguran algunos– para culpar a los judíos y no a los romanos de la muerte de este personaje. Esto ayudaría al esta- blecimiento de esta corriente religiosa en el pueblo de Roma, pues esta versión lo influenciaría con más facilidad.
Con respecto a la muerte de Judas, en Mateo 27:5 se afirma que se ahorcó, pero en Hechos 1:16-18 dice que “era necesario que se cumpliera la Escritura que el Espíritu Santo predijo por boca de David acerca de Judas, el que condujo a los que prendieron a Jesús. Porque él era contado con nosotros y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron”.
En Mateo 5:9 Jesús dice: Bienaventurados los pacificado- res, porque serán llamados hijos de Dios. Pero en Mateo
10:34 advierte: No penséis que he venido a traer la paz so- bre la tierra; no he venido a traer paz, sino espada.
En Eclesiastés 1:4 dice que “generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanecerá”. Sin embargo en
2 Pedro 3:10 dice que “el Señor vendrá un día, como la- drón en la noche, en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”.
En Juan 1:18 dice que “Nadie ha visto jamás a Dios”. Sin embargo, en Amós 9:1 se dice: “vi al Señor junto al altar”. También en Éxodo 33:11 dice: “Así hablaba Yahvé con Moisés cara a cara como suele hablar un hombre con su amigo (…)”. También en 1 Timoteo 6:16 se dice que a Jehová ningún hom- bre lo ha visto ni puede verlo; y en este mismo versículo se afirma que Jehová habita en luz inaccesible, mientras que en 1 Reyes
8:12 Jehová dice que habitará en la oscuridad. Y para concluir con esta idea, recordemos que ya en el Génesis Jacob lo tuvo que mirar, pues había sido vencedor en una lucha contra él.
Los cristianos presentan a Jesús como un personaje mise- ricordioso, amante y compasivo, pero veamos qué dice Juan
2:15: “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del tem- plo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las mo- nedas de los cambistas, y volcó las mesas (…)”. Y en Lucas
22:36 se lee lo que Jesús les dijo: “y el que no tiene espada, venda su capa y compre una”. Luego, cuando lo arrestan, se ve que sus seguidores andaban con sus espadas y que quisieron defenderlo con ellas. En Mateo 10:34 (como vimos antes) se lee: “No penséis que he venido a traer la paz sobre la tierra; no he venido a traer paz, sino espada”. En Lucas 12:51 dice: “¿Pensáis que he venido para dar paz a la tierra? No, os di- go, sino disensión”. En esto como que no se equivocó nada, pues es la religión que tiene más ramificaciones…
A los defensores de los animales no les gustará saber que lue- go de curar a un leproso, en Mateo 8, le pidió que presentara la ofrenda ya estipulada por Moisés. Y esa ofrenda la podemos leer en Levítico 14, donde se nos indica que hay que tomar inmedia- tamente dos avecillas vivas y limpias para que a una se la mate y la otra se moje en la sangre de la desafortunada. Y luego, en el
octavo día, se toman dos corderos sin defecto y una cordera vir- gen para que se pueda degollar uno de los pobres animalitos. Pero cuando se enoja, Jesús también se las desquita con las inofensivas plantas, y así, podemos ver en Marcos 11:12-14 y en Mateo 21:19 que por tener hambre buscó frutos en una higuera que estaba cerca del camino, y como no los tenía, dijo: “Nunca jamás nazca de ti fruto”. Y luego la planta se secó. Esto es lamentable, pues debido al enojo de Jesús hoy no podemos saborear las frutas que antes de ese día las higueras nos ofrecían. Su enojo y su furia tam- bién se pueden ver en Mateo 23:13-36, donde acusa a escribas y fariseos. ¿Era misericordioso? En Mateo 8:21-22 se lee: “Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muer- tos entierren a sus muertos”.
Con respecto a si el sufrimiento viene del pecado, nos deja un poco confundidos, pues por una parte enseñó que no, aseguran- do que sólo sirve para demostrar la gloria de Dios, por ejemplo en Juan 9:1-3, donde sus discípulos, al ver un ciego de nacimien- to, le preguntan a Jesús: “¿Quién pecó, él o sus padres, para que naciese ciego?; y Jesús responde: “Ni él ni sus padres, sino que ello es para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Sin embargo, en otros pasajes dice lo contrario, por ejemplo en Marcos 2:5 al sanar a un paralítico, cuando dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados”; y en Juan 5:14 cuando advierte: “no peques más, para que no te suceda algo peor”.
Y la mentira más grande es la que aparece en Mateo 10:23, pues Jesús dice a sus apóstoles: “Cuando os persigan en es- ta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, an- tes que venga el Hijo del Hombre”. Sus apóstoles recorrie- ron esas ciudades, y otras más allá de los límites imaginados por Jesús, y se murieron esperando ese retorno anunciado. En Marcos 13:30 hablando del fin del mundo agrega: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto
acontezca”. ¿Cuántas generaciones han pasado? ¿Cuántas ge- neraciones hay en 2000 años? Sin embargo, Jesús sabe que está mintiendo, y en Mateo 24:36 se rectifica: “Pero en cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe, ni los ángeles del cielo, sino el Padre solo”. Y en Marcos 13:32 se agrega que no lo sabe “ni el Hijo, sino el Padre”. Sobre este último versículo, algunos comentaristas aclaran que “podría hacernos dudar de la divinidad de Jesucristo si no tuviésemos de su misma boca el testimonio de que Él es igual al Padre”…
En Mateo 12:40 dice que al igual que Jonás que estuvo en el vientre de un pez por tres días y tres noches (Jonás 1:17), así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra. Sin embargo, Marcos 15:42 explica que fue sepultado durante la noche de la víspera del día de reposo, o sea el viernes en la noche. En Juan 20:1 María Magdalena visita el sepulcro y lo ve abierto; esto ocurre el domingo, primer día de la se- mana estipulado en el calendario gregoriano. Debido a mi formación matemática, yo tengo una duda y es la siguien- te: del viernes al sábado es un día; del sábado al domingo es otro día. A mí me parece que el tercer día es el lunes, aunque existe la posibilidad de que los cambios en el siste- ma de medición de nuestro tiempo hayan transformado el lunes de aquella gente en nuestro domingo actual…
Terminemos este capítulo con una frase del Dr. Albert Schwitzer, teólogo alsaciano, filósofo, músico y físico, Nobel de la Paz, quien en su libro La búsqueda del Jesús histórico dice: “No hay nada más negativo que los resultados de un es- tudio crítico de la vida de Jesús. El Jesús Nazareno, quien emergió públicamente como el Mesías, quien predicó la ética del reino de Dios, quien fundó el reino de Dios en la tierra, y murió para darle a su trabajo consagración final, nunca tuvo existencia (…) Él es una figura diseñada por el racionalismo, dotado con vida por el liberalismo, y vesti- do en teología moderna en ropas históricas”.
6. El Corán
El hombre es un animal religioso. El hombre es el único animal religioso. Es el único animal que tiene la verdadera religión –varias de ellas–. Es el único animal que ama a su prójimo como a sí mismo y lo degüella si su teología no es la correcta.
Mark Twain, Cartas desde la Tierra
Cuando nació Mahoma, los árabes atravesaban una pro- funda crisis religiosa; la sociedad era politeísta y creían que muchos de sus dioses vivían en las piedras o en los árboles. Esta es la razón por la cual sienten mucha veneración por esa piedra negra llamada la Kaaba. En tiempos pasados, a este santuario, que no era el único, acudían los fieles en pe- regrinación, practicando ritos como el de la circunvalación, durante la cual se besaba, al igual que hoy en La Meca, la piedra negra.
El Corán significa “La Lectura”. Se consideran revelaciones hechas por Dios, codificadas en este documento por un pro- feta llamado Mahoma a mediados del primer milenio. Como en todas las religiones, se supone que Dios es el principio de todo principio y el final de todo final. Se juega con las pa- labras para buscar un significado que, entre más enredado, ayude a mantener a los ignorantes en su éxtasis espiritual.
89
En la época de Mahoma se creía que Yahvé, el dios de los judíos y de los cristianos, era el mismo que Allah, el dios más importante entre los que ellos adoraban. Pero los árabes nunca habían tenido un profeta, así que cuando Mahoma llegó, se supuso que aquel dios quería indicar a su pueblo el camino adecuado, el cual llegó en un mensaje sutilmente místico, pero también, y por razones políticas, lleno de ira y venganza.
Los estudiosos coránicos todavía no se ponen de acuerdo respecto a la fecha del nacimiento de Mahoma, cuyo nombre significa El Alabado. Pertenecía al clan de los otrora poderosos hachemíes o hasimíes. Sabemos poco de su infancia y juven- tud, pero siendo un niño huérfano, fue recogido por su tío Abú Talib. Mahoma vivió con su tío hasta que contrajo matri- monio con una viuda rica, llamada Jadicha, quien le doblaba la edad y con la que tuvo varios hijos que murieron jóvenes a excepción de Fátima.
Entre los veinte y los treinta años se dedicó a ayudar a su mujer en las tareas comerciales. Pero alrededor del año 611 comenzó a sufrir repentinamente lo que se conoce como “sus crisis religiosas”. Antes de esto, debió ser un buen pagano, y creía en genios, demonios y augurios. Cuando decía recibir la inspiración divina, se envolvía en un manto y parecía un bru- jo… Debido a esto, el historiador Teófano creyó que el profeta de los árabes había sido un pobre epiléptico. En el estado de inconciencia en que lo dejaban sus crisis, aseguraba recibir las palabras que eran para él revelaciones divinas, y que lo hacen creerse el Enviado de Dios. Esto que le ocurrió a Mahoma es similar a lo que vemos en muchos ritos actuales, ya sean budis- tas birmanos, cristianos evangélicos o simplemente animistas, en los que la gente con movimientos frenéticos parece perder la conciencia y unirse a su dios. Y ya que mencionamos esto, recordemos a aquellos ilusos de algunas sectas evangélicas que se ponen a gritar palabras trastocadas y sin sentido para luego asegurar que se comunicaron con su dios en un dialecto o
en otra lengua, porque parece que su “salvador” no habla el idioma nativo.
Mahoma creía que estas revelaciones procedían de un libro divino guardado en el cielo, el que sólo llegaban a conocer los puros. Parece que él no lo era, pues no llegó a leerlo personal- mente, pero en cambio se le recitaron fragmentos en la más pura lengua árabe. Dios se los comunicaba de tarde en tarde mediante espíritus de ángeles, uno de los cuales era el arcángel Gabriel (Corán, azora –capítulo– 2, aleyas 91-97).
Para la primera generación de musulmanes, el núcleo inicial de la predicación consistía en creer en Allah, pedir perdón por los pecados, rezar frecuentemente, no engañar, llevar una vida casta y no cometer infanticidios. Esto último porque existía la costumbre de matar a las recién nacidas cuando el primogénito no era un varón. Aunque la verdad es que esto no ha cambiado mucho, pues en más de un país con leyes islámicas la mujer está sometida desde que nace a una especie de prisión basada en el menosprecio y la denigración constantes. Para una visión clara de este asunto, léanse las historias de algunas mujeres musulmanas como Safiya Hussani, Amina Lawal, Dua Khalil Aswat, Zafran Bibi, Atefeh Sahaleh, Samia Shariff…
Mahoma inició su prédica alrededor del año 610 en la ciu- dad de La Meca. Los prosélitos fueron, en general, pobres, ya que los ricos veían en la nueva religión una amenaza a su privilegiada posición económica. Pero el entusiasmo religioso de Mahoma era tan fuerte que se convirtió en furia misionera, y a la vez que trataba de tranquilizar a los ricos, arreciaba en sus ataques contra la idolatría. Los adversarios y los seguidores de Mahoma se enfrascaron en luchas fratricidas que incluso hicieron que muchos musulmanes tuvieran que emigrar a Abi- sinia. Esta huida no fue bien vista por Mahoma, quien los acusó de cobardes, pues según su criterio no debían abando- nar la misión que Dios les había encomendado en la tierra. La situación de Mahoma debió de ser entonces particularmente
difícil, y sólo escapó a las intrigas de sus enemigos gracias, según él, a la protección de Allah, pero en verdad fue debido a la ayuda de su clan.
Cuando mueren su tío Abú Talib y su esposa Jadicha, Ma- homa se desanima. Le ocurren muchas cosas, pero el Profeta siente que Allah continúa a su lado y esto refuerza sus ideas con respecto al Corán. Cuando decide regresar a La Meca, lo hace de noche y se aprovecha de algún fenómeno natural para promover lo que se conoce como “el milagro de la luna par- tida” (Corán, azora 54, aleya 1). Esto alimenta entre algunos musulmanes, todavía hoy, la idea de que la luna está dividida en dos partes… Pero en aquellos días Mahoma no pudo per- manecer en la ciudad de La Meca, por lo que se escabulló en lo que se conoce como La huida, la famosa Hégira, que tuvo lugar el 16 de julio del año 622 d. de C., fecha que se considera el comienzo de la era musulmana.
Cuando Mahoma llegó al poder, trató de formar un Es- tado con libertad de cultos en el que pudiesen subsistir los judíos, a quienes trató de atraer hacia su religión adoptando algunas de sus formas culturales, por ejemplo el ayuno y la oración del mediodía con sus respectivas purificaciones. Sin embargo, esta paz no duraría mucho, y al final, Mahoma arremete contra ellos. Estos cambios de actitud contra sus adversarios fueron fácilmente justificados a través de las con- tinuas revelaciones divinas.
Empezó a reforzar su autoridad personal ordenando que los creyentes tuvieran que obedecer a Allah, y por lo tanto a él, que era “su Enviado”. Quien no lo hiciera, no gozaría de los placeres del Paraíso, pero mientras tanto tendría seguro el infierno aquí en la tierra. Así, con Allah de su parte, empezó a atacar a sus enemigos y a acrecentar su poder y fortuna. Los adultos eran asesinados, los niños y las mujeres esclavizados, y los bienes de los que se apropiaban eran repartidos entre sus seguidores.
En una de sus tantas victorias, se casó con la hija de uno de los vencidos, Zaynab, quien intentó, sin éxito, envenenarlo. Sólo quiero recordar que esta mujer no es la misma niña de seis años con la que se casó Mahoma, y con la cual tuvo rela- ciones sexuales cuando ella tenía apenas nueve.
Pero como ocurre siempre, en ciertos momentos dios se des- cuida y las guerras se pierden, y eso le pasó en Muta, al sur del Mar Muerto. Mahoma estaba en Medina, donde la no- ticia de la derrota fue mal recibida, pero se aprovechó de la situación para romper acuerdos diplomáticos que tenía con sus enemigos los coraixíes, y así invade La Meca, ciudad que esta- ba harta de las guerras, y que se entregó sin luchar. Mahoma destruyó los ídolos y mintió al decir que la ciudad había sido conquistada por la fuerza. Esto le permitió esclavizar a sus ha- bitantes para luego liberarlos, en una grandiosa demostración de su clemencia.
Mahoma continuó sus luchas y así pudo consolidar su po- der e instituir su proyecto de Estado. Durante el resto de su vida, continuó recibiendo revelaciones, pero cuando regresaba a Medina lo sorprendió la malaria. Al sentir que le llegaba su fin, pidió perdón por las ofensas que hubiera cometido y aseguró haber recibido una última revelación que decía: “Hoy os he completado mi religión y he terminado de daros mi bien. Yo os he escogido el Islam por religión”.
Las pasiones se desataron a su muerte, y fueron tantas las discusiones entre sus seguidores, que dejaron el cadáver solo durante un día, hasta que ya se habían puesto de acuerdo so- bre quién sería el vicario del Enviado. Ya tranquilizados por el acuerdo, volvieron para enterrarlo.
Así, como en otras religiones, las enseñanzas fueron motivo de interpretaciones variadas, lo que hizo surgir cuatro escuelas teológico-filosóficas que trataron de explicar algunas inquie- tudes planteadas por ciertos estudiosos islámicos. Ya lo había predicho Mahoma cuando afirmó que su religión se dividiría
en setenta y tres facciones, donde una sola estaría en posesión plena de la verdad. Estas escuelas son:
1. Los sunníes
2. Los mutazilíes
3. Los siíes o chiítas
4. Los modernistas
Los sunníes, que representan casi el noventa por ciento de todos los musulmanes, consideran que la sucesión de Maho- ma debe basarse en la capacidad del Califa y no en sus lazos de sangre. Los sunníes reciben este nombre por la importancia que dan a la Sunna, o sea a la colección de dichos y hechos atri- buidos a Mahoma y transmitidos de forma oral. Ellos adaptan las enseñanzas del Corán a las exigencias de la época.
Los mutazilíes se apegan a la razón y a la lógica rigurosa. Parece ser que la traducción de las obras filosóficas griegas al árabe en los siglos VIII y IX contribuyó a la aparición de es- ta escuela teológica islámica. Para los mutazilíes, una persona que comete un pecado grave sin arrepentirse ocupa un lugar intermedio entre un musulmán y un no-musulmán. Realizan los mismos juegos filosóficos de las grandes religiones para en- redar a la gente que no puede pensar. Esta escuela puso énfasis en la absoluta unicidad de Dios, afirmando que Dios era pu- ra esencia sin atributos, pues estos implican multiplicidad. La justicia divina requiere del libre albedrío, ya que si el individuo no puede elegir entre el bien y el mal, no habría razón para un premio o un castigo eterno. Dios, al ser perfecto y justo, no se puede abstener de recompensar el bien y castigar el mal. Este grupo tuvo sus detractores en el siglo X, cuando el filósofo Al- Ashari y sus seguidores negaban el libre albedrío considerando que este concepto era incompatible con el poder absoluto y la voluntad de Dios. También negaban que el hombre pudiera distinguir entre el bien y el mal, pues las verdades morales eran establecidas por Dios y sólo era posible conocerlas a tra- vés de la revelación divina. Estas interpretaciones se fueron
aceptando poco a poco entre los sunníes y son predominantes en el mundo islámico actual.
Los chiítas, en cambio, consideran que Alí fue el iniciador de la línea sucesoria de Mahoma y que los Califas posteriores a la muerte de Alí han sido usurpadores. En esta escuela abun- dan las interpretaciones alegóricas, donde el Corán dice lo que ellos quieren expresar. Se dividen en muchas sectas (imanitas, zaidíes, ismaelitas…) que se anatematizan entre sí. Veneran a Mahoma, a Alí y a Husain, y han creado una trinidad simbó- lica parecida a la de los cristianos, en la que Mahoma repre- senta la revelación, Alí la interpretación coránica y Husain la redención. Además de La Meca, son sitios de peregrinación sagrada Kerbalá y Nagiaf, pues ahí están enterrados los dos últimos personajes mencionados.
En nuestros días, las interpretaciones modernas han em- prendido nuevos derroteros, buscando conceptos en el Corán que lo hagan un libro progresista y rebosante de todos los co- nocimientos humanos. Hay una corriente que transforma el Corán en un manual de divulgación de la ciencia contempo- ránea, entremezclando la teología con la biología, la física, la geometría…
Los musulmanes son muy ortodoxos, y encuentran que las sociedades modernas están en contradicción con sus normas. Para ellos, los problemas sociales y políticos deben resolverse mediante la religión. Consideran que no hay diferencia entre Dios y el César. Para ellos, Dios es César. Están convencidos de que la salvación de la humanidad se alcanzará solamente a través del Islam. Sin embargo, los movimientos islámicos no presentan un perfil unificado, habiendo unos que luchan con- tra su gobierno, mientras que otros se ocupan de la expansión de la religión. La violencia está permitida y se aplica según las circunstancias y normas del Corán. Unos se ocupan de los pobres, otros se dedican al reclutamiento de nuevos creyen- tes y otros, sin omitir algunos comportamientos benefactores,
se tiran de lleno a la acción violenta. Pero también están los que, basados en las enseñanzas del Corán, se dedican exclusi- vamente a la lucha armada.
Hay una secta musulmana llamada Yezidis. Como dice André Wautier en su Diccionario de los Gnósticos, están pre- sentes sobre todo en el Kurdistán. Su nombre viene del califa Yazid, quien a la vez se apoyaba en las enseñanzas místicas de Adi Moussafir. Para ellos, nada se puede temer de Allah, pues este es la bondad y la misericordia misma. Pero es con- veniente ganarse el afecto de Satán y de Iblis, el príncipe de los “djenoun”, o sea, según la teología musulmana, unos genios o ángeles buenos que habitaron la tierra antes de la creación de Adán (véase en el Corán, la azora 72, que se dedica enteramente a ellos). Los yezidis rinden culto a Satán y veneran a Iblis, al que representan como un pavo real. En lo que respecta a Satán, ellos creen que este se rebeló contra Dios, aunque lo adoraba en exceso, porque se sintió molesto cuando aquel le ordenó que se postrara ante Adán (véase la azora 2, La Creación y Caída de Adán). Su culto es un sin- cretismo, o sea, una conciliación de islamismo, cristianismo y antiguas supersticiones kurdas; y aseguran que en el fin de los tiempos Iblis y Satán serán perdonados y el infierno será suprimido. Por el momento, los yezidis creen que Satán, bajo el nombre de Lucifer, ya está entre nosotros y sirve de inter- mediario entre los hombres y Dios, a quien transmite sus plegarias. Agreguemos que creen en la metempsicosis (trans- migración de las almas después de la muerte) y que aceptan el adulterio femenino siempre y cuando sea aprobado por el marido. Tienen cinco grados de iniciación, y entre los prime- ros cuatro es común prestar sus esposas a los Jeques o Sobe- ranos. La cantidad de esposas puede llegar a cinco, aunque la mujer puede divorciarse simplemente con irse a la casa de sus padres, de donde, después de cierto tiempo, puede hacer el contrato para un nuevo matrimonio.
En España hay seis corrientes importadas por los inmigran- tes del Magreb (norte de África), y son: Yama’a At-Tabligh, Justicia y Caridad, Al Murabitún, Hermanos Musulmanes, Hizb ut-Tahrir y Takfir Wal Hijra. En un capítulo posterior hablaremos de las sectas, por el momento sólo diremos que algunos de estos grupos son peligrosos y que, por ejemplo, la corriente Takfir es una ideología en la que muchos de los terroristas islámicos encuentran apoyo. El grupo Hermanos Musulmanes, en Egipto, ha tomado la forma de un partido político de tendencia ultra reaccionaria, y como dato curioso, en las páginas de Internet consideran a España como parte de la gran nación musulmana. El grupo Al Murabitún defiende la reinstauración del califato mundial y la vuelta al pasado, y rinde culto al nazismo, considerando a Hitler el primer mu- yahidin de la historia.
Bueno, pero ya es hora de leer algunas de las revelaciones dadas a Mahoma por ese dios que se autoproclama Clemente y Misericordioso:
En la azora 2, titulada La Vaca, ya se nos indica que el Corán está dirigido a aquellos que “creen en lo desconocido”. No se debe pensar. Se debe creer en lo que fue revelado. Los que es- tán convencidos, los que no piensan, esos son los que están en el buen camino, los bienaventurados. Pero quienes son incré- dulos, afirma, no lo son por voluntad propia, pues en la frase siguiente el mismo Dios dice haber “sellado sus corazones y su oído. Sobre su vista hay un velo”. Y yo me pregunto:
¿entonces por qué los castiga? Y cuando incita a la guerra, dice: “Combatid en la senda de Dios (…) Quien presta espon- táneamente dinero para la guerra santa a Dios, este se lo duplicará muchas veces. Dios cierra y abre su mano como le place”. Agrega que envió a profetas, entre ellos a Jesús, y que quienes vivieron después de estos, creyentes e incrédulos, lucharon entre sí porque él quiere. “Si Dios hubiese querido, no se hubiesen combatido, pero Dios hace lo que quiere”.
Volvemos a lo mismo, y por eso de nuevo pregunto: ¿y por qué el castigo a los que no creen, si él mismo así lo quiere?
“Se os prescribe el combate, aunque os sea odioso”. Y luego, volviendo a los enredos lingüísticos para manipular al que no piensa, agrega: “Es posible que abominéis de algo que os sea un bien, y es posible que estiméis algo que os sea un mal. Dios sabe, mientras vosotros no sabéis”. Después se lee que en el mes sagrado un combate es peca- do grave, pero es más grave si se permite que sus devotos sean alejados de Allah y expulsados de la Mezquita Sagrada, por eso “la impiedad es más grave que la lucha”. “Quien abjure su religión y muera, es infiel, y para esos serán inútiles sus buenas acciones en esta vida y en la última; esos serán pasto del fuego; ellos permanecerán en él eter- namente”. “Quienes creen, quienes emigran y combaten en la senda de Dios, esos pueden esperar la misericordia de Dios, pues Dios es indulgente, misericordioso”. Para los terroristas musulmanes, esta frase es inspiradora, pues ellos tienen la firme convicción de que luchan por Allah y, además, que de las setenta y tres facciones del Islam que pro- fetizó Mahoma, la de ellos es la verdadera.
En la azora 3 (La Familia de Imran) vuelve con la misma canción: “Él es quien os moldea en el seno de vuestras ma- dres como quiere”. “¡Oh, Dios mío! Das realeza a quien quieres, y despojas de realeza a quien quieres. Elevas a quien quieres, y humillas a quien te place. En tu mano está la felicidad. Tú eres poderoso sobre todas las cosas”. Según esto, Allah moldeó a Salman Rushdie desde que estaba en el vientre materno… ¿Por qué lo quieren matar? ¿Por qué quieren combatir los designios divinos?
En la azora 4 (Las Mujeres) llama a los que creen a lanzarse contra los enemigos por grupos o en bloque: “A quienes com- baten en la senda de Dios, sean matados, sean vencedores, les daremos una enorme recompensa”.
Miren esta contradicción en la azora 16 (La Abeja): “Si Dios hubiese querido, habría hecho de vosotros una comuni- dad única, pero extravía a quien quiere y conduce a quien quiere. Se os preguntará acerca de lo que hayáis hecho”.
¿Para qué se le va a preguntar sobre lo que ha hecho, si Él ya decidió antes si extraviaba o no a dicha persona?
En la azora 22 (La Peregrinación) se comenta al final que el Clemente “conoce lo que hay en el cielo y en la tierra. Eso lo dice en el Corán. Eso es fácil para Dios”. ¿Por qué enton- ces los fanáticos islámicos se enojan cuando alguien se expresa en desacuerdo con su libro sagrado? Supongo que no tienen absoluta confianza en lo que está escrito, y por eso se ofenden y se desquitan con aquel que no comparte su fe.
En la 23 (Los Creyentes) se dice que el hombre fue creado de arcilla, a la cual se le puso “una gota de esperma en un receptáculo sólido”, luego se transformó “la esperma en un coágulo de sangre”, luego este “en un bolo” que se trans- formó “en huesos y revestimos los huesos de carne”. En la
22 ya se comentó que este coágulo de sangre es fijado en un útero “por un plazo determinado”, de donde “hace salir a los niños”. O sea que la mujer es ese receptáculo que sólo sirve para fijar ese elemento dador de vida. En este mismo capítulo se dice algo cómico, cuando habla de las vergüenzas, o sea del sexo, pues es bienaventurado el que cubre esta parte de su cuerpo. Si esto causa vergüenza, ¿por qué el Todopoderoso, el Clemente, el Misericordioso, no creó al hombre sin esta co- sa, que para Él es pudenda? Entonces, bienaventurado el que esconde sus vergüenzas, da limosna, no chismorrea y en su plegaria es humilde.
En la azora 36 (Ya, Sin) dice que “el Sol corre hacia un domicilio que le pertenece”, y que ha “dado mansiones a la Luna hasta que vuelva a ser un creciente”. Agrega que “no es conveniente ni que el Sol alcance a la Luna ni que la noche adelante al día. Cada uno navega en una esfera”.
Con estas ideas y en esta parte del mundo, Galileo Galilei ni siquiera hubiera podido tener un juicio…
En la azora 48 (La Victoria) el Clemente se proclama dueño “de los ejércitos de los cielos y de la tierra”. ¿Y para qué ne- cesita ejércitos un ser tan Poderoso y Sabio? Luego dice que Él “perdona a quien quiere y castiga a quien quiere. Dios es indulgente, misericordioso”. ¿Para quien? ¿Para el perdona- do o para el castigado? El grito de guerra es: “¡Combatidlas o Islamícense!”. El rendirse a Él produce “una hermosa re- compensa”; caso contrario, “un castigo doloroso”. En la 40 reafirma “que perdona el pecado, acepta el arrepentimien- to, es terrible en el castigo”.
En la azora 55 (El Clemente) dice que Dios “ha creado al hombre de arcilla, como la cerámica, y a los genios, de fuego purísimo”. Agrega que “ha hecho confluir los dos mares”. ¡Dos mares! Mejor hubiera dicho “todos los mares”,
¿verdad? ¡De suerte que es Sabio!
En la azora 59 (La Reunión), aleya 2, dice que “Dios llegó a ellos (judíos enemigos) por donde no esperaban”; y luego: “Con sus manos y con las manos de los creyentes demolerán sus casas. ¡Tomad ejemplo, poseedores de entendimiento!”
En la aleya 4 de la misma azora dice: “Quien se aparta de Dios, sufre un castigo. Dios es duro en el castigo”. Y en la aleya 6 agrega que “Dios da poder a sus enviados sobre quien quiere. Dios es, sobre toda cosa, poderoso”. Es con- veniente ser el Enviado de Dios, ante todo cuando se necesita destruir al enemigo, en este caso los judíos, que siendo el pue- blo elegido no gozó de los favores de Mahoma.
En la azora 81 (El Oscurecimiento) dice que “cuando el Sol se oscurezca” los astros se van a empañar. Dice otras ton- terías, como esa de que “las camellas de diez meses” serán “abandonadas” y “las fieras reunidas”. Todos sabemos que si el sol se oscurece, las estrellas se verán más claras, pero él continúa y dice que el Infierno es atizado. ¿Por quién? Me
imagino que por el mismo Dios, que no tiene muchas cosas que hacer y se entretiene con estas faenas. Satán, en cambio, sí debe andar ocupadísimo, ya que aparece inspirando toda la maldad en el mundo.
En la azora 86 (El “Astro” Nocturno) dice que el hombre “ha sido creado de agua eyaculada que sale de entre los ri- ñones y el mediastino”. Para los que no sabemos, mediastino es el espacio irregular comprendido entre una y otra pleura y que divide el pecho en dos partes laterales; pleura es cada una de las membranas que en ambos lados del pecho cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones. Bueno, ¡ahora ya sabemos de dónde venimos!
En la azora 95 (Las Higueras) dice que el Misericordioso creó “al hombre dándole la más hermosa constitución, pe- ro (…) luego le transformó en el más bajo de los bajos; (se exceptúan quienes creen y hacen obras pías. Estos tendrán una recompensa sin límites)”.
La azora 108 (La Abundancia) asegura, por ejemplo, que quien detesta a Mahoma carecerá de hijos varones. ¿Será que los ateos tenemos hijos varones porque no lo detestamos, sim- plemente lo ignoramos? En la 109 (Los Incrédulos) el título explica de qué habla, pero los incrédulos no son los que no creen, sino los que no pertenecen al Islam. En la 111 (¡Pe- rezcan!) anuncia que Abu Lahab “será tostado en un fuego llameante”, ¡y su propia mujer acarreará la leña!
Ya sabemos que en todas las religiones se narra el mismo cuento infantil: un iluminado llega al mundo y llena su vida de hechos fuera de lo común, por lo que algunos siglos des- pués, aquellas aventuras se transforman en actos maravillosos y misteriosos, causando idolatría en su seguidores, quienes aceptan sin tapujos cualquier hecho imposible de haber ocu- rrido. Ya me imagino que en el año 3000 se rendirá culto a Prem Rawat, conocido como Maharaji, una persona que en- seña el bienestar que da el conocerse a sí mismo. Este hombre
viaja por todo el mundo dando unas conferencias magistrales cuyos ejemplos llenan de espiritualidad a todo aquel que lo escucha. Hoy dice que no es dios, pero cuando comenzó su tarea, allá por los años ‘70, afirmaba que era la reencarnación de Dios. Estoy seguro de que con el paso del tiempo sus se- guidores recobrarán sus primeros discursos y lo elevarán a un nivel parecido al de Jesús, Buda o Mahoma, y crearán una nueva religión que a lo mejor se llamará Rawatismo.
Y hablando de las mujeres, el Corán no se queda atrás en el menosprecio que Dios siente ante ellas. Todo su discurso se dirige al hombre, y así, vemos en la azora 2 lo que dice con re- ferencia al ayuno: que es “lícito, la noche del ayuno, la visita a vuestras mujeres”. Luego agrega que “quien se imponga la peregrinación, no galanteará”. Después dice que la mens- truación “es un mal”, que hay que apartarse “de las mujeres en este momento hasta que estén puras”. “Para quienes juran separarse de sus mujeres, se prescribe una espera de cuatro meses”, periodo durante el cual pueden arrepentirse. Las mujeres “repudiadas esperarán tres menstruaciones antes de volverse a casar”. “Las mujeres tienen sobre los esposos idénticos derechos que ellos tienen sobre ellas, pe- ro los hombres tienen sobre ellas preeminencia (privilegio, ventaja o preferencia que goza uno sobre otro). Dios es pode- roso, sabio”. “El repudio con reconciliación posterior es lícito dos veces”. Las que hayan perdido a su esposo, tendrán que esperar “cuatro meses y diez días” para volverse a casar. Un hombre vale por dos mujeres, según dice en el párrafo de- dicado a las deudas, testimonios y contratos, pues cuando dice que debe haber dos testigos, agrega: “Si no encontráis dos hombres, requerid a un hombre y dos mujeres”.
La azora 4 dice: “si teméis no ser justos con los huérfanos (…) casaos con las mujeres que os gusten, dos, tres o cuatro. Si teméis no ser equitativos, casaos con una o con lo que poseen vuestras diestras, las esclavas. Eso es lo más indica-
do para que no os apartéis de la justicia”. “Dios os manda acerca de vuestros hijos: Dejad al varón una parte igual a la de dos hembras”. Contra las mujeres que cometen fornicación, se necesitan “cuatro testigos” que den “fe contra ellas”. Si eso ocurre, las mujeres serán mantenidas “cautivas en las habita- ciones hasta que las llame la muerte o Dios les dé un proce- dimiento”. “A aquellos dos, de entre vosotros, que cometen este pecado, castigadlos”. “Los hombres están por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos respecto de otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas a favor de las mujeres. Las mujeres piadosas son sumisas a las dispo- siciones de Dios; son reservadas en ausencia de sus maridos (…) A aquellas de quienes temáis la desobediencia, amones- tadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretexto para maltratarlas. Dios es altísimo, grandioso”. “No os acerquéis a la oración si estáis ebrios (…) enfermos o de viaje, si viniese uno de hacer sus necesidades, o habéis tocado a las mujeres”. “Quienes creen (…) tendrán esposas puras”.
Es fácil apreciar en estas aleyas (versículos) la alta valora- ción que se les da a las mujeres. La idea de que son inferiores sigue causando actualmente mucho sufrimiento a miles de niñas musulmanas; el maltrato físico y psicológico por parte de sus padres es un acto deshumano, por el que nadie pro- testa, pues está protegido por el velo de una de las religiones más embrutecedoras del mundo. En su libro El velo del mie- do, Samia Shariff nos cuenta cómo su madre la menospre- ciaba simplemente por el hecho de ser mujer. A menudo le decía que “una buena musulmana conoce tres lugares sa- grados: la casa de sus padres, la residencia de su marido y finalmente la tumba”. De acuerdo con la Sharia, que es un código de conducta de los musulmanes, las mujeres son con- sideradas inferiores a los hombres y tienen pocos derechos y responsabilidades. El hombre tiene el derecho moral y reli-
gioso de golpear a su esposa debido a desobediencia y a malas conductas. Ellas no pueden elegir ni a su esposo, ni su lugar de residencia ni su ropa. La edad legal para casarse varía se- gún el país. Así, en Irán es entre 9 y 13 años, mientras que en Túnez es entre los 15 y los 17. En algunos países, una musul- mana no puede casarse con un no-musulmán, mientras que los hombres sí pueden casarse con mujeres no-musulmanas. Para proteger la moralidad y ocultar el atractivo sensual de las mujeres, las obligan a cubrirse el cuerpo, la cara y los bra- zos. Según sus creencias, el hombre no se puede controlar, y son las mujeres quienes pagan por esto.
Y ya que mencionamos la Sharia, aprovechemos un poco para hablar de esta. Es, sobre todo, un instrumento que per- mite al mundo político controlar el mundo social. Aunque fue inspirada por el Corán, se ha desarrollado a través del tiempo siguiendo las ideas de los estudiosos de cada época. Es, según sus creencias, un documento inspirado por Allah. En térmi- nos sencillos, se trata de un instrumento legal que permite imponer la teocracia sobre la democracia, así como el irrespeto de los derechos humanos universales y el castigo severo contra aquellos que no están de acuerdo con sus normas. Es increíble cómo leyes tan anticuadas y sin sentido pueden regir la vida de millones de seres del siglo X XI. En marzo de 1996, en Afganis- tán, una mujer llamada Camila fue lapidada hasta morir por habérsela encontrado en compañía de un hombre que no era cercano a la familia. En Los Emiratos Árabes, muchas mujeres han sido castigadas severamente por tener sexo extramarital. En Nigeria, en el 2001, Bariya Magazu, una joven ultrajada por tres hombres, fue castigada por tener sexo extramarital y por levantar falsos testimonios contra los hombres involucra- dos en la violación. En Sudán, Abok Alfa Akok, una joven de
18 años, fue violada y acusada de adulterio por su marido… Y así miles de casos han ocurrido y siguen ocurriendo sin que la prensa internacional se ocupe de ellos.
En la azora 5 (La Mesa) se dice: “cuando os dispongáis a hacer plegaria, lavad vuestras caras y vuestras manos has- ta los codos. Pasad la mano por la cabeza y por los pies hasta los tobillos. Si estáis impuros, purificaos; si estáis enfermos, en viaje o viniese uno de vosotros del retrete, o hubieseis tocado a las mujeres y no encontraseis agua, frotaos con polvo bueno –arena– y lavaos vuestros rostros y vuestras manos”.
En la azora 24 (La Luz) se instruye a darle cien azotes a la adúltera o al adúltero. Una adultera sólo puede casarse con un adúltero y viceversa. Los esposos que acusan a su cónyuge sin tener “otro testimonio más que su propia persona”, deben hacer “cuatro declaraciones reiterando, por Dios” que están diciendo la verdad. Además, si están mintiendo, deben solici- tar para sí “la maldición de Dios”. La mujer puede responder “mediante cuatro declaraciones” que su esposo está mintien- do, y además solicitar que contra ella caiga “la cólera de Dios” si no está diciendo la verdad. En esta misma azora se informa a las creyentes que deben bajar los ojos, ocultar sus partes y mostrar sus adornos sólo en lo que se ve: “¡Cubran su seno con el velo!”. No deben mostrar sus adornos “más que a sus esposos, o a sus padres, o a los padres de sus esposos, o a sus hermanos, o a las mujeres o a los esclavos que posean, o a los varones, de entre los hombres, que carezcan de instinto (an- cianos, eunucos, dementes), o a las criaturas que desconocen las vergüenzas de las mujeres; estas no meneen sus pies de manera que enseñen lo que, entre sus adornos, ocultan”.
La azora 64 (El Mutuo Desengaño) dice: “En vuestras es- posas y en vuestros hijos tenéis un enemigo. ¡Guardaos de ellos!”.
En la 65 (El Repudio) se dan las instrucciones pertinentes para repudiar a las mujeres.
La 66 (La Prohibición) dice que si el Profeta repudia a sus mujeres, “es posible que su Señor le dé en cambio esposas
mejores”, y añade en la aleya final que “María, hija de Joa- quín, quien conservó su virginidad” es digna de recibir en ella parte del espíritu divino.
La 53 (El Astro) dice: “Él ha creado las parejas, macho y hembra, a partir de una gota de esperma cuando se eyacu- la”. Bueno, a pesar de ser tan Sabio, no sabía que se necesitaba un óvulo femenino para realizar esta tarea.
Como el islamismo es hijo del judaísmo, es normal que el Corán mencione a Jesús, y así, la azora 3 refiere la revelación a María, su madre, la cual se asombra al enterarse de que está embarazada porque ella sabe que no ha estado con ningún hombre. Los ángeles le dijeron que ese su hijo, “cuyo nombre es el Mesías, será ilustre (…) y que estará entre los próxi- mos a Dios”. Luego indica que hará proezas extraordinarias con el permiso de Dios. “Los judíos tramaron una intriga contra Jesús, pero Dios tramó contra ellos. ¡Dios es el me- jor de los intrigantes!”. Aquí vuelven a culpar a todo el pue- blo judío por lo que hicieron sus jerarcas religiosos. “Jesús es, ante Dios, igual que Adán, al que creó del polvo. Luego le dijo: “sé”, y fue”.
En la azora 4 se asegura que Jesús no fue muerto ni crucifica- do. Según el Islam, el crucificado fue un tal Sergio. “Quienes discuten y están en duda acerca de Jesús, no tienen cono- cimiento directo de él: siguen una opinión, pues, con cer- titud, no lo mataron. Al contrario, Dios lo elevó hacia Él, pues Dios es poderoso y sabio”. “Realmente el Mesías, Jesús, hijo de María, es el Enviado de Dios, su Verbo, que echó a María y un espíritu procedente de Él. Creed en Dios y en sus enviados. No digáis “tres” (…) Realmente, el Dios es un dios único (…) ¿Tendría un hijo cuando tiene lo que está en los cielos y en la tierra? ¡Dios basta como garante!”.
En la azora 5 se dice que ha aceptado la alianza de los lla- mados cristianos, pero que estos han olvidado las cosas que se mencionan en su libro. Agrega más adelante: “hicimos seguir
las huellas de sus profetas a Jesús, hijo de María, confir- mando así el Pentateuco que ya tenían. Le dimos el Evan- gelio: en él hay guía y luz”. Luego viene la contradicción, pues como vemos, en una parte acepta y algunos renglones más abajo, hablando de los judíos y cristianos, les prohíben pactar con ellos. “Quien de entre vosotros los tome por amigos, será uno de ellos. Dios no conduce a la gente in- justa”. Después agrega que “son infieles quienes dicen Dios es el Mesías, pues el Mesías dijo: Hijos de Israel, adorad a Dios, mi Señor y vuestro Señor”. “Son infieles quienes di- cen: Dios es el tercero de una tríada. No hay dios, sino un Dios único”. Más adelante se hace un recordatorio de Jesús referente a todo lo que hizo, pues lo hizo porque Dios lo per- mitió: cuando habló desde la cuna, cuando formó pájaros del barro, cuando curó a la gente, cuando revivió a los muertos… La azora 19 (María) narra que a esta se le apareció un en- viado de Dios para indicarle que engendraría a un mucha- cho puro: “Ella quedó encinta y se retiró con el niño a un lugar apartado. Le llegaron los dolores del parto junto a una palmera”. Ella siguió las instrucciones del Clemente y “el mismo día fue a su familia llevando el niño”. Se asustaron y la regañaron porque pensaron que había pecado, pero ella les pidió que interrogasen al niño. “Le dijeron: ¿cómo vamos a dirigir la palabra al niño que está en la cuna? Pero éste respondió: Yo soy siervo de Dios. Él me ha dado el Libro y me ha hecho profeta, me bendice dondequiera que esté y me ha prescrito, mientras viva, la plegaria, la limosna y el cariño final a mi madre”. “Ese es Jesús, hijo de María,
Verbo de la Verdad sobre el cual discuten los cristianos”. En la azora 43 (Los Ornamentos) se habla de la misión de
Jesús, quien fue un servidor al que se favoreció y se puso como ejemplo a los hijos de Israel.
En la 57 (El Hierro) dice que Dios envió a Jesús con el Evan- gelio. Asegura que puso compasión, misericordia e institución
monástica en sus seguidores para que buscaran la satisfacción de Dios, pero que aquellos no la cumplieron como debían.
En la 61 (La Línea de Combate) dice que Jesús, el hijo de María, aseguró ser el Enviado de Dios para confirmar el Penta- teuco, y anunció que después de él vendría un Enviado llamado Ahmad. Con respecto a esto, los musulmanes se apoyan en el Evangelio de San Juan, pues en 14:16 dice: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Intercesor, para que esté con vosotros siempre”. Además lo confirma en este mismo Evangelio, en
16:7-8: “Pero os lo digo en verdad: Os conviene que me vaya; porque si no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. Por esto los musul- manes creen que Mahoma fue anunciado por Jesús, y que Dios instruyó a los hombres para que se convirtieran al Islam.
Y en lo que se refiere a la vida eterna, el Corán ofrece las delicias más extravagantes en comparación con las otras re- ligiones; así, en la azora 47 (Mahoma ¡Bendígale Dios y Le Salve) Dios ofrece, a los que se ganarán vida eterna, un paraíso “con ríos de agua incorrupta, ríos de leche, cuyo sabor no se alterará, ríos de vino que serán delicia de los bebedo- res”. Poco después dice que las bebidas de este paraje no serán embriagadoras; serán vinos sin ningún grado de alcohol. Pe- ro también habrá “ríos de miel límpida”. Sin embargo, para aquellos que no estén bajo su protección, habrá únicamente “agua hirviente que les destruirá las entrañas” al beberla. Me imagino que para lograr que el sufrimiento sea eterno, tendrá que curar periódicamente las entrañas de los penitentes a fin de poder repetir el ciclo del castigo sin fin.
En la azora 52 (El Monte) ofrece a sus seguidores las exqui- siteces del Paraíso, las cuales pasa a describir en detalle en la azora 56 (El Acontecimiento).
En la azora 55 (El Clemente) menciona que los que estén con él, o sea “los bienaventurados estarán reclinados sobre
tapices cuyo reverso será de brocado” y que habrá mujeres maravillosas (como rubíes y coral) a quienes, antes de ellos, nadie ha tocado, ni hombres ni genios. ¡Para ese dios, esos placeres recompensan el bien que hicieron en la tierra! Dí- ganme si no es un poco tacaño; ¿por qué no agregó también juegos virtuales, juegos de mesa, juegos alrededor de una foga- ta, juegos peligrosos o nuevos entretenimientos que lograran que una vida eterna fuera agradable? No lo veo mal, pero es- tar toda una eternidad entre vírgenes excelentes, hermosas y enclaustradas en pabellones, y tener al lado frutas deliciosas, como que se me hace un poco aburrido…
La azora 56 nos habla de la vida futura, donde los hombres “en estrados incrustados de oro y pedrerías se reclinarán enfrentados”. No entiendo para qué pueden servir las piedras preciosas o el oro en aquel ambiente, pero sigamos con la des- cripción, donde se indica que habrá tres grupos de individuos: los de la izquierda, los de la derecha y los precursores o los allegados a Dios. En ese lugar tan anhelado por los creyentes, los hombres serán atendidos por jovencitos vírgenes inmor- tales, quienes les servirán bebidas refrescantes que no serán embriagantes ni soñolientas. Quiero aclarar aquí que no me he equivocado. El Corán dice jovencitos, aunque yo quisiera pensar que estos deberían estar en la sección femenina del Pa- raíso, pues en el lado de los hombres sería mayor el placer si las bebidas fueran servidas por jovencitas de curvas sensuales, sean o no vírgenes… Los hombres “tendrán las frutas que escojan y la carne de pájaros que deseen; mujeres de ojos rasgados, parecidos a la perla semioculta, en recompensa de lo que hayan hecho”. En esos parajes no habrá “ruido ni incitación al pecado”. Creo que estoy entendiendo… ¡aque- llas frutas, aquellos pájaros y aquellas mujeres son únicamente para comérselas! ¡Ni modo! Asimismo, “los compañeros de la derecha estarán entre” flores, árboles alineados, sombras deliciosas, riachuelos agradables “y abundantes frutos que
no estarán cortados ni prohibidos”. Pero además “estarán echados sobre tapices elevados”, y de ellos serán las mujeres más lindas creadas por Dios, que serán “vírgenes, coquetas y de la misma edad”. ¡Empiezo a comprender a los que se autoinmolan! ¡Buen premio les espera! Lo malo aquí es que a los viejitos les tocará una de la misma edad… Y con respecto a los compañeros de la izquierda, estos sí que están amolados, pues “estarán en un viento ardiente, en agua hirviendo, a la sombra de un humo espeso ni fresco ni bienhechor”. Esto no está muy claro, pero se entiende… Estuve buscando la sección femenina del Paraíso, pero no la encontré. Me imagi- no que con tantas mujeres que tuvo Mahoma, no se le presen- tó la oportunidad de escribirlo.
Veamos algunas curiosidades musulmanas.
Para los integristas, la pureza debe obtenerse a toda costa con el fin de alcanzar el Paraíso, y esta purificación debe obtenerse lavándose con sangre de alguien sucio, si fuera necesario.
Una creencia musulmana hace creer a sus seguidores que quien los observa tiene envidia de ellos, por lo cual deben protegerse de eso que llaman “mal de ojo”. Me recuerda una costumbre en nuestra región, donde los bebés son adorna- dos con algún detalle rojo, generalmente una pulsera de hilo, para evitar el daño que le pueden causar las personas que lo miran.
Para los musulmanes, una mujer es incapaz de meditar en lo correcto, y por eso es necesario que dependa primeramente de su padre y luego de su marido… Pero en el caso de faltar ambos, el hermano mayor llena este vacío, y si no lo hace cual- quiera de los tíos.
Un fiel creyente nunca debe tocar la mano de una mujer, aunque esta sea su prima, porque esto representa la tentación del diablo.
Un buen musulmán debe cumplir con la profesión de fe, la oración ritual cinco veces diarias, el ayuno del Ra-
madán, el peregrinaje a la Meca una vez en la vida y la limosna ritual, que consiste en que el rico dé al pobre una parte de lo que tiene. Se considera adecuado dar el 2,5% a partir del valor de 85 gramos de oro sobrante de los gastos.
Ramadán es el noveno mes del calendario musulmán, y en este mes hacen un ayuno diario desde que sale el sol hasta que se oculta.
La burka, o sea el vestido femenino típico, tiene doble fun- ción: protege a la mujer que lo lleva y elimina la posible exci- tación sexual de los hombres.
El ritual previo a la oración incluye hacer unas meticulosas ablaciones, lavándose tres veces las manos, tres veces la boca, dos veces las fosas nasales, tres veces la cara, tres veces el brazo derecho, tres veces el brazo izquierdo, y tres veces hay que pasar las manos húmedas por el cabello, las orejas y el cuello, para terminar lavándose tres veces los pies y los tobillos. Des- pués hay que sentarse en dirección a la Kabaa, pero esto sólo una vez… no tres.
Y para terminar, veamos lo que les prohíbe la Sharia:
No se debe creer en la magia, ni ser pesimista, ni sentarse con personas que hablen mal del Corán.
No se debe orinar en agua estancada, ni hacer las necesida- des en la calle ni en dirección a la Meca.
No se debe usar la mano derecha para orinar o para limpiar- se después de cumplir con el llamado de la naturaleza.
No se debe orar en el momento que sale el sol ni en el oca- so, y en los momentos permitidos, no hay que mirar hacia el cielo.
No se debe orar con los hombros desnudos, ni deseando las comidas, ni antes de orinar, defecar o pedorrear. Si se está orando al momento de esto último, hay que salirse de la oración hasta estar seguro de escuchar el sonido u oler los gases.
No se debe orar en voz alta, pues podría incomodar al ve- cino; tampoco se debe tapar la boca en este momento, ni bostezar.
No está permitido ir a la mezquita si se ha comido cebolla, ajo o cualquier otra cosa que tenga mal olor.
Está prohibido sentarse en las tumbas.
Las mujeres no deben embellecerse si están de duelo. La du- ración de esto, en caso de fallecimiento del marido, es de cua- tro meses y diez días. Si el muerto es un pariente, la duración será de tres días.
Cuando se va a sacrificar un carnero, este no debe estar de- fectuoso.
No se debe practicar la usura, ni robar, ni traicionar, ni ven- der perros, gatos, vinos, sangre, cerdos, ni ninguna cosa pro- hibida.
No está permitido casarse con dos hermanas, ni con una tía.
A una viuda, en el tiempo estipulado, no se le puede pedir matrimonio de forma directa, sino sólo con insinuaciones.
Una mujer no debe gastar el dinero de su esposo sin su per- miso.
El hombre no debe tratar a sus esposas de forma diferente. La mujer debe esconder su belleza ante extraños, y no puede
estar sola con ninguno de ellos. No debe engalanarse y debe bajar la mirada. Se le prohíbe el uso de ropas pegadas al cuer- po o transparentes.
No se deben utilizar tatuajes ni se deben pintar las canas. No se deben poner en la ropa imágenes que tienen alma.
Si se te cae un bocado, debes limpiarlo y comerlo, para no dejárselo al diablo.
No se debe beber directamente de las botellas, ni respirar dentro de los vasos, ni beber el líquido de un solo trago. Tam- poco soplar en las comidas, ni usar la mano izquierda para comer o beber.
Está prohibido dormir sobre el vientre, y también colocar un pie sobre el otro.
No se debe contar un sueño malo, porque es engaño del diablo.
Está prohibido matar mujeres y niños durante la guerra, y también matar hormigas y abejas.
No se debe reír de los pedos de los demás. No se debe mentir.
No se debe dañar a otro musulmán. Etc. etc. etc.
7. El hinduismo
Quitemos de la iglesia lo milagroso, lo sobrenatural, lo incomprensible, lo irrazonable, lo imposible, lo incognoscible, lo absurdo, y no queda sino un vacío.
Robert G. Ingersoll
El hinduismo es un sistema religioso-filosófico muy comple- jo. Profesa la fe en la transmigración, lo que significa que un espíritu al morir se pasa a otro ser. Acepta entre sus corrien- tes a unos que son monoteístas, a otros que son politeístas y, además, a otros que son panteístas (todo el Universo es Dios). Para los monoteístas hay un dios principal, sin embargo no sólo lo adoran a él, sino también a otros como Vishnú, Shi- va, Ganesh, Rama Krishna… Hay otros que adoran a la diosa Kali, mientras que otros a Parvati, a Laxmi y a otras diosas del género femenino. Los politeístas adoran a todos estos y a muchos más.
Este sistema religioso-filosófico surge de la mezcla de cos- tumbres y prácticas religiosas de varios pueblos antiguos. En- tre estos podemos mencionar los que habitaban el valle del río Indo alrededor del tercer milenio a. de C. También están los denominados “arianos”, que se formaron por las invasio- nes que venían por el norte de la India desde el Mediterráneo Oriental, y que surgieron allá por el 2000 a. de C. La mezcla de enseñanzas y rituales de estos pueblos originaron lo que hoy
115
conocemos como los Escritos Vedas (Sabiduría), que constan de cuatro colecciones de escritos producidos entre el 1500 y el
500 a. de C., los cuales forman la base principal de las creen- cias del hinduismo actual. Las últimas secciones de los Vedas que se escribieron fueron los Upanishads, pero posteriormente se agregaron al montón de escritos védicos otros más, entre los que está el Bhagavad Gita, que se ha convertido en el más popular entre los escritos llamados de menor autoridad.
Los párrafos más antiguos de los Vedas describen un gran número de dioses que se expresaban a través de la naturaleza. Las oraciones y ceremonias que a aquellos se les ofrecían ori- ginaron el actual sistema complejo y variado de rituales, en los cuales los creyentes ponen sus esperanzas para vivir mejor. Los Upanishads describen, sin menoscabar los escritos más antiguos, un concepto menos animista de esos dioses. Así, se menciona una realidad más allá de la comprensión, a la cual llaman Brahman (Isvara), que a veces es una realidad personal y otras, impersonal. Es una realidad divina, y está dentro de cada persona. Cada hombre tiene un dios interior que es parte de la conciencia universal o lo que ellos llaman “el Todo”. Para el hinduismo, el centro de todos los seres vivos es Brahman. De aquí viene la idea de que el conocimiento intuitivo puede poner en contacto al hombre con el Todo. El hombre es Brah- man, así como lo es también la hormiga, el gato, un elefante… el universo.
Las enseñanzas del hinduismo se centran en el Karma, el cual se relaciona con la transmigración del alma. Por esta ra- zón no debe dañarse ningún ser vivo. Para el hindú, su vida en la próxima reencarnación depende de cómo ha sido su com- portamiento en esta. Por eso ven el sufrimiento presente como pago a hechos incorrectos ejercidos en la vida anterior. Una ni- ña violada no es más que un castigo causado por sus acciones en la vida anterior. Lo llaman “acción y consecuencia”. Hay que portarse bien para no reencarnar en un animal. Los hin-
dúes temen pisar una hormiga o un gusano, y más comerse un buen trozo de carne, porque creen que puede ser un pariente o un amigo que por mala conducta transmigró en ese animal.
Así como en otras religiones Dios ubica a la gente en de- terminado grupo social, ya sea a manera de prueba o como castigo por algo, en esta el Dios ubica a la gente en diferentes castas. La injusticia social que divide a la sociedad hindú pro- viene para ellos de los premios o castigos del Dios sobre sus actos en vidas anteriores, y por eso no se puede modificar. Es una orden divina, y por lo tanto, inmutable. Hay que ser bueno en esta vida para subir a una casta mejor, pero mientras tanto no hay otra opción que aceptar la situación presente, porque si se critica se corre el riesgo de reencarnar en un ser más bajo. Como se podrán imaginar, los privilegiados o las denominadas castas superiores son los brahmins (bramanes o sacerdotes); luego vienen los kshatriyas (guerreros o gober- nantes); y bajo estos, los vaisyas (mercaderes y comerciantes). Siguen las castas de los shudras (trabajadores), y por último, los intocables, o sea los sin casta. Criticar este sistema injusto es ir contra su libro sagrado, por eso es imposible pensar que pueda haber un movimiento que quiera cambiar este estado de cosas.
El Bhagavad Gita narra una conversación entre Arjuna (hé- roe hindú) y Krishna (reencarnación del dios Vishnú), en la que la deidad explica algunas interrogantes que tiene su prote- gido. Pero antes de que toquemos someramente los 18 capítu- los que forman este libro, no olvidemos lo que el mismo libro nos dice: “De la misma manera en que un hombre puede beber agua de cualquier lado de un tanque lleno, asimis- mo un teólogo hábil puede extraer de cualquier escritura aquello que sirva a sus propósitos”.
En los 46 versos del capítulo primero, titulado La Tristeza por las Consecuencias de la Guerra, Krishna, el Señor Supre- mo, conversa con el príncipe Arjuna, mientras se desarrolla
delante de ellos una batalla donde se enfrentan cuatro millo- nes de soldados. En este capítulo se conocen los comandantes de los ejércitos y sus cualidades guerreras. Arjuna y Krishna, en su carruaje divino, observan los preparativos de la batalla. Arjuna le pide al dios que lo coloque entre los dos ejércitos pa- ra observar mejor los pormenores de la contienda. Ya estando ahí, divisa a muchos de sus parientes y conocidos, lo cual lo entristece y lo trastorna. Piensa que cuando los valores espiri- tuales y la tradición familiar se pierden, la injusticia predomi- na y los sobrevivientes se corrompen. Las mujeres también se pervierten y dan a luz indeseable progenie. Cuando esto pasa, la pureza de las castas no se puede mantener y, debido a que no hay quien pueda dar las ofrendas de arroz y agua necesarias a los dioses, la gente se precipita a los planetas infernales. Arjuna no sabe qué hacer y, lleno de un profundo pesar, se acomoda en el asiento del carruaje divino.
En los 72 versos del capítulo segundo, La Eterna Realidad de la Inmortalidad del Alma, se explican muchos temas tales como el Karma Yoga, Sankya Yoga, Buddih Yoga y el Atma (alma). Aquí, Krishna amonesta a Arjuna, porque ese abati- miento no es una cualidad de los aryan: “Esto es una desgra- cia y no deja que uno llegue al cielo. No seas un cobarde, pues no te conviene. Saca esta debilidad de tu corazón. Tú sientes aflicción por aquellos que no la merecen, y hablas con sabiduría”. Luego agrega uno de esos trabalenguas que tanto les gustan a los filósofos religiosos: “No hay existencia para aquello que es irreal; no hay una no-existencia para aquello que es real. Y la (correcta) conclusión acerca de ambos es percibida por aquellos que perciben la verdad. Sabes que lo indestructible impregna todo. La destrucción de lo inagotable no conduce a nada. Estos cuerpos que pertenecen a la reencarnación que es eterna, indestructi- ble e indefinible, se puede decir que son perecederos; por lo tanto pueden involucrarse en batallas. Ni el que piensa
que va a matar, ni el que piensa que va a ser matado, saben nada. Ese algo de que te hablo no mata, ese algo no mue- re. Ese algo no ha nacido, por lo tanto no puede morir, y teniendo existencia, no puede dejar de existir. Entonces, no nacido, eterno, inalterable y primitivo, no puede morir cuando el cuerpo muere (…) No debes preocuparte. Para aquellos que nacen, la muerte es segura, y para aquellos que mueren, el nacimiento es seguro”. Y hay más: “Cuan- do el hombre abandona todos los deseos de su corazón, y se centra en sí mismo, es llamado un hombre de mente sensata. Un sabio es un hombre que no permite que las calamidades alteren su corazón, que no deja que los pla- ceres lo gobiernen, y en quien los sentimientos de afecto, miedo y cólera han desaparecido”. “La devoción hacia mí es lo más importante (…) El hombre que ha dominado sus deseos, y vive libre de accesorios, libre de egoísmos y de los sentimientos de propiedad, obtiene tranquilidad. Esto es lo que quiero y con esto alcanzarás el estado divino del Nirvana, o sea la felicidad suprema”.
En los versos del capítulo tercero, La Eterna Tarea de los Se- res Humanos, Arjuna se muestra confuso ante tanta palabre- ría, por lo que la deidad lo increpa: “¡Oh, pecador! Te acabo de decir que en este mundo hay dos caminos. Uno, de los Sankhyas, basado en la devoción a través del conocimien- to, y el de los Yogas, basado en la devoción a través de la acción. Un hombre no alcanza la libertad de la acción de- jando simplemente de actuar, así como tampoco alcanza la perfección por simple renunciamiento. El Creador en tiempos antiguos creó al hombre junto con los sacrificios. Agrada a los dioses con ellos y los dioses los agradarán a ustedes. Agradándose uno al otro se alcanzará sumo bien- estar. Con los sacrificios a los dioses, estos les darán los placeres deseados. Y aquel que disfruta para sí, sin darles a ellos lo que ellos les han dado, es un ladrón. De los alimen-
tos nacen todas las criaturas, de la lluvia los alimentos. La lluvia es producida por los sacrificios y estos son el resulta- do de la acción. Debes saber que la acción tiene su origen en los Vedas, y estos vienen del Indestructible”. Los tuareg deberían leer esto, pues es importante que sepan que si ofre- cen sacrificios a estos dioses hindúes, con seguridad tendrán lluvias en aquellos desiertos por donde viven. Una caracterís- tica positiva de este tipo de sacrificios era que no se utilizaban animales indefensos, porque ¿quién se hubiera arriesgado a cortarle el pescuezo a alguno de nuestros ancestros?
En el capítulo cuarto, El Acercamiento de la Verdad Absolu- ta, la deidad dice: “Esta devoción eterna yo la declaré al Sol, este la declaró a Manu, y este la comunicó a Ikshvâku. Vi- niendo así por pasos, la conocieron los santos reyes. Pero,
¡oh terror de enemigos!, esa devoción se perdió en el mun- do por mucho tiempo. Esta misma antigua devoción es la que te he declarado a ti el día de hoy, ya que te considero mi devoto y mi amigo”. Arjuna pregunta: “Si el Sol nació antes que tú, ¿cómo debo entender que en el principio tú le declaraste esta ciencia a él?”. El dios responde: “Yo he pasa- do por muchos nacimientos, y tú también. Yo los conozco todos, pero no tú. Aunque yo soy nonato e inmutable en mi esencia, soy el señor de todos los seres y puedo tomar control de mi propia naturaleza, y nací por medio de mi poder interno (…) Yo me creé a mí mismo”. Bien, aquí te- nemos una frase para filosofar toda una vida. Luego leemos: “Yo nací milenio tras milenio, para proteger el bien, para destruir el mal y para establecer la piedad (…) La división en castas fue creada por mí de acuerdo con el reparto de cualidades y de responsabilidades. Pero aunque yo sea el autor, conóceme como inmutable, y no como autor. Las acciones no me profanan. No tengo nexo con el fruto de las acciones. El que me conoce tampoco está amarrado a las acciones (…) Aun los hombres sabios quedan confusos
con respecto a lo que es la acción y la inacción”. Y hablando de los sacrificios, agrega: “Algunos devotos efectúan el sacri- ficio a los dioses, otros ofrecen el sacrificio por el sacrificio mismo en el fuego de Brahman. Otros ofrecen los senti- dos, como el oído; otros el objeto de los sentidos, como el sonido (…) Otros efectúan el sacrificio de la riqueza, otros el de la penitencia, el sacrificio de la concentración de la mente, el sacrificio de los estudios védicos, y de conoci- miento, y otros son ascéticos de juramentos específicos (…) Todos ellos tienen sus pecados destruidos por el sacrificio (…) Este mundo no es para los que no hacen sacrificios”.
En el capítulo quinto, Acción y Renuncia, Arjuna sigue con- fundido, pues no sabe si debe o no renunciar a las acciones. La deidad dice: “Hacer y no hacer la acción, ambos son instrumentos de la felicidad. Pero buscarla es mejor que renunciar a ella. Se debe ser siempre un ascético, pues este no tiene aversión ni deseo (…) Los niños –no los hombres sabios– dicen que el Yoya y el Sankya son distintos. El que persigue los dos obtiene el fruto de ambos”. “Los devotos que, soltando sus ataduras, ejecutan acciones dedicadas a Brahman, no son tocados por el pecado”. “Aquel que no está atado a objetos externos, obtiene la felicidad que está dentro de uno mismo; y mediante la concentración de la mente, uno se une a Brahman, por lo cual uno obtiene una felicidad indestructible”. “Aquel que en el mundo, antes que las necesidades del cuerpo, es capaz de derrotar las agitaciones del deseo y de la cólera, es un hombre devoto, y por lo tanto feliz”. Esto me hace recordar un episodio de “Creencias” en el canal de televisión Infinito, donde Maha- jandas, el monje representante de esta religión, decía que en la India todo mundo es feliz. Como él no es un intocable, es fácil asegurar eso. Aunque es indiscutible que a veces la fe es una ventaja, por ejemplo aquí, pues se puede estar desfalleciendo por el hambre, pero si el pensamiento está en uno de esos
dioses, ¿qué importa que el estómago proteste? La fe puede hacer pensar a un crédulo que ese dios mañana se encargará de suministrar algo que comer, y si agoniza antes de la salida del sol, la misma debilidad le hará creer que muere en paz…
En el capítulo sexto, La Ciencia de la Autorrealización, la deidad continúa su perorata acerca de la devoción: “Esta debe ser practicada con firmeza y con todo el corazón. Aban- donando, sin excepción, todo deseo”. Arjuna dice que “la mente es inconstante, muy bulliciosa y obstinada, y que dominarla es tan difícil como dominar al viento”. El dios le replica que se puede dominar con la práctica constante y con la indiferencia hacia los objetos del mundo… Arjuna pre- gunta acerca de la finalidad de la devoción, y qué le pasa a aquel que no la tiene. El dios dice que aquel que hace el bien no tiene un mal final, sino que al volver a nacer puede hacerlo en una familia de santos e ilustres hombres. El devoto que trabaja con gran esfuerzo, liberándose de pecados, alcanza la perfección después de muchos nacimientos, y luego alcanza la meta suprema. Fíjense bien, pues aquí dice que hay que traba- jar con mucho esfuerzo para alcanzar la meta suprema. Más adelante dice otra cosa…
En el capítulo séptimo, El Conocimiento de la Verdad Abso- luta, el dios afirma que de todos los que han alcanzado la per- fección, sólo algunos lo conocen a él verdaderamente. Agrega que su naturaleza la componen ocho elementos: tierra, agua, fuego, aire, tiempo, mente, entendimiento y egoísmo. Si hu- biera dicho “verdad” en vez de “egoísmo”, se habría asemejado más a algunos dioses de otras culturas. Este dios explica que esos elementos forman su naturaleza baja, pues tiene otra, más elevada, que es animada y por la cual el universo funciona. Lástima que no nos dice de qué elementos se conforma esta otra naturaleza. “Yo soy –agrega– el creador y destructor de todo el universo. Soy el sabor en el agua, soy la luz en el sol y la luna”. Aquí vemos cuán ignorante es este dios, pues
da a entender que la luna produce luz, lo cual es sólo una im- presión humana de los que vivimos aquí en el planeta. Para los que no lo sepan, Om es una palabra mística. Esta deidad continúa diciendo que él es el Om en todos los escritos sagra- dos (Vedas), que él es el sonido en el espacio y virilidad en los seres humanos. ¿No les parece también machista este dios? “Soy la olorosa fragancia en la tierra, también el resplan- dor en el fuego. La vida en todos los seres y la penitencia en todos aquellos que ejercen penitencia”. Dijo otras cosas llenas de encanto literario, pero se le olvidó decir que también era poeta.
En el capítulo octavo, Alcanzando la Salvación, Arjuna pre- gunta: “¿Qué es ese Brahman, qué es Adhyatma, y qué es acción? ¿Qué es Adhibhuta? ¿Quién es Adhiyagña, y có- mo es su cuerpo? Y además, ¿cómo debes tú ser conoci- do al momento de morir por aquellos que se sacrificaron dominándose a sí mismos?”. La deidad dice: “Brahman es el Supremo, el Indestructible. Su manifestación, como un ser, se llama Adhyatma. La ofrenda que se le hace, y que produce el desarrollo de las cosas, es la acción. La Adhi- bhuta es toda cosa perecedera. La Adhidaivata es el ser primero. Y la Adhiyagña soy yo mismo en este cuerpo”. “El que muere y se acuerda de mí, en el último momento, viene a mi esencia. No hay duda de esto”. ¡Claro que hay duda! Porque antes dijo que había que nacer muchas veces para alcanzar la meta, y ahora dice que con sólo pensar en él al momento de morir se puede llegar a su esencia. Entonces,
¿en qué quedamos? Esto me recuerda el rito católico por el cual un moribundo puede confesarse unos instantes antes de morir y obtener en ese momento la entrada al cielo, siempre y cuando se arrepienta de sus pecados. De más está decir que ese dios católico le perdona sus pecados sin importar si estos fueron crímenes horripilantes. Pero volviendo a Krishna, este continúa hablando así: “Aquel que muere y confina su men-
te dentro de su corazón, colocando su aliento de vida en su cabeza, adhiriéndose a ininterrumpidas meditaciones, repitiendo la silaba simple ‘Om’ que significa Brahman, y meditando en mí, ese alcanza la meta suprema”. “Yo soy de fácil acceso”. “Pero, una vez que se unen a mí, ya no vuelven a nacer”. O sea que les advierte que si no les gustara lo encontrado en la meta suprema, ya se amolaron, no hay vuelta a atrás…
En el capítulo noveno, El Conocimiento Íntimo de la Ver- dad Absoluta, el dios dice: “Ahora hablaré del conocimiento misterioso, acompañado por la experiencia, con lo cual serás liberado del mal. Este es el mejor modo de la santifi- cación. Esto es imperecedero y fácil de practicar. Los que no tienen fe en esta santa doctrina que regresen al mundo mortal sin alcanzarme. El universo entero fue dominado por mí en una forma desapercibida. Todos los entes viven en mí, pero yo no vivo en ellos. Ese es mi divino poder”. Este dios dice que él es todo, desde el verso sagrado hasta el padre del universo. Es la madre, el creador, el todopoderoso, la cosa conocida, el significado de la santificación, la sílaba Om, la meta, el sustento, el Señor, el supervisor… y la semilla inagotable. Los que conocen las tres ramas del conocimiento beben el jugo de Soma, no tienen pecado, hacen sacrificios y rezan; esos pasarán al cielo, donde encontrarán el mundo san- to de los dioses y gozarán de los placeres celestiales de estos. Aquí vamos de nuevo con los placeres… pero celestiales, claro. No pensemos mal, pues recuerden que, en esta vida, cualquier tipo de placer está mal visto por Krishna.
En el capítulo décimo, El Esplendor Ilimitado de la Verdad Absoluta, el dios dice: “Escucha mis excelentes palabras, que son para tu protección. Te hablo a ti que disfrutas con ellas. Ni los otros dioses ni los grandes sabios conocen mi fuente; de todas maneras, yo soy el origen de ellos”. Enton- ces Arjuna le dice que le cree todo eso que le ha estado con-
tando, pero quiere saber cómo ha de hacer para conocerlo. La deidad asegura: “Yo soy el principio, el medio y el final de todas las cosas”, y le da un listado increíble de ejemplos, para terminar diciéndole que no hay nada animado o inanimado que exista sin él. “No hay final para mis divinas emana- ciones. Pero Arjuna, ¿de qué te sirve conocer esto?”. Es el mismo cuento que reciben los seguidores de otras religiones. No hay que pensar… Hay que creer y ya.
En el capítulo undécimo, La Visión de la Forma Universal, Arjuna, medio confundido por aquellas misteriosas palabras, pide ver la forma de su dios. Este le contesta que su forma la ve en miles de cosas… “Mira el universo entero, incluyendo las cosas animadas y las inanimadas, todo en uno, y todo aquello que quieras ver. Pero no serás capaz de verme con esos ojos tuyos. Yo te di un ojo divino. Ese es mi poder”. Ese tercer ojo del que habla este dios es ese punto que se colocan los seguidores de esta creencia en el entrecejo. Así que cuando vean a un creyente con ese ojo entre las cejas, tengan cuidado, pues puede representar lo mismo que en el dios Shiva: una conciencia superior y un elemento que sirve para destruir a sus enemigos. Entonces, para no defraudar a su dios, Arjuna dice que efectivamente lo ha visto, y que además ha visto todo lo que lo rodea. Pero como dice que vio cosas terribles también, le pregunta: “¿Quién eres en la forma feroz?”. El dios dice que es la muerte, el destructor de mundos…
En el capítulo duodécimo, El Camino de la Devoción, Arju- na dice que en la devoción puede haber diferencias, y pregunta cuál es la mejor. La deidad responde: “El que es constante, el que tiene gran fe, el que me lleva en su pensamiento. Pero aquellos que dominan los sentidos, y meditan en el Indes- tructible, necesariamente me alcanzan. Los que tienen la mente atada a lo imperecedero, tienen un problema mayor. Porque la meta imperceptible la obtiene un ser reencarna- do con dificultad. Aquellos que dedican todas sus acciones
a mí, y me tienen como su suprema meta, yo, sin pérdida de tiempo, los libero del océano del mundo de la muerte. Coloca tu mente en mí solamente, fija tu entendimiento en mí. Recuerda que el conocimiento es mejor que la medi- tación continua; la concentración es más apreciada que el conocimiento; y el abandono de los frutos de la acción más que la concentración. El amigable y compasivo, el libre de egoísmo, el que ve la felicidad y la miseria como lo mismo, el comprensivo, el satisfecho, el que se domina a sí mismo, el tranquilo, el libre de alegría, enojo, miedo e inquietud, el puro, el indiferente, el libre de angustia, el que no tiene penas ni deseos (…) Pero también, si tienen devoción, el que es amigo y enemigo, caliente y frío, placentero y pe- noso, taciturno, contento con lo que le venga, sin hogar y los de mente firme (…) Pero aquellos devotos cuya fe es inconmensurable y me ven como su suprema meta, estos son los más queridos por mí”.
En el capítulo decimotercero, La Conciencia Individual y la Absoluta, la deidad dice: “Este cuerpo es llamado Kshetra, y el conocimiento de este es estimado por mí como el real conocimiento. Yo declararé que aquello que es el objeto del conocimiento, conociéndolo, uno alcanza la inmortalidad (…) el gran Brahman, no teniendo principio ni fin, no se puede decir que existe o no existe. Tiene manos, pies, ojos, cabezas, rostros, oídos en todos los lados, y se mantiene dominando todas las cosas en el mundo. Posee todas las cualidades de los sentidos (…) Está dentro y fuera de todo. Es animado e inanimado. Está lejos y cerca. No es dife- rente a las cosas, pero parece diferente (…) En resumen, Kshetra es conocimiento”. Fácil de entender, ¿verdad?
En el decimocuarto, Las Tres Modalidades de la Naturaleza Material, la deidad dice: “El gran Brahman es el útero para mí, en el cual yo puse la semilla. De ahí nacieron todas las cosas. La bondad, la pasión y la oscuridad. Esas son las
tres cualidades nacidas de la naturaleza. La bondad es la consecuencia de no ser contaminado, de estar iluminado y libre de la miseria, con vínculos de placer y de conoci- miento. La pasión es estar enamorado, y es el producto de estar atado y ansioso. La oscuridad nace de la ignorancia y evita la reencarnación. La bondad une con el placer, la pasión con la acción, y la oscuridad con la indolencia. Los reencarnados que trascienden estas tres cualidades alcan- zan la inmortalidad, quedando libres del nacimiento, la muerte, la vejez y la miseria”. Arjuna pregunta cuál debe ser la conducta para cumplir esas tres cualidades, y la deidad responde: “El que no siente resentimientos contra la ilumi- nación, ni contra la actividad, ni contra la ilusión, cuando estas prevalecen, y no tiene deseos cuando estos han ce- sado. El que no se deja perturbar por los tres modos de la naturaleza material y se mantiene firme sin pensar en la ejecución de esas tres cualidades. El que ve de igual mane- ra la felicidad y la pena, la piedra y el oro, lo agradable y lo desagradable, el honor y el deshonor, el amigo y el enemi- go, y el que abandona todas las acciones. El que me rinde una inesperada devoción y se acomoda para entrar en la esencia del Brahman”. Como pueden ver, es necesario anu- larse totalmente para alcanzar la inmortalidad. Me pregunto si además de los ascetas habrá alguien que lo logre…
En el decimoquinto capítulo, La realización de la Verdad Absoluta, Krishna revela las virtudes, glorias y características trascendentales de Dios, quien es omnipotente, omnisciente y omnipresente. También explica el propósito y lo valioso del conocimiento acerca de Dios y los medios por los cuales pue- den ser alcanzados. Hay un párrafo en el que la deidad dice: “Entrando a la tierra, Yo por mi poder alimento todas las cosas; y favoreciendo la jugosa luna, nutro todas las hier- bas. Yo favorezco el fuego, y vivo en los cuerpos de todas las criaturas, y uniéndome a sus respiraciones, causo la di-
gestión de sus alimentos. Y estoy en el corazón de todos; por mí tienen memoria, conocimiento, y olvidos (…) Hay dos tipos de seres en el mundo: los destructibles y los in- destructibles. Los primeros incluyen todas las cosas. Lo indiferente es lo que llamamos indestructible. Pero el ser supremo está más allá de esto. Y dado que Yo trasciendo lo destructible, y soy más grande también que lo indestructi- ble, soy alabado en el mundo y en los Vedas, como siendo el mejor de los seres. El que sabe esto tiene todo lo que necesita hacer, y llega a tener discernimiento”.
En el capítulo decimosexto, La Explicación de las Propie- dades Divinas y Demoníacas, el Señor Krishna describe ex- plícitamente las divinas propiedades, conductas y acciones correctas hacia la divinidad y las que no lo son. “Estar libre de miedo, pureza de corazón, perseverancia en alcanzar el conocimiento y la abstracción de la mente, dominio de sí mismo, sacrificio, estudio de los Vedas, penitencia, fran- queza, verdad, estar libre de odio y de murmuraciones, tranquilidad, compasión por los demás, ninguna avaricia, gentilidad, modestia, nobleza, capacidad de perdonar, no- vanidad (…) son cualidades del que ha nacido bien dota- do. Ostentación, orgullo, vanidad, enojo, insensibilidad e ignorancia son las cualidades del que ha nacido con do- tes demoníacas”. En otros pasajes aconseja no pensar, pero aquí pide perseverancia para alcanzar el conocimiento. No nos equivoquemos. Este conocimiento no es aquel que nos obliga a meditar y a preguntarnos el porqué de las cosas. No, no es ese que nos diferencia de los animales, seres irracionales… Es el conocimiento que surge en la mente del creyente, que trata de conocerse a sí mismo ahogando ese bullir indescriptible que juguetea e indaga, aunque no queramos, en los vericuetos de nuestro cerebro.
En el penúltimo capítulo, Las Tres Divisiones de la Existen- cia Material, la deidad clasifica la fe en tres categorías, reve-
lando que estas son las que determinan el carácter de los seres vivientes. Son la bondad, la pasión y la oscuridad; ya antes mencionadas…
En el último capítulo, La Revelación Final de la Verdad Ab- soluta, Krishna hace un resumen de todo lo dicho y describe la forma de alcanzar la salvación mediante los pasos del Karma. Agrega que todo lo que se ofrezca a él debe ser sin reservas de ningún tipo. “La acción puede ser agradable, desagrada- ble y mixta (…) Hay cinco causas que provocan la acción: el sustrato (sustancia), el agente, los órganos, los varios y distintos movimientos, y los dioses”. Los teólogos de esta religión se han inventado explicaciones enrevesadas para esto, y encuentran en el misterio de las palabras la explicación co- rrecta de estas barbaridades. Con haber dicho que los dioses eran los causantes, ya tendríamos material para llenar libros… “Cualquier acción que el hombre haga tiene sus causas en estos cinco elementos”.
Entre los libros más antiguos, está el Avestas, donde el dios Ahura Mazda sostiene una charla con el profeta ariano Za- rathushtra (en español: Zaratustra). Este libro tiene veintidós capítulos en los cuales la deidad cuenta algunas historias, mi- tos y leyes que deben seguir sus adoradores. Por ejemplo, en el capítulo primero Ahura Mazda nos relata la historia de la crea- ción de sus dieciséis perfectas tierras y las muchas plagas que provocó su enemigo, el dios de la oscuridad: Angra Mainyu.
Lo interesante de esto es que cuando habla del primer hom- bre no dice “la historia de Yima”, sino “el mito de Yima”. En esto estamos de acuerdo: es un mito. Luego de un trata- do extremadamente detallado de culpas, penas y leyes, se cae en el capítulo nueve, que curiosamente se titula “Las Nueve Noches de Barashnum”. Aquí, Zarathushtra pregunta cómo purificarse si se ha manchado con la muerte, y la deidad res- ponde que se debe de ir a un lugar especial, donde esté un hombre piadoso que sepa cómo hacer cumplir los deseos de la
deidad. A otra pregunta responde que la persona a purificarse debe estar a treinta pasos del fuego, a treinta pasos del agua, a treinta pasos de las cosas consagradas de Baresma y a tres pasos del fiel. Luego se debe hacer un hoyo de dos dedos de profundidad si el verano ha llegado, y cuatro si es el invierno el que ha venido. Luego se debe hacer un segundo hoyo con las mismas características, y así hasta cavar un sexto agujero. Estos agujeros deben estar a un paso uno de otro, o sea a una distancia de tres pies. Luego, tres hoyos más a una distancia de los anteriores de tres pasos. Después se debe hacer un surco alrededor con un cuchillo de metal, también a tres pasos de distancia. Y luego se deben hacer doce surcos… Desde fuera de los surcos se debe caminar mientras se repite: “Nemascha ya armaitish izhasha”, y luego de comenzar lavándose las manos, se debe seguir una interminable serie de procedimien- tos que mejor ni menciono… ¡Qué tontería! Y esto sólo es para purificarse en caso de haber tocado un muerto.
Después hay otros procedimientos, unos que sirven para pu- rificar diferentes objetos, otros para saber cómo actuar ante la muerte de nuestros parientes; también los hay para lidiar con los diferentes tipos de pecado; para tratar la menstruación (¡qué horror le tienen las religiones a esto!); y, pongan atención a lo siguiente, pues en lo que se refiere al corte de los cabellos y las uñas, cuidado con tirarlas por ahí: es necesario hacer agu- jeros como los mencionados anteriormente y en ellos colocar los residuos, mientras se repiten sabias consignas dictadas por el dios… Y mejor me detengo aquí, porque imagino que ya estarán un poco aburridos.
Pero además de sus libros sagrados, veamos algunos hechos de esta religión. Comencemos diciendo que el hinduismo sur- gió en la India, al igual que el budismo, el jainismo y el sikhis- mo. El 80% de los nativos de la India son seguidores de este credo. Adoran al río Ganges, al que llaman La Madre Ganga, madrastra del hijo de los dioses Shiva y Parvati. Creen que
sumergiéndose en estas contaminadas aguas se liberan de sus pecados, y también que depositando en este río las cenizas de sus muertos, estos ya no tendrán que reencarnar pues alcanza- rán la meta suprema, que es la de unirse a su dios.
Según la mitología hindú, el dios Brahman creó el Ganges a partir del sudor que recogió del pie de Vishnu. Un día, un rey que había tenido de forma mágica 600 hijos, realizaba un ritual con un caballo. El dios Indra se lo robó. Los hijos del rey lo buscaron y lo encontraron en el inframundo, al lado de un sabio penitente, al cual golpearon creyéndolo el autor del robo. Cuando el sabio abrió los ojos, los 600 hijos del rey murieron y sus almas quedaron condenadas a vagar como fantasmas hasta que su padre terminara aquel ritual interrumpido por el dios Indra. Bhagiratha, uno de los descendientes de aquel rey, rogó a Brahman que permitiera al Ganges regresar a la tierra. Brah- man ordenó a la diosa que así lo hiciera, pero esta se molestó y decidió destruir nuestro planeta. Cuando Bhagiratha se enteró de los planes de la diosa, se asustó tanto que rogó a Shiva que no la dejara bajar. Hubo un pleito entre los dos dioses, pero Shiva pudo atrapar de los cabellos a Ganga y la convirtió en pequeños riachuelos. Así, mientras la diosa Ganga regresaba al inframundo, fue creando diversas fuentes de agua que ahora sirven para purificar las almas infortunadas que viven en la tierra. Actualmente, todas las tardes se practican rituales en sus orillas, pues se supone que el Ganges limpia el Karma.
Pero así como ocurre en otras religiones, los dirigentes espi- rituales a veces necesitan de milagros para que los seguidores puedan entregarse devota e incondicionalmente. Un aconte- cimiento “maravilloso” y “bien planeado” ocurrió en la India. Llamémoslo milagro, como lo llamaron los de la prensa sensa- cionalista que cubrió el hecho. Ganesh, el dios elefante, logró que miles de personas se volcaran estrepitosamente a sus tem- plos. Se aseguraba que aquella estatua del dios bebía leche. Un monje al que le llaman, supongo que por su bondad, “El Raspu-
tín de la India”, parece ser el personaje que estaba detrás de tal chanchullo. Aprovechándose de la ley física de la capilaridad, la estatua del dios parecía beber leche, líquido que era depositado subrepticiamente en un recipiente fuera del alcance visual del creyente. Y aunque se descubrió la farsa, muchos seguidores de este credo aún siguen pensando que fue un milagro.
Este tipo de actividades asignadas a los dioses llenan volú- menes y volúmenes en todas las religiones del mundo, promo- viendo para con unos pocos de sus seguidores la bondad de esas entidades poderosas que parecen ser felices haciendo truquitos aquí y allá, cuando podrían hacer cosas verdaderamente impor- tantes en beneficio de toda la humanidad. En el catolicismo, por ejemplo, abundan historias parecidas. Miles de apariciones de la virgen María, sea como espectro, como imagen borrosa en diversas superficies o como actividades extraordinarias en las estatuas que la representan, llenan de fantasía la mente deseosa de felicidad de algunos de sus feligreses. También recordemos a algunos ilusos que sangran en la palma de la mano porque han visto pinturas donde su dios fue clavado en esa parte del cuerpo, sin imaginar que investigaciones al respecto han comprobado que los crucificados eran fijados al madero mediante un clavo puesto en la muñeca y no en la palma de la mano.
Pero volvamos a Ganesh y al cuento infantil que nos regala: un día, Parvati, la esposa de Shiva, cogió a escondidas un poco de ceniza del pecho de su marido, la combinó con un poco de agua con la que se acababa de bañar y con eso hizo un bebé, que pronto se convirtió en un hermoso joven de rostro humano llamado Ghanesa. Shiva no sabía quién era aquel joven tan obe- diente que Parvati colocaba de guardián en su puerta para que nadie la molestara. Pero un día, Shiva necesitaba entrar y su hijo no se lo permitió, por lo cual sacó la espada y le cortó la cabeza de un solo golpe. Parvati, al oír el relajo, salió, y cuando vio a su hijo muerto, rogó a su marido que le devolviera al hijo de ambos. Shiva, desorientado por la noticia de que había matado
a su propio hijo, llamó a uno de sus sirvientes y le ordenó traer la primera cabeza que encontrara. El sirviente salió a toda prisa y como lo primero con que se topó fue un elefante, le cortó la cabeza y se la llevó a su señor. Shiva colocó aquella cabeza en los hombros de su hijo para resucitarlo (no lo dice el cuento, pero debemos suponer que Shiva tuvo que reducir el tamaño de la cabeza del elefante para poder acomodarla en los hombros del cuerpo decapitado). Y como sabemos que este animal es muy inteligente, en la India tienen a este dios con cabeza de elefante como el más inteligente de todos los dioses. Actualmente se le asigna como protector especial de los escritores, de los comer- ciantes y de todos aquellos que quieren emprender una nueva empresa. Si la escena hubiera transcurrido en un barco, segura- mente Ganesh tendría hoy una cabeza de delfín…
En otra de las historias de este dios elefante, se cuenta que un día fue agasajado y comió mucho. Se sentía mal y quiso dar un paseo para ver si se le quitaba el malestar. Su transporte era una rata, y mientras caminaba, la noche era iluminada por un maravilloso claro de luna. Pero la rata vio una serpiente y del susto botó a su amo, quien al caer se rompió el estómago y desparramó todo lo que había comido. Para unir la rotura de su estómago, usó la culebra como cinturón, lo cual causó una gran carcajada a la luna. Enojado el dios elefante, maldijo a la luna y agregó: “A partir de hoy, tu belleza desaparecerá por mo- mentos, y cuando vuelvas a aparecer, sólo podrás mostrar una parte de tu rostro, hasta que poco a poco vuelva tu re- dondez. Eso causará la risa de los hombres”. Así que tengan cuidado con las maldiciones de este dios, pues esa que le dio a la luna se ha venido cumpliendo desde tiempos inmemoriales.
¡Si supiera ese dios que lo que causa risa a los hombres no es ese engrandecimiento aparente de la luna, sino las ideas increíbles que parecen revolotear en la cabeza de esos seres inmortales!
Mencionemos someramente aquí al dios mono Hanuman, conocido popularmente como Bajrang Bali. Es el seguidor
más devoto del dios Rama, y se cuenta que cuando el hermano de ese poderoso dios estaba herido, Hanuman recibió el encar- go de ir a traer una hierba medicinal que sólo se encontraba en una montaña llamada Dronagiri. Resulta que al llegar al lugar indicado, se dio cuenta de que no le habían dicho cómo era la tal planta medicinal, y si regresaba sin la hierba el hermano de Rama moriría, por lo cual tuvo la ingeniosa idea de llevarle la montaña entera.
Hay una historia muy curiosa en esta religión, que nos re- cuerda una similar en el cristianismo. Ya vimos que el hinduis- mo se basa en la ley universal de la naturaleza que se encuentra en cada individuo al igual que en todo el universo, o sea en el “dharma”. A nivel individual significa el deber ético y reli- gioso que tiene cada uno según su nacimiento. Pero este dhar- ma aparece también como un dios, el cual reencarnó en un hombre llamado Yudhisthira. La historia aparece en el Maha- bharata, uno de los textos antiguos más importantes de esta religión. Yudhisthira no fue crucificado, sino que por causas de la edad se retiró a vivir en los bosques de la India, donde se dedicó a la meditación y a encontrar el camino de la supera- ción del ciclo de las reencarnaciones. No murió, sino que fue llevado en cuerpo y alma al cielo de Indra, el jefe de todos los dioses, donde todavía sigue acompañándolo.
También en el Mahabharata se cuenta la historia de los Pan- davas, que son cinco hijos reconocidos de las esposas Kunti y Madri, procreados con el excelente arquero Pandu, quien comandó los poderosos ejércitos conquistadores del rey Dhri- tarashtra. Los cinco hermanos se casaron con una misma mu- jer, llamada Draupadi, y fueron expulsados del reino por su malvado primo Kauravas. Sus aventuras fueron muchas, pero al final lograron reconquistar el poder. Sin embargo, como ocurre siempre con los ganadores, reescribieron la historia, y así, el mayor, Yudhishthir, se convirtió en el hijo de Dharma, el dios de la justicia; Bhim, en el hijo de Vayu, el dios del
viento; Arjun, en el hijo de Indra, el dios del cielo; Nakul y Sahadev, en los hijos de los dioses Ashwinis, que representan el brillo del amanecer y del atardecer. Pero lo interesante de la historia es que el hijo mayor era una persona sumamente devota, lo que le permitía levitar a unos seis centímetros por arriba del suelo.
Aunque el Bhagavad Gita nos dio una idea del pensamiento de esta religión, no podríamos irnos sin echar una ojeada más detallada del Avestas. Ya habíamos visto que comienza con una lucha entre el poderoso Ahura Mazda, que crea tierras perfec- tas, y el dios de la muerte Angra Mainyu, que demuestra que sus poderes no son inferiores al de aquel. Así, Ahura Mazda crea la primera buena tierra llamada Airyana Vaeja, y Angra Mainyu crea la serpiente y el invierno, siendo este muy des- tructivo pues dura diez meses del año. Ahura Mazda crea la segunda buena tierra, la de los Sughdhas, y he aquí que Angra Mainyu crea la langosta, que causa muerte a las plantas y al ganado. Y así continúan, uno creando la tierra feliz de Mouru, y el otro, el pillaje y el pecado. Uno se dedica a crear diferentes tierras hasta un total de dieciséis, y el otro emplea su tiem- po en crear las lágrimas, los gemidos, el orgullo, la brujería, asuntos anormales en mujeres, la opresión barbárica y otras tonterías por el estilo.
Luego, Zarathushtra pregunta a Ahura Mazda quién fue el primer mortal creado. El dios le cuenta la historia de Yima, que ya vimos en el capítulo primero de este libro. A la pre- gunta de dónde el Genio de la Tierra se sintió más feliz, la divinidad, o el Santo único, como lo llama su seguidor, le res- ponde que en aquel lugar donde el fiel camina adelante, con el leño, el Baresma (planta para consagraciones), la leche y la argamasa en su mano, levantando su voz hacia lo correcto de acuerdo con su religión y orando a Rama Hvastra y a Mithra, el señor de los ondulados campos. Zarathushtra vuelve a pre- guntar: ¿Y el segundo lugar? Es aquel, responde el dios, donde
el hombre levanta una casa con un sacerdote dentro, con ga- nado, con una esposa, con niños y un buen rebaño dentro; y donde luego el ganado, la virtud, el pienso, el perro, la esposa, el niño, el fuego y todo lo bendecido por la vida continúan creciendo. Después de responder al tercero, cuarto y quinto lugar más agradable, responde a la pregunta acerca de cuál es el primer lugar más penoso: “Es el cuello de Arezura, donde los anfitriones de los demonios se precipitan desde las ma- drigueras del Druj” (lo falso, la mentira). El segundo lugar más penoso es donde muchos cadáveres de perros y hombres están enterrados… Y así sigue. Cuando llega al quinto, explica que es donde la mujer y los hijos de un fiel están cautivos, se- dientos, sucios y gritando su dolor. Cuando le pregunta dónde es el lugar adecuado para depositar los cadáveres, la divinidad responde que es aquel sitio donde hay agua y un poco de plan- tas, donde la tierra es limpia y seca y, además, por donde se pueda hacer pasar los animales, el fuego de Ahura Mazda y el hombre fiel. Luego le recuerda que tiene que estar a treinta pasos del fuego, a treinta pasos del agua, a treinta pasos de las consagradas hojas de Baresma y a tres pasos del hombre fiel. En verdad que se lo puso difícil, ¿no creen?
En este libro hay una larga sección referente a contratos y ofensas, y aunque me gustaría comentarla más extensamente, sólo tocaré tres puntos que me parecen divertidos.
Refiriéndose al número de contratos, Ahura Mazda los enu- mera así: “Hay seis tipos, Oh santo Zarathushtra. El prime- ro es de palabra; el segundo es el contrato escrito; el tercero es el contrato equivalente al valor de una oveja; el cuarto es el equivalente al valor de un buey; el quinto es el equi- valente al valor de un hombre; el sexto es el equivalente al valor de un campo, un campo en buena tierra, fértil y bien marcado”. Aquí podemos ver que para este poderoso dios, un hombre vale menos que un pedazo de tierra. Lamentablemente, en mi país he encontrado gente que piensa lo mismo.
“Si hombres de la misma fe, sean amigos o hermanos, llegan a un acuerdo común, y uno obtendrá del otro algu- nos bienes, o una esposa, o el conocimiento, permítele a aquel que desea los bienes que le sean entregados a él; per- mítele a aquel que desea la esposa, que la reciba y se case con ella; permítele a aquel que desea el conocimiento, que sea dirigido por la santa palabra, durante la primera parte del día y el resto, durante la primera parte de la noche y el resto, que su mente pueda incrementarse en inteligencia y relumbre en santidad. Deberá sentarse, en devoción y re- zos, para acrecentar su inteligencia: debe reposar durante la mitad del día, durante la mitad de la noche, y debe con- tinuar hasta que él pueda decir las palabras que ha dicho el Aethrapaitis” (algo así como un educador).
“El hombre que tiene una esposa está muy por encima de aquel que vive en continencia; aquel que tiene casa está muy por encima del que no la tiene; el que tiene niños está muy por encima del que no los tiene; el que tiene riquezas está por encima del que no las tiene. Y de entre dos hombres, aquel que come carne hasta llenarse recibe mejor Vohu Mano (una de las emanaciones de Ahura Mazda) que aquel que no come; este último esta cerca de la muerte; aquel está sobre él por el valor equivalente de una Asperena, por el valor de una oveja, por el valor de un buey, por el valor de un hombre”.
Después tenemos varios capítulos referentes a las leyes de la pureza, a las distancias que se deben respetar para mantenerse puro, a los ritos respectivos, a las fórmulas a ejecutar, a las nor- mas a seguir durante la menstruación, disposiciones para las uñas y el cabello y otra serie increíble de rígidas normas que no se deben omitir. Pero antes de salirme de este texto sagra- do, quiero contarles que el número de enfermedades creadas por nuestro viejo amigo Angra Mainyu es de 99 999. Parece ser que este era un buen comerciante, pues ese número suena menos dramático que si hubiera dicho 100 000.
La enajenación que producen las religiones llega a extremos inimaginables. La última, acaecida en abril de 2008 y narrada por Tony Tharakan, de la agencia Reuters, nos cuenta que en Saini, India, una bebé ha nacido con dos rostros. La recién nacida, que come con ambas bocas y parpadea con los cuatro ojos, no ha sido llevada a ningún especialista, porque sus pa- dres y los vecinos de la aldea creen que es la reencarnación de Shakti, la diosa hindú del poder.
Especifiquemos que Shakti significa “fuerza” y es una diosa muy generosa que se comporta como una madre muy tierna. Pero también tiene un aspecto negativo, y en este sentido es muy destructora. Se dice que cuando separa el sufrimiento de la muerte actúa sin piedad, pero que habitualmente es muy pacífica y alegre.
Terminemos con algunas curiosidades.
Ya sabemos que todos los dioses curan ciertas enfermeda- des de algunos de sus seguidores. Pero en general no lo hacen directamente, supongo que para no ensuciar sus divinas ema- naciones… Siempre tienen un grupo de servidores que son los encargados de ensuciarse las manos, con ungüentos, jarabes, hojas, licores y esencias… Entre los gurús de la India, no faltan aquellos que llenan de ceniza la frente del enfermo, ni aquellos que dan de beber al infeliz la raíz o la corteza de alguna planta alimentada por el Ganges o traída expresamente del Himala- ya. Los “hombres santos” o swamis, que no son otra cosa que los miembros de determinadas órdenes monásticas hinduistas, se limitan a pasar su mano sanadora sobre la cabeza del dolien- te, suministrándole inmediatamente la cura y prolongando, de paso, la duración de su vida. Pero como ya sabemos que los dioses sólo curan a unos pocos, la gran mayoría debe con- solarse al pensar que siguen enfermos porque no colaboraron adecuadamente con lo que los dioses esperaban de ellos…
13. El luciferismo
El hombre creó al Diablo a su imagen y semejanza.
Fiodor Dostoiesvski
Creo que estaría incompleto mi libro si no hablara de este fa- moso personaje, conocido por doquier y llamado de innumera- bles maneras. Pero antes, mencionemos algo que dijo el filósofo griego Jenófanes de Colofón (570-475 a. de C.) en referencia a los dioses que adoraban sus contemporáneos: “No son más que una invención humana, creada a imagen y semejanza del ser humano, dotados no solamente de cuerpos, brazos y piernas similares a las del hombre, sino que también tienen todos los vicios imaginables: son corruptos, mienten, enga- ñan, traicionan, etc., por lo que en ningún momento debe- rían ser usados con fines educativos”. Después de palpar, en los capítulos anteriores, los textos sagrados de varias religiones, vemos que este filósofo griego no andaba nada perdido, y ade- más, que su descripción de los dioses se adecua también a este personaje a quien le imputan todo lo malo. A excepción de sus seguidores, Lucifer no es considerado un dios, pero la verdad es que llena todos los requisitos para serlo.
Algunos creen que este culto se origina en los ritos de ve- neración que se hacían a las serpientes, pero para otros surge de las creencias paganas de la antigua Grecia, específicamen-
191
te de los misterios órficos, de los que Orfeo, “el maestro de los encantamientos”, era su principal guía. La leyenda comienza cuando se asume que el hombre está formado de cuerpo y alma, y que esta es indestructible, pudiendo recibir premios o castigos después de la muerte del cuerpo. Según estos griegos, había existido en tiempos muy remotos una ra- za poderosa de dioses llamados Titanes, quienes además eran bestiales y soberbios. Parece que también eran celosos y poco inteligentes, y no les gustó la información que se propagaba referente a que Zeus dejaría como su sucesor a su hijo Dio- niso, y así, mediante artimañas, lo lograron atraer, y cuan- do estaba con ellos, cometieron la imprudencia de matarlo, descuartizarlo, cocerlo y comérselo. La diosa Atenea corrió a buscar a su padre Zeus, y le contó lo ocurrido, pero también le dijo que había rescatado el corazón y que ahí se lo traía.
¡Ya se imaginan el enojo del más grande de los dioses griegos al enterarse de tal fechoría! Sin ninguna contemplación, los fulminó con un potentísimo rayo, y como ya sabemos que los poderes divinos siempre logran lo que quieren, Zeus to- mó aquel corazón, lo clonó –supongo–, y trajo a Dioniso de nuevo a la vida. Pero aquel arrebato de furia también produ- jo efectos secundarios, puesto que de las cenizas de los Tita- nes y la tierra donde estas se esparcieron, surgieron los seres humanos, que heredaron en su ADN una mezcla porcentual del que provenía de los residuos de los Titanes, y también del que formaba el cuerpo devorado de aquella divinidad. Es por esta razón que los hombres nacieron cargados con algo de la antigua culpa de aquella raza –pecado original le llaman algunas religiones– que debe purificarse, ya sea evitando derramar sangre de hombres y animales, cumplien- do ciertas leyes estipuladas por la divinidad, o realizando ofrendas especiales a estos dioses, pues así consiguen que, al morir el cuerpo, el alma quede liberada y se pueda reinte- grar en el mundo divino al que pertenece. Aquel proceso de
purificación no era tan sencillo, pues podía ser largo, tedio- so, difícil y necesitar varias transmigraciones del alma. Esto hacía necesario que el hombre buscara una guía de salvación y por eso debía iniciarse en los misterios de esta religión ór- fica. Así surge la idea de que mientras estaban en esta vida, debían conformarse con tener una contraseña que al morir pudieran llevar al “más allá”, donde con un saludo amistoso se presentarían ante los dioses de ultratumba (los demonios) y proclamarían con vigor estas palabras: “También yo soy un ser inmortal”.
Siguiendo con el tema de este capítulo, diremos que sus se- guidores prestan reverencia a esta entidad, basándose en la idea original de los griegos, para quienes Lucifer (nombre latino de Fósforo) era “la estrella matutina”. Este concepto, que nunca fue negativo, continuó en el mundo romano, sólo que su nue- vo nombre era Venus, a quien se consideraba “Portadora de Luz”. Fue el cristianismo el que manipuló la palabra y le dio esa connotación maléfica y despectiva que hoy tiene. Para los seguidores de Jesús, Lucifer se convirtió en Satán, antagonista por excelencia de las religiones monoteístas. Pero la verdadera idea del Diablo que nos han tallado en el cerebro proviene de la mente filosófica de uno de los padres del catolicismo. Me refiero a San Agustín, quien modeló con suma destreza el mundo tenebroso del más temible enemigo –¿o amigo?– de su Iglesia. Sin embargo para los luciferanos, Lucifer no es el malvado Satanás, y por eso tratan de encontrar la faceta divina de este ser dentro de ellos mismos, creyendo que así se acercan a la Verdad, que es el único camino que les puede traer con- ciencia, conocimiento y libre albedrío…
Si nos vamos a buscar el origen de ambas palabras, encon- tramos que una viene de Lux o Lucis, que significa “luz”, y Ferre que indica “portador”… En lo referente a la otra, parece que viene de una corrupción del dios egipcio Seth, pues en hebreo Set-hen significa “adversario”. Pero también veamos
la palabra demonio, la cual proviene del griego “daimon”, que indicaba un espíritu, no necesariamente maligno, pero que era capaz de meterse en el cuerpo de cualquiera.
El luciferismo presenta dos variantes. La primera es la de quienes creen que Lucifer es un dios y lo identifican con el cosmos. Así, suponen que él es todo, y por lo tanto no necesita nada. Está dentro de cada uno y cada uno no es más que una emanación de él. Para estos seguidores, los ritos son muy im- portantes. La segunda corriente es la llamada agnóstica, pues sus fieles lo creen un arquetipo, esto es, un tipo soberano y eterno que sirve de modelo al entendimiento y a la voluntad humanos. Este concepto está claramente influenciado por lo que conocemos como “Satanismo Moderno”, cuyo fundador fue Antón LaVey con su Biblia Satánica, por la cual en breve navegaremos un ratito. Estos buscan el encuentro consigo mis- mos, ya que creen que “Su Señor” está en ellos. Suponen que la vida después de la muerte no está en otra dimensión, sino en la inmortalidad de sus obras. Como le dan más importancia al “aquí y ahora”, sus ritos no son de mucha importancia, pero sí lo es el hecho de que están seguros de poder controlar a volun- tad, a través de la mente, ciertos acontecimientos.
Los luciferanos aseguran que el bien y el mal son dos polos de un mismo acto que están presentes dentro de cada perso- na, y que no chocan entre sí, más bien se atraen; y cuando se encuentran, armonizan. Según sus aseveraciones, no existe ese conflicto entre la Luz y las Tinieblas, entre la carne y el espíritu, ni entre el bien y el mal… También afirman que cada quien es el único responsable de su propia vida, pero al final cometen el mismo absurdo de sus adversarios: creen que un ente poderoso los ilumina y los guía.
Antes de empezar con la Biblia de este grupo de fanáticos, veamos algo de este escritor, a quien sus contemporáneos lla- maban “El Papa Negro”, que también dirá con todo énfasis –y desfachatez– que su texto fue inspirado. Cuando Antón LaVey
tenía 16 años, escribió lo siguiente: “El sábado en la noche vi unos hombres lujuriosos detrás de unas semidesnudas muchachas que bailaban en el carnaval, y el domingo en la mañana, mientras yo tocaba el órgano en la iglesia evan- gelista, vi a los mismos hombres sentados con sus esposas e hijos, pidiéndole a Dios que los perdonara y alejara de los vicios del carnaval. Y el siguiente sábado en la noche, ellos mismos estaban ahí, y en unos sitios más pecaminosos. Supe entonces que las Iglesias Cristianas prosperaban en la hipocresía, donde la naturaleza carnal de los hombres no podía contenerse”.
En el Prefacio de su Biblia, asegura que se animó a escri- bir esto “porque la mayoría de los escritos que hablan de magia son un fraude; y porque los artilugios que utilizan, como la Ouija, el I Ching y otros, no son más que estupi- deces”. Aclara que en este su libro sí encontrarán la verdad y la fantasía, porque ambos se necesitan para existir. “Aquí está el pensamiento satánico a través del verdadero punto de vista satánico”, concluye.
En el capítulo denominado Los Nueve Mandamientos Sa- tánicos, dice que “Satán 1. representa la Indulgencia y no la abstinencia; 2. la existencia vital y no los sueños espiri- tuales imposibles; 3. la sabiduría y no el engaño hipócrita;
4. la ternura para quien le sirve, y no el amor malgastado en ingratos; 5. la venganza y no la colocación de la otra mejilla; 6. responsabilidad al responsable en vez de pre- ocupación por físicos vampiros; 7. representa a los hom- bres y animales, a veces buenos y a veces malos, y no a esos que por tener un desarrollo espiritual e intelectual se vuelven los más viciosos de los animales; 8. a todos los pecados, porque aportan gratificaciones físicas, mentales o emocionales; y 9. porque Satán ha sido el mejor amigo que las iglesias han tenido y las ha mantenido funcionan- do durante todos estos años”.
Luego, en el Libro de Satán (Libro del Fuego), hay una dia- triba infernal, que es muy divertida. Comienza diciendo que este libro no es una blasfemia, sino una aclaración que debe- ría llamarse “indignación diabólica”. “El Diablo ha sido atacado por hombres de Dios implacablemente y sin re- servas. Nunca han dado una oportunidad, aunque fuera pequeñita, para que el Príncipe de las Tinieblas hable, en la misma forma que lo hacen los portavoces del Señor de la Rectitud. Han definido lo “bueno” y lo “malo” según su conveniencia y con mucho placer han tirado al olvi- do a aquellos que no están de acuerdo con sus mentiras, tanto verbales como físicas”. Luego afirma: “Por siglos, el Diablo ha recibido insultos, sin que él haya podido insultar a sus detractores. Siempre ha sido un caballero, mientras despotrican y se encolerizan contra él. Siempre ha sido un modelo de comportamiento, pero ahora siente que ha llegado el momento de responder. Aquí esta la Ley… Cada verso es un infierno. Cada palabra es una len- gua de fuego. Las llamas del infierno arden ferozmente… y purifican”.
Sé que esto que viene a continuación les va a gustar a los musulmanes, sobre todo porque ellos siempre lo han creído así. Parece ser que Satán vive en una gran ciudad de los Esta- dos Unidos, pues comienza su libro diciendo lo siguiente: “En este árido desierto de acero y piedra, alzo mi voz para que tú la escuches. De oeste a este hago señales. De norte a sur muestro un signo proclamando: Muerte a los débiles, Vida a los fuertes (…) Ahora interrogaré las Leyes de los hom- bres y las de Dios”. Como ya pueden ir vislumbrando, este demonio tiene por enemigo únicamente al dios cristiano. En ningún momento hace referencia a su cofradía de demonios que lucha tenazmente contra aquellos dioses benévolos del mundo hindú, budista, sintoísta, etc. Por eso es comprensible que en el capítulo segundo de su libro diga: “Contemplemos
un crucifijo; ¿qué simboliza? La pálida incompetencia col- gando de un árbol”.
En otro capítulo pregunta: “¿Por qué tenemos que amar a los otros? ¿Por qué debo amar a mis enemigos? ¿Acaso eso no me pone a su merced? ¿Puede la ensangrentada víctima amar a quien lo ha destrozado? ¿Acaso no somos depreda- dores por instinto? ¿Acaso no es la lujuria y el deseo carnal lo que verdaderamente define el “amor” cuando se aplica a la continuidad de la raza?”. Después sigue instando a odiar al enemigo con todo el corazón, y aconseja: “si alguno te gol- pea en la mejilla, golpéale tú la de él, porque el que ofrece la otra mejilla es un perro cobarde. Hay que dar sangre por sangre, y con intereses acrecentados. Sé el terror de tus adversarios, y hazte respetar en todos los senderos de la vida, y así, tu espíritu –tu inmortal espíritu– vivirá, no en un intangible Paraíso, sino en los cerebros y los tendones de aquellos de quien te has hecho respetar”.
En el capítulo cinco hay una parodia de las Bienaventu- ranzas de San Lucas 6:20, pues dice: “Bienaventurados los fuertes, pues de ellos será la Tierra; Bienaventurados los poderosos, pues ellos se vengarán de los hombres; Bien- aventurados los audaces, porque ellos serán los dueños del mundo; Bienaventurados los victoriosos, porque la victoria es la base del derecho; Bienaventurados los des- tructores de las falsas esperanzas, porque ellos son los verdaderos Mesías; Bienaventurados los valientes, porque ellos conseguirán grandes tesoros; Bienaventurados aque- llos que saben lo que es mejor para ellos, pues nunca serán atemorizados…”.
El segundo libro se titula Lucifer o Libro del Aire. Tiene un subtitulo: La Iluminación, y dice: “El dios romano Lucifer era el portador de la luz, el espíritu del aire, la personifica- ción de la iluminación. En la mitología cristiana llegó a ser sinónimo de maldad (…) lo cual sólo puede esperarse de
una religión con definiciones ocultas y valores fraudulen- tos. Es tiempo de poner todo en orden”. Dice que se le acusa de ser el “padre de las mentiras”, y que si eso fuera cierto, indudablemente él sería el creador de todas las religiones y el escritor de todos esos libros sagrados.
El capítulo siguiente nos regala algo muy divertido. Su título:
SE BUSCA A DIOS, VIVO O MUERTO
“Hay un concepto popular equivocado que afirma que Satanás no cree en Dios. El concepto humano de ‘Dios’ ha variado a través de los tiempos, y Satanás acepta el con- cepto que lo define mejor. El hombre siempre ha creado a sus dioses, y estos son benignos para algunos, terroríficos para otros (…) Aquellos que creen que Satanás es maldad, deben recordar a todos aquellos hombres, mujeres, niños y animales que murieron por la voluntad de ‘Dios’ (…) ‘Es- tá en manos de Dios’ les dicen a los dolientes. Esto, para esconder la falta de piedad de ese dios. Los satanistas se dan cuenta de que el hombre y las acciones y reacciones del universo son las culpables de todo y no se engañan a sí mismos pensando que alguien los cuida. Esos que oran pensando que alguien los va a ayudar seguro que logra- rían más rápido lo que desean si se empeñaran en hacerlo ellos mismos (…) Los satanistas, cuando hacen algo malo, se dan cuenta de que es natural cometer un error, y si en verdad lo lamentan, aprenden del error para no volverlo a cometer. En las religiones, los hombres piden perdón por sus pecados, y los vuelven a cometer una y otra vez, y otra vez, y otra vez…”.
“Las interpretaciones de Dios varían desde una vaga es- pecie de mente cósmica universal a una deidad antropo- mórfica con una larga barba blanca y sandalias, que sigue la pista de cada acto de cada individuo. Aun entre los gru- pos de la misma religión, la idea es diferente. Los católicos creen que los protestantes están condenados al infierno,
simplemente porque no creen en la Iglesia Católica, y así, los evangelistas de otras Iglesias creen que los católicos son paganos que adoran imágenes de muertos”.
“Todos los devotos fieles desean agradar a Dios para que este los espere, con las puertas del cielo abiertas, cuando mueran. Sin embargo, si un hombre no ha vivido su vida de acuerdo con sus normas de fe, puede llamar en el últi- mo minuto a un clérigo para que le dé la absolución en su lecho de muerte. El cura o el pastor vendrán corriendo, primero para poner las cosas con Dios en orden, y segun- do, para verificar si el pasaporte para entrar en la Esfera Celestial está bien. (Los Yezidis, la secta del Diablo, tie- nen un punto de vista diferente; creen que en vida hay que agradar al Demonio, pero creen que al morir Dios les perdonará todos los pecados, sin importar sus acciones en la tierra, siempre y cuando hayan cumplido con todos los ritos mortuorios)”.
“Y así, actualmente, con tanto debate sobre si Dios está muerto o si no lo está, lo mejor es que visite MEDICARE”. Je je je… Para los que no saben, esta es una institución privada que da servicios médicos en los Estados Unidos de América.
Voy a saltear algunos capítulos, pues no es mi intención que usted se muera de la risa. Pero continuando con este, que se titula Algunas Evidencias de la Nueva Era Satánica, leemos: “Los siete pecados capitales de la Iglesia Cristiana son: la codicia, la soberbia, la envidia, la ira, la gula, la lujuria y la pereza. Satanás brinda indulgencia a todos estos pecados, ya que permiten gratificaciones físicas, mentales o emo- cionales. Ser codicioso significa que se quiere tener más de lo que ya se tiene. Envidiar es desear lo que otros ya tienen. Ambos son fuerzas motivadoras de la ambición, y sin esta, muy poquitas cosas sin importancia podríamos lograr. La gula es comer más de lo que se necesita para vivir. Cuando te vuelves obeso, la soberbia hará que trates
de recuperar una apariencia que renueve tu respeto por ti mismo. Cualquiera que compre ropa sólo para cubrir su cuerpo y protegerse está pecando de soberbia. No quererse levantar en la mañana es pecado de pereza. Y si la estadía en la cama es muy larga, puede ser que estés pecando de lujuria. Tener alguna fantasía por el deseo sexual es luju- ria. Pero es la naturaleza la que, para propagar la especie, nos ha proporcionado el segundo más poderoso instinto. El primero es el protegerse a sí mismo. Pero para las igle- sias aquello es fornicación. Es el pecado original. Todos somos frutos del pecado. Pero es el primer instinto el que nos impulsa a cometer toda esa serie de pecados capitales, y como todos somos pecadores, todos vamos al infierno. Ya verás que ahí encontrarás a todos tus amigos. El cielo debe estar poblado por unas raras criaturas que sólo vivie- ron para tocar el arpa durante toda la eternidad”.
“La Iglesia se va acomodando a los cambios. Pero conti- núan afirmando que es el Diablo el que hace que las mujeres enseñen sus piernas. Hace pocos años, las monjas no po- dían usar faldas cortas. Ahora lo hacen. Eso es maravilloso, ya sea que esté en la dirección correcta o equivocada. Un día de estos veremos a monjas ‘topless’ en las misas cantando rock. Satán sólo sonríe y dice que esto esta bien, porque hay muchas monjas lindas con piernas bonitas. Muchas iglesias usan música que antes era satánica. Y es bueno decirlo, el Diablo siempre ha tenido mejores ritmos. Y hablando de los pic-nics de las iglesias, ¿eso no es gula? Algunos van, no a escuchar la Biblia, sino a comer bocadillos. Los curas y los pastores siempre están donde hay material de guerra, bendi- ciendo las balas y las bombas que matarán a otros creyentes. Alguien debe estar equivocado en algún lugar. ¿Podría ser Satán el único calificado para denunciar estos hechos?”.
Infierno, El Diablo y Cómo Venderle el Alma es el sugestivo título del siguiente capítulo. Muchos se asustarán con esto,
pues desde su más tierna infancia les han metido en la cabeza que esto es posible y Hollywood siempre lo ha explotado, claro que algunas veces de manera graciosa:
“Satán ha sido verdaderamente el mejor amigo que las iglesias han tenido, porque las ha ayudado a mantener el negocio. Sin el Diablo, ¿cómo podrían manejar eso de que Satán es quien causa las tentaciones? No podrían sacar ventaja de eso que afirman a sus seguidores cuando les di- cen que, si caen en tentación, sufrirán una condena eterna y se asarán en el Infierno”.
“Satán, el jefe de los demonios del mundo occidental, tiene su origen en un ángel cuyo delito fue haberle repor- tado a Dios las delincuencias humanas. Fue en el siglo XIV cuando se le asignaron cualidades malignas y se lo dotó de un cuerpo mitad humano, mitad animal, parecido a una cabra. Antes que la cristiandad le diera esa fama maligna, el lado carnal del hombre era gobernado por un dios lla- mado Dioniso o Pan, quien representaba la fertilidad y la fecundidad. Siempre que una nación adquiere una nueva forma de gobierno, sus héroes del pasado se convierten en los villanos del presente. Así ocurre también en religión. Para los primeros cristianos, los dioses paganos eran de- monios, y para obtener beneficios de ellos usaban la ma- gia negra. Los milagros celestiales se consideraban magia blanca. Los viejos dioses se convirtieron en demonios y habitaron el infierno. Así, los diablillos que se utilizan para asustar a los niños eslavos se llaman bogey, goblin o bugaboo. Es curioso, porque la palabra para dios, en ese idioma, es Bog”.
“En el siglo XVI, el alquimista Johann Faustus descubre el método de invocar al demonio –Mefistófeles– y hacer un pacto con él. Para los satanistas, no es necesario vender el alma, y este artilugio fue inventado por las iglesias, pa- ra atemorizar a sus fieles y así evitar que se salieran de su
corral. Así la gente empezó a creer que tener un alma pura era el pasaporte para una vida después de la muerte. Mu- chos profetas proclamaron que había que temer al Diablo.
¿Y de dónde viene ese ‘temor a Dios’? Si es piadoso, ¿por qué tenerle miedo?”.
“Para unos existe el infierno, pero para los católicos hay un lugar intermedio al que llaman purgatorio y un limbo donde van los no bautizados. El infierno budista se divide en ocho secciones, donde las siete primeras sirven para la expiación”. Para los que no han leído La Divina Comedia de Dante Alighieri, les diré que este autor hizo una visita a las tres secciones del “más allá”, recorriendo el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. En el primero nos cuenta qué pasó por nueve secciones, donde los condenados eran sometidos a castigos suaves o severos, dependiendo de la gravedad de los pecados cometidos. Aquí es donde Antón LaVey coloca al 99% de la población mundial. Dante luego visitó el Purgatorio, donde encuentra unos escalones que sirven para redimirse de los pe- cados. En cada uno, los penitentes deben someterse al análisis efectuado por un ángel, quien después del respectivo examen escribe su “visto bueno” en una cartilla, que es una especie de pasaporte. Dichosos los que llegan al escalón más alto, pues ahí beben de un néctar divino que los hace olvidar todo lo ma- lo… Y por último, llega al Paraíso, donde está Dios, rodeado por todas aquellas almas que sólo recuerdan lo bueno…
Pero volvamos a la Biblia de LeVay, quien acerca del amor, el odio y el sexo escribe: “No puedes amar a todo mundo. Eso es ridículo. Si amas a todos, pierdes el poder de la se- lección (…) El amor es una de las más intensas emociones humanas. La otra es el odio. Todos los religiosos fariseos proclaman que hay que amar al enemigo, aunque luego, si todo sale mal, se tranquilizan diciendo que ‘Dios los casti- gará’. La verdad es que si no experimentas totalmente una de estas emociones, no podrás experimentar la otra”.
“Demasiada controversia hay con esto del ‘amor libre’. Siempre se ha asumido que la actividad sexual es el factor más importante de la religión satánica y que es necesario participar en orgías sexuales para llegar a ser satanista.
¡Nada más lejos de la verdad! No promovemos la liber- tad sexual más que en el verdadero sentido de la palabra. Libertad para serle fiel a una persona, o manejar tus de- seos sexuales con muchas otras para satisfacerte según tus necesidades. Libertad para tener cualquier preferencia sexual siempre y cuando no se dañe a nadie, a menos que sea masoquista, claro. ¿Por qué negarle ese placer si es él quien lo disfruta?”.
En el capítulo que versa sobre la vida después de la muerte, leemos lo siguiente: “El hombre es consciente de que algún día morirá. En muchas religiones, la muerte es vista como un gran despertar espiritual. Esto es muy satisfactorio pa- ra aquellos que nunca disfrutaron de la vida, pero para los que saben que la vida tiene muchos disfrutes que dar, la muerte se vuelve un asunto pavoroso. La historia muestra a muchos que han muerto por sus ideales; las iglesias y los políticos los alaban y los ponen de ejemplo. Para los sata- nistas, morir así es una estupidez. Claro que esto no cuenta cuando uno muere defendiéndose a sí mismo o a la perso- na que ama. La vida es una gran indulgencia, la muerte una gran abstinencia. Para los que están satisfechos con su existencia terrenal, la vida es como una fiesta, y nadie, en su sano juicio, quiere irse de una buena fiesta”.
El libro siguiente se titula Belial o el Libro de la Tierra. Trata asuntos de teoría y práctica de la magia. Una serie de menti- ras que, estoy seguro, ni el propio LeVay se las creía. En esta parte de su Biblia se dedica a dar largas explicaciones acerca de tres tipos de rituales satánicos, con sus ingredientes y sus respectivos instrumentos. Por último, El Libro del Agua o el de Leviatán, termina con una serie de invocaciones ridículas.
La satanización de grupos delictivos ocurre en todas las so- ciedades, y en la nuestra, se ha arraigado la idea de que los grupos juveniles denominados “maras” pertenecen al luciferis- mo. Sin embargo, mis investigaciones entre algunos miembros de uno de los grupos más conflictivos, la Mara Salvatrucha, dieron como resultado que el 90% de ellos cree en Dios. En general, se trata de jovencitos que han carecido de amor en su niñez y que ven en el grupo a la familia que nunca tuvieron, a la cual se entregan totalmente, sin preocuparse de la jerarquía existente y sin pensar que están siendo utilizados como ins- trumentos de gente poderosa. A esta familia sustituta le dan todo, incluso su vida, y son capaces de matar a cualquiera que los contradiga, solicitando con mucha fe la ayuda divina para el buen término de sus acciones criminales.
16. ¿Palabras divinas o diabólicas?
Pero es nuestro deber, de todos nosotros, buscar la verdad de cada hecho, escudriñar en la oscuridad del pozo hasta encontrar su luz divina.
Jorge Amado
Veamos a continuación algunas frases interesantes:
Robert Tilton, tele-evangelista y pastor de Word of Faith
Family Center, en Dallas, Texas:
“Ser pobre es un pecado”.1
Kenneth Hagin, maestro y presidente del Seminario Rhema, una de las mayores influencias doctrinales de Amistad Cristiana:
“Dios quiere que sus hijos usen las mejores ropas. Quiere que conduzcan los mejores automóviles y quiere que tengan lo mejor de todo; basta con pedir lo que necesitemos”.2
Gloria Copeland, conferencista y autora de fama interna- cional:
“¡Usted tiene derecho a la prosperidad! Jesús la trajo y pagó por ella (…)
1. Programa Success-N-Life, 27 de diciembre, 1992. Ver: http://www. sectas.org/Articulos/movimiento/prosperidad.htm
2. En: New Tresholds of Faith, Tulsa, publicado por Kenneth Hagin Ministries, 1985. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/pros- peridad.htm
253
Da diez dólares y recibirás mil. Da mil dólares y recibirás cien mil (…) cuán grande puede ser una devolución centu- plicada”.
“Da una casa y recibirás (…) una que valga cien veces la que dio (…) Da un carro y la devolución será todos los carros que vas a usar durante tu vida.
En resumen, Marcos 10:30 es un tremendo negocio”.3
Veamos qué dicen este versículo y el anterior del Nuevo Testamento: “29 Respondió Jesús y dijo: ‘En verdad, os digo, nadie habrá dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, a causa de Mí y a causa del Evange- lio, 30 que no reciba centuplicado ahora, en este tiempo, ca- sas, hermanos, madre, hijos y campos –con persecuciones– y, en el siglo venidero, la vida eterna’.”
Frederick C. Price, representante del Evangelio de la Fe y
Prosperidad:
“Si la mafia se mueve en un Lincoln Continental, ¿por qué no el muchacho preferido del ‘Rey’?”.4
“Usted puede hablar de mí todo lo que quiera mientras yo manejo mi Rolls Royce, el cual está completamente pagado (…)”.5
A. A. Allen, famoso precursor de Los Modernos Profetas del Éxito. Ahora extinto, tuvo su auge en los Estados Unidos hace décadas:
3. Ambas en el discurso “God’s will is Prosperity”, FT. Worth, Texas: Kenneth Copeland Ministries, 1978. Ver: http://www.sectas.org/Articu- los/movimiento/prosperidad.htm
4. En: Frederick K.C. Price, Faith, Foolishness, or Presumption? Tulsa, Harrison House, 1979.
5. Programa “Ever increasing Faith”. En la Cadena TBN, 29 de marzo,
1992. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/prosperidad.htm
“Puedo mandarle a Dios que cambie los billetes de un dólar por billetes de veinte”.6
Robert Tilton, instruyendo a sus discípulos para que inter- cambien su fe por riqueza:
“Toma el pedazo de tela, agárralo (…) y ora para que fluya el poder para crear riqueza. Completa la forma ‘Power To Create Wealth’ y envíame la mayor cantidad de dinero que puedas. Siembra lo mejor de tus semillas”.7
Oral Roberts, famoso tele-evangelista estadounidense, inti- midando a su audiencia para que le envíen dinero:
“Quizás alguien que esté mirando a este ministerio en TV haya prometido una fuerte suma (de dinero) a Dios… pero en efecto no la pagó. Usted está tan cerca de mentirle al Espíritu Santo, que dentro de unos días habrá de morir, a menos que pague el precio que con Dios haya establecido. Espero que todo el mun- do esté captando el mensaje… el profeta ha hablado”.8
Morris Cerullo, evangelista influyente en todo el mundo, muy conocido en México:
“Usted no está mirando a Morris Cerullo. Usted está miran- do a Dios”.9
Javier Gómez Rubio, pastor-director de Amistad Cristiana en Guadalajara, México:
6. Parafrásis de A.A. Allen, en The Secret to Scriptural Financial Suc- cess, Miracle Valley, AZ: A. A. Allen Publications, 1953. Ver: http:// www.sectas.org/Articulos/movimiento/prosperidad.htm
7. En carta dirigida a los hogares para solicitar dinero (con material adjunto), 1990. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/pros- peridad.htm
8. Presentación en el World Charismatic Conference, Melody Land Christian Center, Anaheim, California (Agosto 7, 1992), extractos de cinta grabada archivada en el Christian Research Institute. (San Juan Ca- pistrano, CA.).
9. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/prosperidad.htm
“Cuando yo recibí el Espíritu Santo (…) recibí poder (…) ¿Sa- bían ustedes que el poder de Dios es para hacer dinero?”.10
Ricardo DiRocco, maestro del Evangelio de la Prosperidad:
“Lo que usted confiesa tiene poder. Si usted confiesa que es pobre, usted se va a morir pobre. Mas si usted confiesa lo que su corazón cree, usted es un cristiano prosperado. Su confe- sión va a hacer que se empiece a soltar la prosperidad en el cielo y que usted empiece a vivir en prosperidad”.11
Reverendo Rodolfo Font, pastor de la iglesia Fuente de Agua
Viva de Puerto Rico:
“El dinero no es otra cosa sino vida espiritual”.12
Víctor Richards, pastor de la iglesia Vino Nuevo, México:
“El mundo verá al pueblo de Dios y dirá: yo quiero ser como ellos. Han aprendido el secreto de la prosperidad”.
“Cuando un campesino siembra una semilla de maíz, él sabe que en unas semanas (…) va a tener una cosecha de maíz. No es malo esperar la cosecha, ¿verdad? Tampoco es ma- lo esperar la cosecha de dinero cuando uno siembra dinero. En realidad, es una tontería no esperarla, es falta de fe, es incredulidad”.13
10. Cassette de Prosperidad acerca de las Finanzas, Guadalajara, Jal. Amistad Cristiana, s/f. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimien- to/prosperidad.htm
11. Citado por Ricardo Becerra, Director del Centro de Investigacio- nes Religiosas en California. Hoja de datos acerca del movimiento de la prosperidad, s/f. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/pros- peridad.htm
12. Citado por Ricardo Becerra, Director del Centro de Investigacio- nes Religiosas en California. Hoja de datos acerca del movimiento de la prosperidad, s/f. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/pros- peridad.htm
13. Ambas en: “Cómo romper la maldición de la pobreza”, Cd. Juárez, Chihuahua, Víctor Richards, s/f. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/ movimiento/prosperidad.htm
José Berenguer, director de Amistad Cristiana de Chihu- ahua, México:
“El arma secreta de la iglesia es el dinero”.14
John Osteen, uno de los padres espirituales de Castillo del Rey en Monterrey. Tiene una iglesia enorme en el vecino Es- tado de Texas:
“¿Murió Jesús por nuestra prosperidad? Sí”.15
Obispo Edir Macedo, fundador de la secta brasileña Ora- ción Fuerte o Iglesia Universal del Reino de Dios, con tres millones de miembros:
“El Espíritu Santo nos hace comprender que el dinero usado en la obra de Dios es como sangre de la iglesia”.16
Cardenal Bellarmino, en 1615, durante el juicio que la Igle- sia Católica Romana le siguió a Galileo Galilei:
“Afirmar que la Tierra gira alrededor del Sol es tan erróneo como proclamar que Jesús no nació de una virgen”.17
Noam Federman, judío seguidor de Kahane, en una entre- vista por televisión:
“La venganza es una virtud importante, el Talmud dice que es una de las más elevadas. La venganza es buena”.18
14. En “El Arma Secreta” publicado en el Boletín Intercesores por Méxi- co, Vol. 5, N° 5. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/pros- peridad.htm
15. Citado por Ankenberg y Weldon en: La enseñanza falsa en la Iglesia, Miami, Florida, Editorial Unilit. Ver: http://www.sectas.org/Articulos/ movimiento/prosperidad.htm
16. De su libro En los pasos de Jesús, Barcelona, Editorial Intercontinen- tal, 1994. http://www.sectas.org/Articulos/movimiento/prosperidad.htm
17. En: Pensar, Revista iberoamericana para la ciencia y la razón, Vol. 4, N° 1. Ver: http://www.pensar.org/2007-01-controversia.html
18. En: Programa “Las religiones del mundo”, Canal Infinito, Cable
Color, Honduras.
Schlom Dvir, judío colono de Bat-Ayin, en una entrevista por televisión:
“Casi todos los Salmos se refieren a la venganza de una ma- nera u otra. Normalmente la gente recita los Salmos hasta más no poder. En todos los Salmos hay al menos dos versos que hablan del sufrimiento”.19
Concilio de Nicea:
“Las mujeres cristianas deben abstenerse de entrar en la casa de Dios o en los templos durante el periodo de menstruación”.20
David Berg, líder de los Niños de Dios:
“Quiero niñas que amen a los viejos. Ellos son los que tienen el dinero. No tengáis miedo de llevar faldas cortas y escotes profundos. Nada de sujetadores y bragas. Enseñad lo que tenéis. Es el cebo para los hombres ricos… No olvidéis que eres como Jesús. A él lo clavaron en la cruz. A ti te clavarán en la cama…”.21
Sun Myung Moon, líder de la secta Moon:
“De hoy en adelante yo seré nuestro cerebro. Si tu mente te trae problemas, entrégamela. A mí no me traerá problemas”.22
Ayatola Jomeini, líder espiritual iraní:
“El Corán no está hecho para rezar, sino para organizar la sociedad, y los dirigentes religiosos se forman no para rezar, sino para gobernar. El islam y el gobierno islámico son fenó- menos divinos, y sus prácticas garantizan prosperidad en este mundo y salvación en el próximo. [El islam] puede poner fin
19. En: Programa “Las religiones del mundo”, Canal Infinito, Cable
Color, Honduras.
20. En: http://www.womenpriests.org/sp/traditio/unclean.asp
21. En: http://psicologiacristiana.com/portal/content/view/282/134/1/1/
22. En: http://www.monografias.com/trabajos5/secta/secta.shtml
a la injusticia, a la tiranía, a la depredación y la corrupción, y ayuda a la humanidad a alcanzar la perfección ideal”.23
Isaac Asimov, escritor de ciencia-ficción y profesor de bio- química:
“Una vez que empiezas a creer, cierras las puertas de tu mente. Tienes ya tu idea, y no la remplazas por otra. Galileo compro- bó en sus propias carnes cuánto les cuesta morir a las ideas”.24
“Soy ateo y punto. Me tomó mucho tiempo decirlo. He si- do ateo por años y años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente poco respetable decir que uno era ateo, porque asumía un conocimiento que no tenía. De alguna manera era mejor decir que uno era humanista o agnóstico. Finalmente decidí que soy una criatura de emoción además de razón. Emocionalmente soy ateo. No tengo evidencia pa- ra probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo”.25
“Aunque me acerco al momento de la muerte, no me asusta morir e irme al infierno, o –lo cual sería mucho peor– ir a la versión popularizada del cielo. Espero que la muerte sea una nada, y por quitarme todo tipo de miedo hacia la muerte estoy agradecido al ateísmo”.26
Fernando Vallejo, escritor, biólogo y productor de cine:
“El nazismo atropelló a la humanidad durante trece años, y está proscrito en Alemania y su apología es un delito, sin em- bargo, sostenemos al cristianismo, una empresa manchada de sangre que ha estado atropellando a la humanidad duran- te más de 1700 años”.27
23. En: http://exteriores.libertaddigital.com/articulo.php/1276233877
24. En: Revista Galaxy Science Fiction, octubre 1957. Ver: http://www. lorenzoservidor.com.ar/rel/rel145.htm
25. En: Free Inquiry, primavera 1982.
26. En: http://ejercitodesonambulos.blogspot.com/
27. En: http://www.clarin.com/diario/2007/05/29/sociedad/s-03701.htm
Joseph Goebbels, ministro de la propaganda de Hitler:
“Si dices una mentira suficientemente grande y sigues repi- tiéndola, la gente eventualmente llegará a creérsela”.28
Adolf Hitler:
“Las escuelas seculares no pueden ser toleradas nunca, porque tales escuelas no tienen instrucción religiosa, y una instruc- ción moral sin base religiosa está construida sobre el aire; con- secuentemente, todo el entrenamiento del carácter y la religión deben derivarse de la fe… Necesitamos gente creyente”.29
Jefe indio Pontiac, muerto en 1979:
“Vinieron con una Biblia y su religión, se robaron nuestra tierra, aplastaron nuestro espíritu (…) y ahora nos dicen que deberíamos estar agradecidos al Señor por haber sido salvados”.30
Grupo indígena peruano al devolverle una Biblia al Papa
Juan Pablo II durante su visita al Perú en 1985:
“En cinco siglos no nos han dado amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome su Biblia y devuélvala de nuevo a nuestros opresores, porque ellos necesitan más sus preceptos morales que nosotros”.31
Simon Blackburn, filósofo inglés, partidario del ateísmo:
“¿Por qué esos milagros (…)? No es lo que uno hubiera podi- do esperar. Un pequeño milagro o dos, borrando del mapa a todos los Hitler y Stalin parecería más útil que el cambiar el agua en vino en un particular festejo matrimonial”.32
28. http://www.analitica.com/va/hispanica/9254544.asp
29. Del discurso pronunciado durante las negociaciones del concordato con el Vaticano, 26 de abril de 1933. Ver: http://perso.wanadoo.es/estu- dioateo/citas/historicas.htm
30. En: http://www.sindioses.org/frasesracionalistas.html
31. En: http://www.geocities.com/siempreateos/Frases2.htm
32. Think. A compelling introduction to Philosophy, Oxford University
Press, USA, 1999.
Índice
| Advertencia | 7 |
| Introducción | 15 |
| 1. Los primeros hombres | 23 |
| 2. Las religiones | 37 |
| 3. Pistis sophia | 45 |
| 4. La Biblia | 55 |
| 5. Los Evangelios | 71 |
| 6. El Corán | 89 |
| 7. El hinduismo | 115 |
| 8. El judaísmo | 139 |
| 9. El budismo | 153 |
| 10. El sintoísmo | 167 |
| 11. El taoísmo | 175 |
| 12. El confucianismo | 183 |
| 13. El luciferismo | 191 |
| 14. El animismo | 205 |
| 15. Las sectas | 217 |
| 16. ¿Palabras divinas o diabólicas? | 253 |
| Agradecimientos | 271 |
| Bibliografía | 273 |
| Otras fuentes consultadas | 279 |
| Citas de epígrafes (por capítulo) | 283 |